Narrativa, discurso y representación histórica. Hayden White

12 mar

Hayden White. El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representación histórica. Barcelona: Paidós, 1992.

Humberto Víctor Alonso Flores

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

            Hayden White, al darnos su propia percepción de lo que es la narrativa y cuál es su valor (primordialmente hablando del relato histórico), inmediatamente nos introduce a la problemática que ésta pudiera enfrentar en el momento en que es utilizada para narrar hechos históricos. Otro interés es clarificar o mostrarnos la diferencia entre la narrativa propiamente pensada, como el deseo de crear una obra de ficción, y lo que se da en llamar ‘narrativización’ de hechos reales. De tal forma que, en una narración (de ficción), encontramos la existencia de un narrador que es quien relata los acontecimientos, mientras que en el discurso (histórico específicamente) se supone que los hechos relatados hablan por si mismos: “En el discurso narrativizante,…, podemos decir, con Benveniste, que en realidad no hay ya un ‘narrador’. Los acontecimientos se registran cronológicamente a medida que aparecen en el relato…(y) Los acontecimientos parecen hablar por sí mismos”.

   White agrega, que nuestra proclividad paraa intentar ‘narrar’ los hechos tal cual sucedieron nos conduce a una problemática: aspirar a la objetividad al momento de relatarlos, toda vez que estos tienen que derivar, forzosamente, de un análisis y una reflexión, con el objeto de diferenciar entre una narración de ficción y la ya mencionada ‘narrativización’ de los hechos que surge con la invención del discurso histórico en épocas modernas.

   De tal forma, y una vez que White establece esta posición, a continuación añade que  conforme al canon historiográfico moderno, existen tres tipos de ‘representación histórica’:  “-los anales, la crónica y la historia propiamente dicha-”. Así, tenemos que los anales son una relación de hechos que normalmente se registran cronológicamente (por días, meses, años, etc., según sea el caso-) en forma de lista y en donde los hechos se anotan simple y llanamente, tal cual sucedieron y sin ningún otro agregado. En cuanto a la crónica, la sucesión de hechos continúan registrándose en forma cronológica; sin embargo, en ella hayamos una descripción más amplia de los acontecimientos, lo cual puede conducir a un tratamiento no completamente objetivo de lo que se relata debido a que quien hace la ‘crónica’ por lo regular lo hace desde una posición, ya sea crítica, analítica e ideológica, aún cuando quien lleva acabo la labor de registrar los hechos no tenga, explícitamente, la intención de tomar determinada posición. Y, por último, tenemos lo que se ha dado en llamar el discurso historiográfico, que vendría a ser la idealización de la forma narrativa histórica, que es lo que ya antes había mencionado como ‘narrativización’, que vendría a ser el relato de los hechos contados por sí mismos.

   Por otra parte, una vez establecidas las definiciones de las formas expositivas de los hechos históricos, Hayden White nos conduce al otro gran problema que enfrenta el ideal de discurso histórico: darle al discurso histórico un cierre, una conclusión clara y objetiva a lo relatado.

   El autor agrega que, en el caso de las dos primeras formas, siempre podremos quedar con la sensación de un relato inacabado donde quedan excluidos hechos de relevancia para la comprensión de la historia que se pretende registrar, toda vez que se exponen desde una sola perspectiva (en el caso de los anales se registran los hechos, en que dadas ciertas circunstancias, por ejemplo. fenómenos naturales como inundaciones, un invierno demasiado severo o hechos que afectan al funcionamiento de la comunidad afectan la tranquilidad de la vida cotidiana de determinada comunidad. En el caso de la crónica, generalmente se omiten hechos, que van en contra de la perspectiva de quien los relata).

   Finalmente, el autor concluye que en el caso del discurso histórico, para que los hechos tengan un sentido de realidad, tienen que ser registrados desde una perspectiva de un orden moral o social, y de esta forma, adquieran su significado: “Los acontecimientos realmente registrados en la narrativa parecen ser reales en la medida en que pertenecen a un orden de existencia moral, igual que obtienen su significación a partir de la posición (que tengan) en ese orden”.

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