Las emociones en el capitalismo

8 Jul

Eva Illouz. Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo. Trad. Joaquín Ibarburu. Buenos Aires: Katz, 2007. 244 pp. 978-987-1283-59-0

Por Francisco Javier Cerón Luna (FCPS/FFL-UNAM)

Tradicionalmente, hemos entendido que el proceso de racionalización del mercado capitalista ha dejado fuera todos aquellos comportamientos ambivalentes, contradictorios y ajenos al mero interés económico. Contrario a esta idea, Eva Illouz propone que las emociones y los afectos (comportamientos netamente irracionales y poco controlables por el ser humano) son elementos constitutivos del capitalismo económico. De tal manera, con los procesos de constitución de identidad del siglo XX, el mercado ha auspiciado las nuevas narraciones del yo y sus formas de sociabilidad. Así, en casi todas las esferas (desde la familia y la empresa, hasta las redes sociales en Internet), el capitalismo emocional diluyó la división tradicional sexista del trabajo y las fronteras entre esfera pública y privada.

En la primera sección, “El surgimiento del homo sentimentalis”, Illouz propone que a través de la literatura de consejos y de las técnicas terapéuticas introducidas en las empresas para explicar las relaciones laborales en Estados Unidos durante el siglo XX, se instauró nuevas narrativas para explicar las relaciones del yo consigo mismo y con los otros. De este modo, las diversas categorías terapéuticas (comunicación, reconocimiento) sirvieron a los empresarios para mejorar la eficacia productiva, mucho tiempo centrada en la competitividad racional: la empresa no sólo quedó inundada de narrativas emocionales del yo, sino que estas mismas ayudaron a fortalecer las relaciones económicas primigenias del capitalismo.

En consecuencia, el ethos comunicativo, como nuevo discurso del yo, iniciado en la empresa para que los jefes y los compañeros de trabajo fueran más propicios al reconocimiento de las emociones propias y de los demás, ocasionó que en la esfera privada las relaciones de roles sexuales también se transformaran. Ahora, junto con la narrativa feminista, la terapia sexual indicaba la racionalización de la conducta (la comunicación eficaz de los sentimientos que igualaba las diferencias de genero) como el eje “saludable” para tener una vida de pareja plena y satisfactoria. Con ello, el sujeto lleno de emociones se coronaba en el centro de los discursos sobre el yo.

En “Sufrimiento, campos emocionales y capital emocional”, Illouz extiende la idea sobre el ethos terapéutico a la esfera social donde el dolor, la queja y la inestabilidad emocional, como signos de enfermedad, se convierten en las narrativas para leer las emociones contradictorias, las tensiones y las incertidumbres del yo moderno. La “democracia del dolor” y la cultura de la queja, donde el yo como victima se convierte en el elemento discursivo central, se establecen como formas institucionalizadas del yo.

Sin embargo, el reconocimiento de esta nueva sociabilidad va ligado a la creación de nuevos nichos de consumidores. El capitalismo encuentra otros talantes para comerciar con el campo emocional de los individuos: los especialistas de la salud que norman las conductas deseables, las grandes farmacéuticas y los productos para alcanzar dicha estabilidad. Entonces, el círculo de consumidores alcanza su perfección con la salud mental como mercancía; a una narrativa del sufrimiento se contrapone una de la autoayuda, presta a llenar el vacío emocional con un consumismo racional, normalizado y legítimo del nuevo estilo emocional.

Como quedó dicho, la esfera privada se vio transfigurada por el nuevo orden del ethos terapéutico; Illouz encuentra esta transformación en la relación más intima entre los individuos: el amor. “Redes románticas” es una suerte de constatación contemporánea de las tecnologías para narrar el yo y su sociabilidad.

Al analizar los sitios de citas por Internet, la autora da cuenta de las nuevas construcciones para expresar y leer el yo: la red se convierte en una arena saturada de discurso, de descorporización del sujeto y de las emociones. De alguna manera, la autorepresentación del yo, en los sitios para encontrar pareja en Internet, se sumerge en la competitividad racional del mercado: la foto justa y el discurso deseable para venderse y comprar a un compañero sentimental. Pretendidamente, Internet deja al descubierto una relación aislada de las incomodas emociones para conseguir una pareja, pero al mismo tiempo activa una tensión netamente consumidora: una competencia inexorable para hacerse pasar como deseable en el mercado romántico de la red.

Con esta serie de tres conferencias, Eva Illouz pretende dejar en claro que el mercado no sólo ha incluido el mundo caótico de las emociones humanas, sino que ha sido su faro y escriba. Así, la tradicional e univoca separación de la esfera privada y pública del capitalismo decimonónico se ha diluido con los discursos del ethos terapéutico. El capitalismo de las emociones entrelaza los repertorios del mercado y los lenguajes instaurados para comprender  y explicar el yo.

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