El feminismo “de color”

10 Sep

bell hooks, Avtar Brah, Chela Sandoval, Gloria Anzaldúa, et.al. Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras. Madrid: Traficantes de sueños, 2004. 184 pp. ISBN: 84-932982-5-5. Pdf: Otras inapropiables

Texto completo disponible en: http://www.traficantes.net/index.php/editorial/catalogo/coleccion_mapas/otras_inapropiables_feminismos_desde_las_fronteras

Como se señala en el Prólogo a esta colección, frente a un feminismo global homogeneizador y excluyente que bajo la opresión de género iguala a todas las mujeres, estos textos nos hablan de múltiples opresiones, de diferentes diferencias, y del extrañamiento de muchas mujeres con un movimiento feminista con el que se identifican pero cuya agenda y legado histórico resultan en gran medida ajenos puesto que toman como sujeto de referencia a la mujer blanca, occidental, heterosexual, de clase media, urbanita, educada y ciudadana.

Provenientes del contexto estadounidense y en un intervalo que comprende desde comienzos de los años ochenta hasta nuestros días, estos artículos dan cuenta de los diferentes debates que en el interior del feminismo han surgido de la necesidad de atender a las complejas intersecciones constitutivas de las relaciones de subordinación a las que se enfrentan mujeres concretas: respondiendo no sólo a las relaciones de género o de clase, sino también al racismo, la lesbofobia, los efectos de la colonización, la descolonización y las migraciones transnacionales. Así, desde el contexto estadounidense, el artículo de bell hooks —escrito a principios de los años ochenta en diálogo con el feminismo, el marxismo y el movimiento de liberación negro—, forma parte de una amplia tradición feminista negra a la que pertenecen autoras como Angela Davis, Alice Walker, Audre Lorde, Patricia Hill Collins o Barbara Smith, y de la que destaca la antología Todas las mujeres son blancas, todos los negros son varones, pero algunas de nosotras somos valientes, cuyo título no puede ser más significativo. Todas ellas coinciden en denunciar el legado racista del feminismo blanco y su escasa atención a las distintas realidades materiales de mujeres blancas y negras, a las intersecciones entre clase y raza, y a la incorporación de agendas diferentes al género. En concreto bell hooks hace referencia al extrañamiento de las mujeres negras estadounidenses frente a un feminismo conservador liberal que bajo el paraguas englobador de “todas las mujeres estamos oprimidas” resulta ciego a las formas en que el racismo y la posición de clase hacen específica la opresión de género para las mujeres negras.

Pero las críticas del feminismo negro no agotan la multiplicidad de posiciones étnicas del contexto estadounidense. Así, desde los años ochenta, el término “mujeres de color” fue desarrollándose en EE.UU. como un artefacto teórico y político capaz de aglutinar las opresiones comunes en torno al racismo que experimentan mujeres de procedencias nacionales y étnico-raciales distintas, reconociendo al mismo tiempo la especificidad de sus situaciones concretas. Un ejemplo de ello nos lo ofrecen los escritos mestizos y bilingües de escritoras chicanas, puertorriqueñas y latinas en general: textos como Borderlands/La Frontera, Esta puente mi espalda y Haciendo Caras, y que en esta colección están representados por los artículos de Gloria Anzaldúa, Chela Sandoval y Aurora Levins Morales. En “Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan”, Gloria Anzaldúa propone asumir el mestizaje y la multiplicidad con formas no reductoras. En la tensión y riqueza política de vivir a caballo entre varias culturas, empleando varios idiomas y en la distancia crítica que implica el no ser reconocida como adecuada en ninguno de los marcos disponibles, como mujer, lesbiana y chicana, la conciencia mestiza de Anzaldúa surge de las posibilidades de hacer  habitable la propia posición de frontera.

Chela Sandoval, por su parte, propone practicar un feminismo del Tercer Mundo estadounidense que desde una conciencia cyborg opositiva/diferencial, sea capaz de generar formas de agencia y resistencia mediante tecnologías opositivas de poder. Para esta autora las condiciones cyborg están asociadas a la precariedad y la explotación laboral, a la tecnología en un orden transnacional que sitúa de lleno el Tercer Mundo en el Primer Mundo, uniendo las redes del ciberespacio con las racialmente marcadas cadenas de montaje. Con una perspectiva distinta, Aurora Levins Morales despliega desde el testimonio de su identidad como jíbara shtetl “intelectual orgánica” y activista, y nos introduce en otro importante debate dentro del feminismo. Critica un feminismo académico que distanciándose de la militancia usurpa y simplifica las complejas experiencias de las mujeres de color, manufacturándolas y comercializándolas hasta hacerlas irreconocibles por sus propias protagonistas: brillantemente envueltas se revenden en el mercado editorial con un lenguaje y un precio en muchas ocasiones inaccesible. Así, en EE.UU. “lo negro” del feminismo negro se ha interpretado como excluyente y homogeneizador en torno a la experiencia de género y del racismo ejercido contra las personas negras estadounidenses –vinculado a una experiencia de esclavitud y segregación que exigía una lucha política específica-, constituyéndose el término “mujeres de color” como espacio político de alianzas y luchas comunes que respondía a la diversidad y a la multiplicidad de las exclusiones étnico-raciales, nacionales y religiosas.

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