“Notas sobre la deconstrucción de ‘lo popular’” de Stuart Hall

3 Oct

La primera parte del artículo de Hall es un recuento histórico del desarrollo de la cultura popular británica que inicia a finales del siglo diecinueve y culmina en el siglo veinte. Este periodo, dice Hall, está marcado por una tensión de lucha y resistencia en torno a la cultura entre las clases populares y el capital, dado el interés de este último en reeducar al pueblo para incorporarlo al proceso de modernización. Sin embargo, a partir de la época de la posguerra, un momento de ruptura, esta tensión se ha transformado a raíz de la monopolización de las industrias culturales y sus tecnologías.

Hall dedica la sección principal del artículo a una análisis de ‘lo popular’, dado que es un término con varios significados: el primero que identifica es aquél que identifica a lo popular con las masas, definición relacionada con el mercado y asociada con la manipulación del pueblo, esto es, los obreros son engañados y viven en un estado constante de “falsa conciencia”. Hall critica esta postura porque, por un lado, describe a los obreros como simples consumidores pasivos mientras que, por el otro, supone la existencia de una cultura popular alternativa “auténtica” y “autónoma” que existe independientemente de las relaciones de poder cultural. Esta cultura “auténtica” de hecho no existe, y Hall prefiere una aproximación más dinámica de la relación entre la cultura dominante y la popular, que supone una lucha constante entre ambas. Los productos culturales comerciales interpelan a su público exitosa pero parcialmente, y este juego entre el éxito de la interpelación por medio de la identificación y el reconocimiento, así como su fracaso, marca las relaciones culturales.

La segunda definición de la cultura popular examinada por Hall es más antropológica y remite al “estilo de vida” del pueblo. Esta definición consta de un inventario potencialmente infinito de las actividades culturales del pueblo. Hall descarta esta definición porque gira en torno a la oposición esencialista entre el pueblo y la elite, ambas categorías de hecho inestables que sólo cobran sentido en el contexto de las relaciones sociales y las instituciones que sostienen la distinción.

Hacia el final del artículo Hall ofrece una tercera definición de lo popular que enfatiza su naturaleza dinámica y la relación cambiante y conflictiva que mantiene con la cultura dominante. La cultura popular es un proceso continuo de intercambio en el que las relaciones de control y subordinación fluctúan constantemente y ciertas formas culturales adquieren poder mientras otras lo pierden. De hecho, como señala, la lucha cultural adopta numerosas formas, “incorporación, tergiversación, resistencia, negociación, recuperación”. Aquéllas formas culturales que sobreviven pueden articularse para formar parte de una “tradición” o un canon, elemento vital de la cultura, lo que implica que incluso las tradiciones no son fijas dado que se constituyen en el cruce de muchos intereses opuestos.

Por último, Hall señala que no se puede asimilar lo “popular” a una clase social determinada, puesto que la lucha por la hegemonía cultural se da entre bloques de poder, no entre una clase y otra. En este sentido,  lo “popular” remite no al “pueblo” sino a “la cultura de los oprimidos, las clases excluidas”, una alianza de diversas fuerzas en lucha constante contra la cultura del bloque de poder.

Texto completo en español

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