“Significación, representación, ideología: Althusser y los debates postestructuralistas” de Stuart Hall

15 Feb

Stuart Hall. “Signification, Representation, Ideology: Althusser and the Post-Structuralist Debates”. Critical Studies in Mass Communication, vol. 2, núm. 2, junio 1985. 91-114. Artículo en inglés

 Hall resume el objetivo de su artículo en un breve prefacio: pretende reflexionar acerca de la importancia de la contribución de Althusser a la conceptualización de la ideología, con particular énfasis en la forma en que en su obra rompió con el pensamiento marxista tradicional. El artículo se divide en seis secciones: 1) introducción 2) ideología 3) aparatos ideológicos del estado 4) la ideología en Para Marx, 5) la lectura de un campo ideológico y, por último, el conflicto ideológico.

            En la sección introductoria Hall señala que Althusser le ha permitido confirmar la validez de la idea marxista de que el ensamblaje de relaciones que componen una sociedad forma una estructura compleja en tanto que sus diferentes niveles –ideológico, económico, político- interactúan entre sí de manera dirigida, esto eso, es una estructura de dominación y no sólo un conjunto estructurado de factores que interactúan entre sí. La interpretación que hace Althusser de esta idea marxiana elude los determinismos y reduccionismos que buscan explicar un fenómeno como resultado directo de otro en una relación mecánica de correspondencia entre un modo de producción y la superestructura. La interpretación no determinista de Althusser permite a Hall “vivir en y con la diferencia”, esto es, aceptar que las distintas contradicciones sociales consecuencia del conflicto entre clases sociales antagónicas se manifiestan en diferentes momentos, tienen distintos orígenes y emplazamientos, no tienen los mismos efectos ni la misma duración. Hall se enfoca en el Estado para explicar este punto, en tanto que no es una formación u objeto monolítico controlado por una clase que entonces puede oponerse a otra, también entendida de forma monolítica, sino una formación contradictoria multidimensional y dispersa que articula una amplia gama de prácticas sociales y discursos ubicados en distintos lugares, muchos de los cuales poco tienen que ver con la política directamente, como la sociedad civil, la familia, las relaciones de género y económicas.

            Althusser emplea el término “articulación” para nombrar la función que cumple el Estado de “condensar” diversas prácticas sociales con el propósito de dominar grupos y clases sociales particulares. Esto implica que el pensamiento althusseriano permite pensar en la unidad y la diferencia simultáneamente, la diferencia en la unidad compleja. Esta articulación de la diferencia y la unidad constituye otra forma de pensar el concepto de determinación de Marx, que suele pensarse como una relación unidireccional entre la base y la superestructura y la necesaria correspondencia entre una y otra. Pero según Hall, no hay una correspondencia necesaria, ninguna garantía de que la ideología de una clase corresponda a la posición que ocupa en las relaciones de producción capitalistas, por ejemplo.  Hall entonces vuelve a la noción de estructura con la que empezó para señalar que la estructura de las relaciones sociales, las condiciones de existencia, únicamente exhiben tendencias que dan forma a las prácticas y discursos, pero no los determinan absolutamente.

            En la siguiente sección correspondiente a la ideología, Hall se enfoca en tres críticas que Althusser hace a la ideología: la correspondencia entre la clase dominante y una ideología dominante; la noción de “falsa conciencia” y, por último, que el conocimiento es la producción de la práctica, el significado es producto del trabajo de la ideología o teórico. En el ensayo “Los aparatos ideológicos del estado” Althusser primero reflexiona acerca de la relación entre la ideología y otras prácticas sociales en términos del concepto de reproducción. ¿Qué función tiene la ideología? Reproduce las relaciones sociales de producción necesarias para la existencia material de toda formación social o cualquier modo de producción. Pero los agentes del medio de producción deben ser producidos y reproducidos cultural y socialmente, en el nivel de la superestructura, al interior de los aparatos ideológicos del estado (instituciones como la familia o la iglesia), así como en las instituciones culturales (los medios, partidos políticos) que no se vinculan directamente con la producción pero que tienen la función de cultivar la mano de obra dócil que ésta requiere. Hall advierte que esta es una posición problemática en tanto que parece que la ideología pertenece únicamente a la clase dominante; de haber una ideología de las clases dominadas, estaría perfectamente adaptada a las funciones y los intereses de la clase dominante, pero esta conceptualización no da cabida a la reflexión acerca de ideologías de resistencia, exclusión, desviación.

            El segundo punto que Hall retoma de Althusser es que la ideología es una práctica social, lo que significa que aparece en prácticas específicas ubicadas al interior de las actividades de aparatos,  instituciones u organizaciones sociales específicas. Donde mejor se aprecia la presencia de la ideología es en el lenguaje –entendido en su sentido más amplio como práctica significante-, en el comportamiento y los rituales cotidianos. En este sentido, las ideas tienen efectos materiales, una existencia material. Sin embargo, pese a que acepta esta propuesta althusseriana, Hall señala que este concepto de ideología no permite explicar la reproducción de la ideología al interior de las instituciones privadas de la sociedad civil que quedan fuera del ámbito del Estado, ni en sociedades “libres” en las que el Estado no es coercitivo.

            La tercera propuesta que Hall recupera de Althusser es su afirmación de que la ideología existe en virtud de que constituye al sujeto, que no debe confundirse con el individuo histórico. Esta teorización del proceso de subjetivación es postestructural en tanto que supone que las estructuras sociales anteceden y permiten el surgimiento de la subjetividad. Hall concluye esta sección señalando que la desconexión entre las dos partes del ensayo de Althusser ha impedido que posteriormente se vinculen entre sí los procesos inconscientes por medio de los cuales se instituye el sujeto y el tema de la reproducción de las relaciones sociales de producción. Sin embargo, para sortear la desconexión que identifica en el ensayo, Hall recupera la teorización de ideología en Para Marx. La idea central es que las ideologías constituyen sistemas de representación –-“compuestos de conceptos, ideas, mitos, o imágenes”- en y con los que hombres y mujeres viven sus relaciones imaginarias a las condiciones reales de existencia. Es por medio de los sistemas de representación que podemos representar al mundo para nosotros mismos y para otros, así que “lo social nunca está fuera de lo semiótico”. Sin embargo, pese a que el término de “representación” clasifica a estos sistemas como discursivos y semióticos, Hall insiste en que tienen efectos materiales porque se reproducen en la práctica, indirecta y directamente.

            Hall señala que Althusser usa la palabra “sistemas” y no “sistema”, señalando que las ideologías no “operan por medio de ideas sueltas; operan en cadenas discursivas, en cúmulos, en campos semánticos, en formaciones discursivas”. En otras palabras, no son singulares porque se connotan las unas a las otras. El autor especifica que las ideologías operan en el ámbito de la experiencia vivida, en tanto que “siempre necesitamos sistemas para representar lo que lo real es para nosotros y para otros”. Esto significa que hombres y mujeres empleamos estas ideologías para darle sentido a las condiciones en las que vivimos. Es por medio de los sistema de representación que “vivimos” el mundo, y es por medio de ellos que la interpretamos también. Este es el momento en el que la ideología funciona cabalmente, en tanto que naturaliza la experiencia porque borra su historicidad. Como no hay una relación uno a uno entre las condiciones sociales de existencia y nuestra experiencia de ellas, Althusser las califica de “imaginarias”: es imposible aprehender la realidad de las relaciones sin la mediación de la cultura.

            En “Leyendo un campo ideológico” Hall ejemplifica algunos de los conceptos y procesos analizadas previamente con su historia personal. Compara su juventud en Jamaica con su vida adulta en Inglaterra para contrastar la experiencia de ser interpelado como hombre de “color” y “negro” en cada lugar, y los significados que adquieren estos términos de acuerdo al momento histórico y al sistema del “espectro de color” dominante en el que significan. Hall sugiere que el término “negro” funciona como lenguaje en el sentido de que “implica las ideologías de la identidad, el lugar, la etnicidad y la formación social.” Este término, y su uso en diferentes sistemas culturales (el caribeño o el inglés) fragmenta al sujeto porque ninguno lo representa completamente, aunque Hall acepta que se ha identificado parcialmente con él en distintos momentos de su vida. Hall señala que las distinciones y términos raciales constituyen “uno de los discursos ideológicos que nos esperan incluso cuando nacemos”, y en ese sentido nos preexisten y nos hablan. Adicionalmente, Hall postula que la cadena de connotaciones asociadas con “negro” y las formas en que el género, la raza y la clase (cada una con una genealogía diferente) se articulan las unas con las otras, marca posiciones sociales que organizan a la sociedad jerárquica y desigualmente.

            La última parte del artículo Hall se centra en las cadenas ideológicas, el campo semántico y la significación de una cadena ideológica y la forma en que esa cadena puede llegar a convertirse en el lugar de la lucha ideológica. Hall señala que una cadena ideológica se transforma en campo de batalla cuando la cadena se interrumpe, desplaza o critica por quienes desean emplear términos alternativos o cuando se resignifican los términos, proceso que ejemplifica volviendo al término “negro”, que se ha usado despectivamente para nombrar “lo más despreciado, lo desposeído, lo poco ilustrado, lo incivilizado, lo inculto, lo artero, lo incompetente”, pero que en el contexto del nacionalismo cultural jamaiquino, se convirtió en un signo a partir del cual se construyó un sujeto colectivo orgulloso de su legado histórico. A partir de este ejemplo, Hall concluye que “A medida que los movimientos sociales desarrollan una lucha en torno a un programa particular, los significados que parecen haber estado siempre fijos en su lugar empiezan a aflojar sus ataduras. En resumen, el significado del concepto ha cambiado como resultado de una lucha alrededor de cadenas de connotaciones y prácticas sociales que hicieron posible el racismo a través de la construcción negativa de ‘negro’”.

            Al final del ensayo Hall regresa a Althusser, señalando que la noción de lucha ideológica contradice el énfasis que puso el filósofo francés en la función que cumple ideología en la reproducción de las relaciones de producción, puesto que en vez de pensar en las ideologías como siempre ya inscritas en piedra, es posible concebirlas como abiertas a la transformación precisamente porque el campo ideológico es relativamente autónomo de la formación social que jamás es tan homogénea como supone Althusser.

Texto completo en español

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