“Espacio, lugar y género” de Doreen Massey

1 Mar

Doreen Massey. Space, Place, and Gender. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2001 [1994].

Raúl Bravo Aduna

Colegio de Letras Modernas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Espacio y lugar, en cuanto términos geográficos, son conceptos que tienden a darse por sentado en la vida diaria de la persona promedio. No es difícil entender que dichos términos sean soslayados de esta manera, al menos, por tres razones: primero, son “cosas” (si es que nos podemos dar la licencia de llamarlos así) que están ahí, presentes en todo momento—valdría la pena mencionar que el concepto de tiempo debiera acompañar en todo momento al de espacio; en segundo lugar, son términos que se relacionan con “cosas” que, pareciera, se encuentran en estasis y, por tanto, no son sujetas a cambios en niveles teóricos; por último, hay que admitir que la geografía (al menos la convencional, la que es aprendida en los niveles básicos de la educación) es francamente soporífera.

            Dicho lo anterior, se puede entender por qué Space, Place, and Gender (publicado por primera vez en 1994) de Doreen Massey es un libro que ha sabido integrarse a casi toda discusión relacionada con la geografía contemporánea, pues rompe con las tres razones enlistadas de golpe y de frente. Sin embargo, cabe señalar que las discusiones, por lo menos las más “públicas”, en cuestiones de espacio, lugar y urbanismo, no han sabido explotar y explorar a cabalidad los entresijos intelectuales puestos al descubierto por Massey hace casi diez años.

            Si bien es cierto que tanto modernismo como postmodernismo han traído a cuento distintas discusiones relacionadas con espacio y lugar, sus preocupaciones siguen siendo las mismas que ya había denunciado Massey como estrechas de miras. Por un lado, el interés modernista por la reevaluación y recuperación del espacio público. Por el otro, la inquietud postmodernista por revalorar lugar y espacio como conceptos que no pueden ser achacados a realidades concretas y tangibles, sino como experiencias que involucran a la psique humana (como han venido a proponer las aproximaciones psicogeográficas y geocríticas a las representaciones artísticas de las grandes metrópolis) y que, por tanto, se vuelven áreas completamente maleables, aunque constituidas por materiales concretos. Y aunque Massey no rechaza del todo estas debacles, mostrando incluso poco respeto por las teorías postmodernistas, propone ir más allá: incorporarlas, de cierta manera, a la idea de “geography matters”, para  avanzar hacia una geografía de las relaciones sociales.

            Precisamente, los tres capítulos de Space, Place, and Gender se articulan para ir consolidando esta idea de la geografía como una disciplina que se encuentra al centro del estudio teórico (y práctico) de las relaciones sociales. Y aunque la argumentación de Massey es de verdadera contundencia (acaso será por su verdadero dominio sobre los temas), su intención última no es cerrar las discusiones al respecto; por el contrario, su intención última, incluso única, es poner en perspectiva un tema que no ha sido examinado tan a fondo como se podría. En pocas palabras, lo que Massey quiere es que sea repensada la noción de espacio, así como el de lugar y la relación que guardan ambos con identidad y género.

            El primer capítulo del libro, “Space and Social Relations”, busca crear el aparato teórico-conceptual que dará vida a las discusiones y sostén a las exploraciones más profusas que llevará a cabo Massey al final del libro. Lo que se hace en este aparatado es ir dando, poco a poco, las definiciones de los conceptos que reverberarán en los paseos filosóficos relacionados con espacio, lugar y género a los ojos de Massey.

            De “Space and Social Relations” vale rescatar algunas ideas que repercuten inmediatamente en la reconceptualización del espacio. Por ejemplo, su noción de “desarrollo inequitativo” (uneven development), considerado por Massey “the basic building-blocks of society” (86), concepto que sirve para poder poner sobre la mesa la necesidad de un análisis espacial del ordenamiento de las relaciones de producción. Estas estructuras espaciales son de gran importancia para Massey, pues este estudio cultural lo ve como relevante debido a que surge, y repercute, fuera de la academia, en problemas reales que pueden ser identificados en el Reino Unido del mundo “real”. En general, el capítulo sienta las bases para poder, como ella misma dice, “reformulate the ‘problem of the city’ in such a way that it can be related to an analysis of the changing structure of the national economy” (43).

            El segundo capítulo, “Place and Identity”, toma las nociones desarrolladas en “Space and Social Relations” para comenzar a desarrollar “an argument for thinking of social space in terms of the articulation of social relations which necessarily have a spatial form in their interactions with one another” (120). Es decir, empieza a vislumbrarse con más claridad su idea de “geografía de las relaciones sociales” y precisamente es aquí donde busca separarse de la discusión postmodernista sobre espacio y lugar.

            Su separación se da al incorporar el concepto de identidad a su discusión (cosa que hace, por supuesto, corto circuito con las ideas más recurrentes del postmodernismo). Más importante aún, incorpora el concepto de identidad a la idea de lugar, separándolo de la idea de “hogar”—donde existe una noción falsa de estabilidad y supuesta delimitación. Igualmente, Massey considera que las complejidades de una geografía de las relaciones humanas, los conceptos de hogar e identidades deben ser vistos de manera singular y, aquí es donde corta de tajo con la discusión postmodernista, delimitada (aunque cada uno de esos lugares contenga una miríada de elementos complejísimos).

            El último capítulo, que comparte título con el libro, es donde comienzan a hilvanarse los hilos que Massey va dejando sueltos a lo largo de sus ensayos, simplemente para dejar abiertas todavía más cuestiones. Ahí desmenuza los significados simbólicos de lugar y espacio con relación al género, y cómo el género va articulando las formas de construcción del espacio, prestando particular atención a la distinción occidental que se hace entre lo público y lo privado y las repercusiones que ha tenido en la idea de lo que ha sido el hombre y la mujer a lo largo de la historia. En resumen, lo que busca es subrayar la necesidad que existe para entender a la geografía no sólo en términos de relaciones sociales, sino, además, en términos de relaciones de género: “The hegemonic spaces and places which we face today are not only products of forms of economic organization but reflect back at us also – and in the process reinforce – other characteristics of social relations, among those of gender” (183).

            Repensar el espacio, repensar el lugar, repensar la geografía a la luz de las relaciones sociales, de género y de producción. Ésas son las propuestas de Massey, discusiones que, sin duda, siguen vigentes y que tanta falta hace sean replicadas, con variación, en distintas partes del mundo, donde “el problema de la ciudad” no sólo sigue causando torpor, sino que, además, ha empeorado casi de manera exponencial a lo largo de los últimos años.

Texto completo en inglés

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