El cuerpo y la moda. Joanne Entwistle

15 Mar

Joanne Entwistle. El cuerpo y la moda. Una visión sociológica. Alicia Sánchez Mollet, trad. Barcelona: Paidós, 2002.

María Fernanda Piñeyro Aceves

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Vestir y adornar el cuerpo es una experiencia compartida por todas las culturas,  un acto que forma parte del orden social y se realiza dentro de las limitaciones de una colectividad determinada y sus normas. Incluso, aunque no se tenga el interés o la preocupación  por  seguir los códigos formales de vestimenta establecidos y cumplir las expectativas de los otros, como resultado de nuestra inserción en una sociedad dada, hemos interiorizado voluntaria o involuntariamente sus normas de vestir y nos apegamos a ellas de forma inconsciente a cada día. Asimismo, las prácticas corporales y de indumentaria de quienes optan por tomar una posición crítica ante la sociedad se encuentran estructuradas por la moda, ya que inclusive la vestimenta que busca oponerse conscientemente a las tendencias “impuestas” únicamente cobra sentido gracias a su relación de oposición o contraste con la estética dominante propagada por la industria de la moda.

            ¿Es la moda sólo una banalidad, un medio que la nueva burguesía de finales del siglo XIX utilizó para exhibir su riqueza a través del consumo y derroche innecesarios? Puesto que la moda carece de utilidad, según algunos autores como Veblen, ¿es sólo un instrumento que una determinada clase adopta para demostrar  su distanciamiento de la función y su poder adquisitivo al desechar la ropa cuando aún está en buen estado? Condenar la moda, los estudios y las actividades que giran en torno a ésta por ser una manifestación fútil de la vanidad, implicaría afirmar que el mundo tiene que estar organizado únicamente en torno a valores utilitaristas y al mismo tiempo nos impediría observar cuál es su relación con el vestir y adornar el cuerpo y cuál es la importancia de lo anterior en nuestra vida diaria.

            Entwistle propone que todas las formas de adorno tradicionales y modernas surgen de la tendencia humana a comunicarse por medio de símbolos. La indumentaria es comunicativa, pues aunque la ropa y los adornos puedan utilizarse por razones instrumentales o para protegerse, la moda funciona en alguna forma como un lenguaje. La ropa podrá ser incapaz de transmitir un mensaje de forma tan exacta, pero es significativa ya que puede sugerir, evocar y oponerse a un sentido establecido. La vestimenta forma parte de la cultura expresiva de una sociedad y constituye un aspecto comunicativo que participa de los procesos de construcción de identidad tanto individuales como colectivos.

            Aunque la moda y el vestir generalmente se han estudiado por separado, analizar su interrelación desde un punto de vista sociológico permite observar la manera en que la moda determina estructuralmente el vestir y cómo éste último interpreta la moda  traduciéndola en indumentaria cotidiana. Vestirse es el acto individual, personal, de preparar el cuerpo para el mundo social por medio de prácticas constituidas colectivamente, pero actualizadas por el individuo; lo cual lo convierte en una experiencia a la vez íntima y social que se encuentra en la linde del yo y los otros, del individuo y su mundo social, de lo privado y lo público. Asimismo, puede crear una presentación de la identidad particular, una manifestación material más del yo individual o una extensión del cuerpo, pues la desnudez suele ser concebida como inapropiada en casi todas las situaciones sociales y aunque el concepto de prenda y “cuerpo vestido” cambie de una cultura a otra, en la mayor parte de las situaciones sociales se requiere que el individuo aparezca vestido puesto que este acto vuelve sociales a los cuerpos y permite realizar una presentación pública de éstos acorde a las convenciones. El cuerpo y la moda  remarca que la concepción del cuerpo, la manera en que éste se experimenta y la forma en que se disciplina se han transformado históricamente y afirma que actualmente en Occidente se considera que el cuerpo es una cobertura del yo único y singular que es susceptible de revisión, cambio y transformación, la cual puede realizarse mediante regímenes de autocuidado, como el ejercicio, la dieta, el maquillaje o la cirugía estética.

            Pese a la impresión de que la moda y el vestido contemporáneos son menos restrictivos que los de otras épocas, el cuerpo, visto como proyecto inacabado o centro de trabajo, sigue estando sometido en la actualidad a distintas formas de disciplina, puesto que las prácticas discursivas siguen influyendo sobre él. Por ejemplo, las exigencias de las normas contemporáneas de belleza, que se han creado discursivamente por medio de la moda y el vestir, ya no ejercen disciplina sobre el cuerpo desde fuera como lo hacía el corsé en el siglo XIX, sino desde la internalización de dichas normas que requieren autodisciplina, mediante dieta o ejercicio. Más que una eliminación de los regímenes disciplinarios del cuerpo, se ha dado una transformación de éstos, similar a la que se presenta en la teoría de Foucault, con el paso de la disciplina impuesta sobre el cuerpo de “carne y hueso” a la disciplina impuesta mediante un sistema de panopticismo que actúa sobre el cuerpo “vigilado por la mente” advirtiendo a los individuos que controlen su propia conducta.

            El enfoque de Entwistle propone pensar el acto de vestir como una práctica corporal contextuada, lo cual es útil para comprender la relación dinámica entre ropa, cultura y cuerpo. La autora pone especial énfasis en el último elemento puesto que ha sido generalmente relegado en el análisis sobre la moda, aun cuando, como ya se acaba de ejemplificar, ésta última y el vestir modelan el cuerpo al crear discursos sobre el mismo. El análisis propuesto en esta obra también pretende considerar la manera en que  el tiempo, el espacio, las condiciones de la vida cotidiana y las fuerzas sociales (como la clase, la tradición, el género, la moral, la edad, los ingresos, la etnia, la religión, los vínculos históricos con el traje nacional, el sexo, la ocupación y la convención) delimitan y estructuran nuestra manera de vestirnos y están en tensión con el gusto y las elecciones individuales. Entwistle remarca que, si bien la moda ofrece la materia prima de las elecciones sobre el vestir a la sociedad, no es el único determinante del vestir cotidiano, aunque la literatura de la moda así lo afirme. La propuesta de El cuerpo y la moda  integra la postura de Bordieu, quien concibe el vestir como una práctica que no es ni completamente producto de las fuerzas sociales opresivas, ni completamente resultado de la actividad individual y los significados subjetivos, sino que se encuentra entre el determinismo y el voluntarismo.

            La obra también explora otros aspectos de la moda en cuanto sistema de vestir caracterizado por una lógica sistemática de cambio por el cambio y bosqueja las tres principales teorías que explican esta dinámica: la teoría de la emulación o del “filtrado descendente”, que parte de la premisa de que la moda expresa una tensión entre la uniformidad y la diferenciación, y representa el deseo contradictorio de encajar y conectar con un grupo, a la vez que se busca destacar para afirmar la identidad individual; la teoría  Zeitgeist, que propone que la moda responde a cambios sociales y políticos; y, finalmente, la teoría del “cambio de la zona erógena”, que considera que existe una regla principal que rige la moda de cada sexo, en el caso de las mujeres es el principio de seducción, pues su vestido pretende resaltar el atractivo sexual, y en el caso de los hombres, el principio de la jerarquía, pues se indumentaria pretende resaltar la posición social. De la misma manera, estudia cómo las modas pueden llegar a transformarse como respuesta a un conjunto de fuerzas sociales específicas. Es decir, los cambios de la vida social, política y económica inciden en la moda, pero no constituyen la única explicación para los cambios en la vestimenta. Otro de los temas principales que aborda Entwistle es la manera en que el vestido expresa la identidad al estar expuesta a interpretaciones y cómo se convierte en una representación del medio al que se pertenece y de los deseos individuales. Se propone que en las elecciones de la vestimenta se encuentra presente una tensión entre el deseo de la imitación social o la pertenencia  y el de la diferenciación individual.  El cuerpo y la moda analiza también la manera en que la moda reproduce y refuerza las diferencias de género a la vez que juega transgrediendo sus fronteras; estudia asimismo la manera en que se relaciona el vestir y el erotismo, en cuanto el primero estimula la imaginación al esconder el cuerpo. Finalmente, examina el papel y las relaciones existentes entre los agentes de la industria de la moda y todos aquellos que participan en el proceso que va desde el fabricante hasta el comprador.

            En conclusión, esta obra de Entwistle busca resumir las investigaciones y posturas más importantes con respecto al consumo y producción de la moda, a la vez que pretende conectar ambos objetos de estudio por medio de una visión sociológica que se caracteriza por considerar el vestir como una práctica corporal contextuada que concibe al cuerpo como una entidad social y al vestir como el resultado de la tensión existente entre las acciones y decisiones individuales, y los factores y estructuras sociales.

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