Emociones y automóviles. Mimi Sheller

16 May

Mimi Sheller. “Automotive Emotions: Feeling the Car.” Theory, Culture & Society 21.4/5 (2004): 221-42.

                                                                                             Isidro Antonio Portillo Serrano

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Entre la movilidad y la emoción hay una corta distancia cuando de autos se habla (la relación es mucho más clara en el idioma inglés: motion and emotion). En este ensayo la Dra. Sheller, profesora de sociología en la Universidad de Lancaster, ejerce uno de los preceptos fundamentales de los estudios culturales (aquel de poder leer a las manifestaciones culturales como textos) para analizar los verdaderos alcances de la relación conductor/consumidor-automóvil. Sheller argumenta que “la adquisición de automóviles nunca es regida únicamente por factores económicos razonables, sino que otros de tipo estético y emocionales así como la respuesta al acto de conducir, patrones filiales, sociales, habitacionales y laborales también intervienen” (222), idea que si bien puede parecernos evidente, lleva a la investigadora a alcanzar conclusiones de mayor alcance. Haciendo uso de una herramienta socio-analítica que denomina “geografía emocional”, la investigadora propone que mediante el escrutinio de las tendencias de consumo de algunos conductores pueden trazarse mapas de preferencias que, luego, pueden transponerse a contextos regionales y nacionales (223).

            Uno de los puntos altos de este ensayo radica en el análisis de las sensaciones, emociones y sentimientos que los automóviles evocan en los consumidores. Suele asumirse que tales respuestas son naturales y, por ende, instintivas y carentes de mediadores. Pronto, la investigadora partiendo de un ejemplo bastante cotidiano desmiente tal mito: los niños pequeños suelen disfrutar de los paseos en auto por el acto en sí mismo ‒ ser transportados por una máquina ‒, sin embargo, tal sensación primigenia es rápidamente redireccionada hacia el ámbito del consumo y la satisfacción que éste brinda: a la brevedad los infantes son instruidos, mediante juguetes y demás, que el placer del automóvil no radica en su finalidad sino en su adquisición (227). De éste y otros hechos, que tal vez podríamos denominar errores, emana la renuencia a la implementación de códigos éticos estrictos entre automovilistas, normativas amigables con el ambiente, y en general una nueva concepción de la cultura del automóvil, que debería enfocarse en la eficiencia y civilidad y no en la afirmación de estilos de vida.

            Siguiendo en el plano de la desmitificación, Sheller también argumenta que la cultura del automóvil, aparentemente neutra, tiene un papel importante en la construcción y sostenimiento de estereotipos de nacionalidad. ¿Acaso no es común asociar los autos Mercedes Benz con el lujo y la precisión alemana, o a Volvo con la comodidad y seguridad sueca, a Nissan con la eficiencia japonesa (235), a Ferrari con el brío y pasión italiana, etc.? Como este ensayo lo demuestra, es de vital importancia dar una mirada exhaustiva a todas aquellas manifestaciones culturales que parecen inofensivas y que, en realidad, pueden estar mermando de manera silenciosa las revoluciones que hemos ansiado hace mucho tiempo.

Artículo en inglés

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