Literary into Cultural Studies de Antony Easthope

10 Ago

Antony Easthope. Literary into Cultural Studies. Londres: Routledge, 2005.

Isidro Antonio Portillo Serrano

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía, UNAM

Muchos investigadores concuerdan en que en la (debatible) era posmodernista en que vivimos, los límites entre la alta cultura y la cultura popular han dejado de ser claros; de manera similar los estudios literarios se han traslapado con los estudios culturales, y viceversa, argumenta el británico Antony Easthope (66). Tal conclusión yace en la desembocadura de diversas líneas de investigación desarrolladas durante la segunda mitad del siglo del siglo XX, como el estructuralismo y posestructuralismo, deconstrucción, y demás vertientes teóricas enfocadas a desmitificar a sucesos literarios, culturales y sociales supuestamente imparciales. Literary into Cultural Studies está dividido en tres secciones: la primera dedicada al estudio del paradigma prevalente en los estudios literarios, haciendo énfasis en aspectos cuestionables del mismo; en la segunda se analiza la manera en que la oposición “alta cultura–cultura popular” ha sido construida a lo largo de los años, mediante la ejemplificación de un caso concreto (Heart of Darkness de Conrad y Tarzan of the Apes de Burroughs); en la última sección se delinea el nuevo paradigma de estudio literario/cultural que Easthope propone como adecuado para futuros desarrollos en el campo.

            Apoyándose en Althusser, Easthope define “paradigma” de manera flexible como “un corpus organizado de preguntas y respuestas que pueden ser enmarcadas bajo ‘problemática’” (9). Tras hacer algunas consideraciones al respecto del término anterior, el investigador británico hace un breve recorrido histórico del método de estudio literario que ha permeado los círculos académicos principalmente en el siglo XX, para finalmente proponer una tesis importante de Literary into Cultural Studies: el objetivo de la lectura modernista (aquella de la cual hace uso el paradigma de los estudios literarios tradicionales para decidir la inclusión de una obra al canon) es validar la unidad de un texto determinado (13). Utilizando como ejemplo el poema “The Windhover” de Hopkins (de 1918), Easthope encuentra al menos dieciséis lecturas del mismo ‒ autoral, institucional, formalista, cristiana, marxista, gay, deconstructiva, entre otras ‒ sin incluir la suya misma. El objetivo de tal escrutinio es desembocar en el término “identidad”, el cual es aplicable a un texto para reconciliar todas las lecturas que admita el mismo, demostrando así  su unidad (35). Por supuesto, bajo estándares conservadores las manifestaciones literarias de la cultura popular carecen de tal identidad debido a su calidad “inmediata”. Así, un problema importante emerge a vista de los teóricos: si el valor literario radica en la capacidad de un texto de ser conferido de nuevos significados mediante lecturas en diferentes épocas (puesto que, por ejemplo, todas las lecturas que Hamlet admite no fueron hechas todas en un mismo momento en el tiempo), entonces las manifestaciones literarias creadas al interior de la así-referida cultura popular (un fenómeno que vino de la mano de la revolución industrial y por ende relativamente reciente) se encuentran imposibilitadas de adquirir el valor literario que podrían colocarlas dentro de los cánones. De ser esto cierto, queda de manifiesto la nula imparcialidad del paradigma literario prevalente.

            Con el fin de analizar la manera en que durante el siglo XX la alta cultura y la cultura popular se separaron definitivamente, Easthope realiza un recorrido (bastante útil para el estudiante de teoría literaria) de términos de gran importancia como el sistema de signos, ideología, género, psicoanálisis, institución, el otro, culturalismo, hegemonía, y textualidad, para finalmente arribar al análisis práctico antes anunciado de las obras de Conrad y Burroughs. Las conclusiones de éste arrojan resultados esperados: la obra de Conrad está dotada de todas las cualidad positivas que valora la lectura modernista, mientras que Tarzan, por supuesto, carece de ellas (87). De tal manera, es evidente para este investigador que “otra vara” es la que debe medir el valor de un texto producido al interior de la cultura popular: herramientas de análisis de la naturaleza visual del discurso (89). Aunque a momentos ciertamente incómodo ‒ por ejemplo para aquellos que gustan valorar toda lectura que realizan a la luz de Joyce ‒, Literary into Cultural Studies es una herramienta útil para adentrarse en la arena donde los teóricos se baten por establecer un nuevo paradigma de estudio literario.

Libro completo en inglés

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