Los lenguajes del cómic de D. Barbieri

30 Oct
Daniele Barbieri. Los lenguajes del cómic. Barcelona: Paidós, 1991.

                                                          Edwin Armando Martínez Pamatz

Letras Alemanas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Este libro aborda, como el título mismo lo dice, las distintas formas en que se ha representado el cómic y los diversos métodos de los que se ha valido para comunicarse de manera efectiva desde sus inicios  hasta finales de los años 80. Dos ideas fundamentales servirán de tesis a Barbieri para desarrollar cada una de las tres partes que constituyen el texto. La primera es que los lenguajes no son sólo instrumentos que se utilizan para la comunicación, sino también y sobre todo son ambientes en los que las personas vivimos, y éstos determinan lo que queremos y lo que podemos comunicar. La segunda idea principal de la que se compone el texto es que los lenguajes no constituyen mundos separados, más bien, funcionan como aspectos diversos de un ambiente global de comunicación en el que se encuentran estrechamente interconectados y en continua interacción.

            Por lo anterior Barbieri divide el texto en tres partes: Lenguajes de imagen, Lenguajes de temporalidad y Lenguajes de imagen y temporalidad, con lo que da a entender que el cómic no se puede estudiar por separado, sino como un sistema que funciona con una simbiosis imagen-texto. Barbieri remarca que esta división es transversal con respecto al tipo de relación que se da entre lenguajes porque se puede encontrar más de un tipo de relación a la vez entre ellos.

            En los Lenguajes de imagen analiza Barbieri las relaciones existentes entre ilustración, caricatura, pintura, fotografía y gráfica como formas de lenguaje que han presentado un problema en común: la adecuación espacio-página. Aquí Barbieri trata lo referente a la línea gráfica; principal constituyente del dibujo, y cómo se da el nacimiento del cómic. Se explica la modulación de la línea y cómo es que se comenzó aplicando al relleno. Todo esto es ejemplificado con la evolución de la línea en “Flash Gordon”.

            Se nos habla de cómo se fue introduciendo el color con el uso de capas de los colores base en la impresión del cómic. A grandes rasgos explica las principales técnicas que se han empleado en la elaboración de las imágenes, destacando la plumilla, el pincel, tinta china, acuarela, lápices de colores al óleo, pasteles-rotuladores, el aerógrafo y las técnicas mixtas.

             A continuación habla de la caricatura como forma primitiva del cómic, que dependía de la deformación expresiva como elemento principal, lo que derivó en los tiras cómicas de humor, la aparición de los cómics de acción, fantasía, aventura, policiacos y los cómics expresionistas, que representaban las tendencias más artísticas y experimentales.

            Sobre la pintura se toca lo referente a la reproducción de la profundidad y su consecuencia inmediata: la perspectiva. Ésta se utiliza para dar efectos más realistas y para dar una noción de tiempo. Sin embargo, Barbieri explica, la ausencia de perspectiva también ha sido con frecuencia un efecto al que se acude mucho y que ha sido muy bien empleado.

            Explica Barbieri que, al hablar de fotografía en cómics se debe entender el encuadre que hace el dibujante conformando una viñeta o una página entera con lo que se nos está proporcionando un punto de vista, esto, en conjunto con las angulaciones y encuadres provocarán al lector un efecto de focalización.

            Sobre la constitución de la página, Barbieri ocupa la gráfica en donde se intenta el equilibrio de la página. Ahí explica el cambio notable en el ritmo gráfico provocado por la evolución de las tiras cómicas en que aparecían periódicos al “comic-book”, así mismo se nos cuenta sobre la representación gráfica de los ruidos violentos (recuérdese Batman y cómo hasta en la serie televisada eran éstos insuplantables), también nos da un recorrido por las diversas formas de globos que se utilizan, las didascálicas y la rotulación.

            En la segunda parte se analizan las correspondencias del cómic con la poesía y la música como formas de polifonía, ya que según Barbieri es posible observar las interacciones que se dan entre las secuencias de las imágenes y el texto narrativo, con lo que se buscará una armonía. La repetición modulada se valdrá entonces de la métrica para crear un esquema rítmico con las pequeñas variaciones que conlleva, esto Barbieri lo ejemplifica para hacerlo más visible con caricaturas y cómics que han sido llevados a la pantalla.

            En el siguiente apartado nos habla de la narrativa del cómic, del relato que ofrece como correspondencia de palabras e imágenes y de que a pesar de ello, no le resulta difícil abordar diversos géneros, lo cual implicará un uso mayor o menor de la narrativa. Las estructuras macronarrativas han surgido últimamente debido al auge que han tenido algunos títulos por largos años que piden una historia con más seguimiento. Barbieri explica el por qué la brevedad de esta segunda parte diciendo que aventuraciones más extensas habrían desbordado la complejidad del discurso.

            En la última parte Barbieri aborda la relación del cómic con lenguajes como el teatro y el cine en los que, al igual que el cómic, son de igual relevancia la dimensión espacial y la dimensión temporal. En el capítulo donde habla del teatro se tratan las convenciones expresivas, como las gesticulaciones, que juegan un importante papel, sobre todo en cómics de humor y en algunos de aventura. También nos explica el uso informativo de los diálogos y los monólogos que han sido muy utilizados en cómics de superhéroes, según Barbieri debido a una tendencia teatral antiquísima para expresar la interiorización. En ambos se exige, por supuesto, concisión y claridad sobre emociones y situaciones que deben ser rápidamente comprensibles.

            La parte dedicada al cine está dividida en dos capítulos. El primero se orienta particularmente al cine de animación y el problema de la representación del movimiento en el cómic, los signos de movimiento, qué tipos de movimiento podemos encontrar, el movimiento y su relación con la prolongación del tiempo y con la disposición de las secuencias. En el último capítulo Barbieri aborda los problemas generales sobre la representación (diálogos, didascálicas, diálogos a pie de página y temporalidad), también habla de la extensión en el tiempo y la organización secuencial (encuadres, secuencias, escenas, movimientos de la cámara y el montaje) y la temporalidad sugerida. Finalmente, hay un apartado de algunos cómics muy bien analizados con adaptaciones relevantes como: “Flash Gordon”, “El misterio de la Gran Pirámide”, “Valentina”, “Submariner” y “Corto Maltés”.

            Cabe destacar que cada apartado es abundantemente ejemplificado con fragmentos de cómics de diversas etapas, desde las más primitivas hasta algunas de los años 80 y de diversos artistas, tanto americanos como europeos.

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