“Culture” de Stephen Greenblatt

9 Nov

 Greenblatt, Stephen. “Culture.” The Greenblatt Reader. Michael Payne, ed. Oxford: Blackwell, 2005. 11- 17.

Greenblatt inicia su ensayo aclarando que en los estudios literarios no siempre fue  común emplear el término de cultura en su acepción más antropológica. La pregunta que pretende responder en su ensayo, entonces, es: ¿Por qué debe ser útil el concepto para los estudiosos de la literatura?

            La primera respuesta que nos da Greenblatt es que esta definición de cultura no es muy útil porque es imprecisa: engloba todo, desde los objetos materiales como las mesas o el oro hasta una ideología o ethos, como en la expresión “cultura juvenil”. Para que sea más útil el concepto, el autor recupera dos tipos de trabajo que efectúa la cultura: simultáneamente limita y permite la movilidad. En cuanto a su función controladora, el ensamblaje de creencias y prácticas que conforman a una cultura funciona como una “tecnología de control”, un conjunto de límites que ordenan y disciplinan el comportamiento social, además de ser un repertorio de modelos a los que deben adecuarse los individuos que son castigados si se desvían de la norma. Esta labor disciplinaria no sólo se ejerce por medio del castigo, sino por la recompensa.

            A partir de aquí el autor propone que la literatura ha sido una de las instituciones más activas en la imposición de fronteras culturales por medio de la crítica y la alabanza, como en la sátira y el panegírico, géneros que muy rápidamente pierden vigencia porque las personas y situaciones específicas a que se refieren se olvidan. En este sentido, un mayor conocimiento de las fronteras culturales de una época permitiría una mejor comprensión de este tipo de texto literario. Como dice, el mundo está “repleto de textos, en su mayoría virtualmente incomprensibles cuando se sacan de su entorno inmediato”. Para recuperar su significado, es necesaria la reconstrucción de la situación en la que fueron producidas. Greenblatt ofrece varias preguntas que pueden guiar esta labor de reconstrucción: ¿Qué tipos de comportamiento y modelos a seguir parece imponer esta obra? ¿Por qué razones fue atractiva para los lectores de su época? ¿Hay diferencias entre mis propios valores y los valores implícitos en la obra? ¿De qué supuestos sociales depende la obra? ¿En esta obra se limita la libertad de pensamiento y movimiento de alguien? ¿Cuáles son las estructuras sociales más amplias con las que se vinculan estos actos particulares de alabanza o acusación?

            Estas preguntas pueden orientar nuestro primer acercamiento a una obra literaria, permitiendo establecer relaciones entre distintos elementos del texto, pero es indispensable ampliar el análisis más allá de las fronteras de la obra para crear relaciones entre el texto y los valores, instituciones y prácticas culturales que lo nutren, aunque las obras de arte suelen contener en sí mismas los referentes culturales necesarios para su comprensión y es por eso que sobreviven la desaparición de su entorno.

            Otro significado de cultura deriva de si su relación con el “cultivo”, con la internalización y práctica de una código de comportamiento, acepción importante en las épocas históricas en que los modales eran signos de estatus social. Pero además de registrar este proceso de aprendizaje de las buenas costumbres y buenos modales, el arte funciona como agente de transmisión de la cultura, es un vehículo de comunicación entre una generación y otra, y tiene como uno de sus propósitos la producción de una serie de modelos éticos y morales. La cultura también funciona para regular o garantizar la movilidad, y las fronteras culturales se establecen por medio de la experimentación, el intercambio y la improvisación. Hay culturas que sueñan con la estabilidad y el orden absoluto pero. para sobrevivir, tienen que mutar al menos mínimamente; otras culturas sueñan con la movilidad absoluta, pero éstas también deben tener límites para garantizar su supervivencia. Entonces la cultura, una “estructura de improvisación”, es un conjunto de patrones los suficientemente flexibles como para permitir el cambio sin desaparecer del todo. Esta tensión entre la elasticidad y la inflexibilidad y la forma en que los individuos se ajustan o rechazan fronteras impuestas son tema por excelencia de la novela, una forma narrativa que registra cómo los individuos se ajustan a los patrones culturales aceptados al tiempo que también se apropian de ellos creativamente.

            Pero además de registrar este proceso, la narrativa también es una herramienta pedagógica porque articula y reproduce el proceso de aculturación. Greenblatt señala que los escritores no parten de cero sino que inevitablemente heredan ciertos temas y problemas, pero los manipulan para adaptarlos a sus intereses, un proceso creativo que implica el intercambio, otra característica de la cultura: “Una cultura es una red particular de negociaciones para el intercambio de bienes materiales, ideas y –por medio de instituciones como la esclavitud, la adopción, o el matrimonio- personas”. Los grandes escritores dominan con destreza los códigos de intercambio que regulan la movilidad y por eso pueden ser innovadores.

            Este intercambio ocurre porque una cultura suele tener una “economía simbólica general” en la que circulan los signos que incitan el deseo humano, el miedo y la agresión. Los escritores son particularmente hábiles en el uso de estas economías y en manipular los signos, y pese a que los estudios literarios suelen ignorar el contexto histórico es indispensable conocerlo precisamente para recuperar la dimensión simbólica de las relaciones sociales. Este tipo de análisis cultural, profundamente historicista, también estaría atento al hecho de que las obras literarias no reflejan los materiales culturales que circulan en el momento de su creación, porque los re-significan y re-imaginan de maneras en ocasiones inesperadas; de hecho es esta habilidad para combinar los materiales culturales de maneras sorprendentes y novedosas lo que caracteriza a esas obras literarias que cuestionan las fronteras impuestas por la cultura. Esta posibilidad de innovar, explica Greenblatt, existe porque la cultura nunca es harmoniosa.

Artículo completo en inglés

 

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