La cultura de la velocidad. John Tomlinson

9 Nov

Tomlinson, John. The Culture of Speed: The Coming of Immediacy. Londres: Sage Publications, 2007.

 Ana Sofía González Saravia Peña

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras

UNAM

La preocupación por la velocidad a la cual vivimos ha ocupado un lugar determinante en la cultura moderna. Sin embargo, a pesar de la importancia tanto cultural como psicológica que esta obsesión con la rapidez conlleva, pocos académicos se han dedicado a hacer un estudio minucioso de la “cultura de la rapidez”  a la que Tomlinson dedica su libro The Culture of Speed: The Coming of Immediacy. Así, a partir de un acercamiento marxista, Tomlinson reflexiona acerca de la manera en la que la noción de rapidez ha transformado los modelos económicos y sociales en la historia moderna. De igual manera, su libro trasciende el estudio histórico-político para analizar después la evolución de la “cultura de la rapidez”  desde sus orígenes a mediados del siglo XIX, y la forma  en la que ésta ha influido las artes, la filosofía y la política hoy en día.

    Tomlinson comienza su recorrido a través de la historia de la obsesión moderna por la velocidad al inicio de la revolución industrial en lo que él llama la necesidad del hombre por superar la naturaleza. Así, el capítulo inicial del libro está dedicado a la figura de la máquina como motor económico e imaginativo de la revolución industrial y símbolo del positivismo que – inclusive hoy en día – ha permeado la idea de civilización y progreso en el discurso científico y político. De esta manera, de la construcción del ferrocarril, la máquina de vapor y otros inventos dedicados a sobrepasar las fuerzas de la naturaleza nace una idea de velocidad encaminada al progreso tecnológico e industrial; proceso que tiene como fin último la maximización de los medios de producción y de la ganancia. Este proceso es el fundamento del sistema socio-económico dominante de los últimos dos siglos, el capitalismo y, junto con él, su símbolo representativo: la metrópolis.

    En el siguiente capítulo, Tomlinson viaja de aquella velocidad maquinaria progresista, capitalista y racional representada en  las novelas de Dickens, Modern Times de Chaplin y las idílicas metrópolis veloces de Le Corbusier, al lado caótico y destructivo de la rapidez. Este aspecto caótico nace con el movimiento Futurista y su Manifiesto, en el cual se entrecruzan los dos aspectos fundamentales de la velocidad destructiva: su atractivo estético y emocional, y su inseparable relación con la violencia. Es precisamente de la naturaleza peligrosa y excitante de la velocidad de la cual nace su atractivo estético, representado en la producción de automóviles y vehículos lujosos construidos con una capacidad de aceleración cada vez mayor; un placer que Tomlinson identifica como la “cultura cyborg” o el deseo del hombre de fusionarse con la máquina.

    Debido a esta fascinación estética y orgánica con la rapidez, surge también la idea del “Speed-heroism” o heroísmo de la rapidez. Este heroísmo se refleja en la obsesión con la juventud y su relación con la brevedad de años vividos y la intensidad de las experiencias vividas. Así, del heroísmo de la rapidez surge una cultura hedonista y transgresora, de la cual nacen ídolos como James Dean quien se vuelve una figura icónica de la búsqueda de experiencias extremas que glorifican la idea de la muerte en juventud; la idea de haber vivido una vida corta y rápida. Paradójicamente, esta idealización de la juventud transgresora es al mismo tiempo resultado de la aceleración positivista y del deseo de quebrantar las normas impuestas por ésta. De la misma manera, la violencia y la guerra mecanizada se contraponen a la idea de orden y progreso humanístico, y, al mismo tiempo, surgen de la obsesión por el avance tecnológico y la expansión capitalista del mismo.

    Para concluir su estudio, Tomlinson desarrolla la idea de una rapidez diferente a la industrial-maquinaria: una velocidad  transformada en inmediatez por la llegada del Internet y el cambio radical en los medios de producción. La “llegada de la inmediatez” viene a principios del siglo XXI, como un capitalismo veloz en una sociedad cuyo acceso a la mayoría de los servicios básicos e información es instantáneo y no está mediado. Así, vivimos en una sociedad “fluida” en la cual hay una gran cercanía entre nuestros deseos y los medios para satisfacerlos. Existe, entonces, inmediatez de distintas variedades; una de consumo, una de información, una de comunicación, de traslado, de trabajo, etc…Esta inmediatez representa, de acuerdo a Tomlinson,  el fin de la era mecánica ya que todo progreso propuesto por el positivismo en la revolución industrial ha sido alcanzado. Dicho de otra manera, las distancias que el ferrocarril, el telégrafo y todos aquellos inventos del siglo XIX intentaron acortar son, en esta época, inexistentes. Al contrario de la velocidad maquinaria, la inmediatez ya no es un objetivo, sino una condición de vida; la cual ha creado una cultura acelerada y desentendida que, al igual que su tecnología, desconoce su propósito.

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