“Ficciones necesarias” de Jeffrey Weeks

28 Mar

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“Necessary Fictions: Sexual Identities and the Politics of Diversity”.

Jeffrey Weeks

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

 Si este capítulo ―pues es únicamente un apartado del libro Invented Moralities, publicado por la Columbia University Press— se pudiese resumir en una sólo frase, quizá sería la siguiente: “las identidades son problemáticas”.  Y es que, en palabras de Weeks, la identidad sexual, así como cualquier otra, es siempre híbrida, heterogénea y política. He aquí las razones: híbrida, puesto que está construida a través de fragmentos tanto personales como sociales; heterogénea, dado que siempre existen diferencias potenciales; y política, porque participa en el establecimiento de relaciones de poder. Ahora bien, a pesar de este rápido diagnóstico, Weeks enuncia cinco paradojas que esclarecerán consideraciones a las que eventualmente se enfrentará toda reflexión alrededor de las identidades. Desglosemos, pues, brevemente en qué consisten estas cinco paradojas.

    La primera paradoja se refiere a la falsa asunción de que las identidades son fijas. Y es que desde el siglo XIX existen categorías sexuales claramente demarcadas y que además no resultan  un secreto para nadie: se es únicamente hombre o mujer, heterosexual u homosexual, normal o perverso. Estas clasificaciones, sin embargo, son de corto alcance, puesto que en efecto dejan de lado un sinfín de posibilidades de ejercer la sexualidad y, por tanto, de construirse una identidad. No obstante, Weeks advierte las razones por las cuales se incurre en tal práctica: asumimos estas identidades porque tememos “lo incierto, el abismo, lo desconocido, la amenaza de disolución que implica no tener una identidad fija”.

    Que la identidad sexual sea personal e indique al mismo tiempo una filiación social es la segunda paradoja señalada por Weeks. Insiste pues en el hecho de que nos pretendamos poseedores de un “yo”, dentro del cual, sin lugar a dudas, se encuentra la identidad sexual. Weeks sostiene, por el contrario, que es el resultado de una constante reinvención.

    Se hace hincapié, por otra parte, en el papel que cumple el cuerpo en la construcción de identidades. Y pese a lo que se pudiera pensar —continúa Weeks— el cuerpo no es de ninguna manera inmune al influjo de la cultura. Porque, entre otras razones, utilizamos el cuerpo para extender nuestra imagen en nuestro entorno social; de modo que, junto con él, proyectamos un cierto género, una cierta raza, entre otros tantos elementos, que crean diversas significaciones culturales. Y es que, si en algo insiste Weeks, es precisamente en este punto: dicho en otras palabras, en el hecho de que el cuerpo, como cualquier otra práctica discursiva, es eminentemente histórico, cultural y, por tanto, resultado de una consideración tanto personal como social.

    La tercera paradoja está estrechamente emparentada con la que venimos de repasar. Se refiere a la historicidad y contingencia de las identidades. Weeks encuentra el origen de este replanteamiento en las discusiones feministas de la segunda mitad del siglo XX, particularmente en cuanto atañe a la identidad sexual vista como práctica política y, en consecuencia, como determinante en el ejercicio del poder. Es ésta la razón por la cual ―arguye Weeks― existe una suerte de jerarquía que señala, siempre con absoluta claridad, lo que es aceptado y lo que no lo es. De tal suerte que los que pertenezcan a la categoría de lo prohibido —y aquí pensemos precisamente en los homosexuales― serán proclives al dominio de los que gozan de común aceptación; punto que, cabe señalarlo, muestra con claridad el ejercicio de poder ya anunciado líneas atrás.

    La cuarta paradoja se refiere, en última instancia, a lo que es quizás el eje de la decena de páginas que componen este capítulo: es decir, el hecho de que toda identidad sexual es indudablemente una ficción, mas una ficción necesaria. Y es justamente en este punto donde Weeks estima, contrariamente a lo esperado, que se honra la identidad sexual vista como ficción cultural. Decir que es una ficción ―acota— no es de ninguna manera denigrarla. Es simplemente aceptar, por el contrario, que nos construimos por medio de narrativas y que, si bien éstas no son sino ficciones, nos proveen de filiaciones, certezas y soportes que de cualquier otra manera serían inimaginables. De tal suerte que ―podemos concluir― se ha puesto finalmente de manifiesto la arbitrariedad, contingencia e historicidad ―o dicho en otras palabras, la naturaleza cultural— de las identidades y, en este caso, de aquellas que pertenecen al orden sexual.

Capítulo en inglés

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