Deconstrucción del mapa, J.B. Harley

26 May

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Harley, J. B. “Hacia una deconstrucción del mapa”. La nueva naturaleza de los mapas: Ensayos sobre la historia de la cartografía. Trad. Leticia García Cortés y Juan Carlos Rodríguez. Comp. Paul Laxton. México: FCE, 2005. 185-207.

—. “Deconstructing the Map”. Cartographica. Vol. 26, No. 2, verano 1989, 1-20.

Raúl Bravo Aduna

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras

UNAM

Parece una tarea ciclópea tratar de imaginar un mundo sin mapas, sin trazos delimitando la realidad a la que estamos constreñidos y, sin embargo, la cartografía suele pasar desapercibida, si no es que soslayada por completo. Tan importante ha sido la labor cartográfica a lo largo de la historia —siendo artífice de la historia misma en ocasiones— que no es fortuito asimilarla como algo preestablecido, inamovible e, incluso, incuestionable. El asunto con la cartografía, y la relativa poca importancia filosófico-académica que se le da, reside en que se da demasiado por sentado al respecto, empezando por partir de la premisa que los mapas son creados con pretensiones científicas, objetivas y representacionales, alejadas, por supuesto, de fines estéticos, político, personales y viscerales. Por lo anterior, el famoso ensayo del historiador de la cartografía J. B. Harley (1932-91), “Hacia una deconstrucción del mapa”, publicado originalmente en Cartographica y reproducido póstumamente en La nueva naturaleza de los mapas (2001 y publicado en 2005 por el FCE en español), ha logrado obtener un espacio privilegiado en el Olimpo de la bibliografía cartográfica y, a diferencia de sus similares, ha podido escapar a las cadenas de la lectura híperespecializada; es decir, es un texto que, con frecuencia, es revisado y estudiado por científicos sociales, humanistas y ciudadanos de a pie.

            El argumento de este ensayo es, muy entre comillas, sencillo: “impulsar un cambio epistemológico en la manera de interpretar la naturaleza de la cartografía” (186). Digo “muy entre comillas” porque, aunque Harley es directo y enuncia sus pretensiones abiertamente—mismas que no son difíciles de entender—, lo que está proponiendo implica una reinterpretación no sólo de la cartografía, sino del mundo y la manera en que es entendido.

            Para poder lograr este cambio epistemológico, Harley nos advierte que hay que empezar a dejar a un lado distintas suposiciones que giran en torno a la cartografía, la primera siendo qué es, o qué se entiende por, la cartografía. En este punto, la propuesta de Harley es muy sencilla: dejar de creer que la definición dada por los cartógrafos mismos es adecuada, y empezar a entender la disciplina como una que puede ser analizada y estudiada desde otras aristas—la filosofía, la historia, la economía, etcétera. “Es mejor,” dice Harley, “que nosotros partamos de que la cartografía casi nunca es lo que dicen los cartógrafos” (186). Este cuestionamiento le permite a Harley introducir una de sus críticas más recurrentes a la cartografía: no se puede partir del supuesto de que la cartografía es científica, aun cuando “en la medida en que [se han adoptado] métodos apoyados en la computación y en sistemas de información geográfica, la retórica científica de quienes trazan los mapas [es] más estridente” (186). Esta crítica es de utilidad para Harley porque, a partir de ella, puede proponer un cambio en la retórica de la cartografía: la del positivismo científico por la de las ciencias sociales.

            Al hacer un salto el salto epistemológico de las ciencias “exactas” a las sociales, parece que Harley pretende ver qué tanto influyen las normas y prácticas sociales sobre el trazo de un mapa, para poder cuestionar, por pretencioso o ambicioso que suene, los paradigmas y estructuras de poder que subyacen a la cartografía. “Al combinar ideas diferentes en un terreno nuevo,” escribe Harley, “es posible estructurar un esquema de teoría social con el que podemos empezar a cuestionar las agendas ocultas de la cartografía” (188).  Hay que aprender, en pocas palabras, a leer los mapas con más cuidado, descubrir qué hay detrás de ellos.

            Es este punto en el que “Hacia una deconstrucción” del mapa plantea una herramienta de lectura, surgida del apropiamiento de ideas de Foucault y Derrida, que coquetea con postestructuralismo—y aquí no puede ignorarse el hecho de que es un ensayo escrito en un momento en el que las llamadas theory wars, aunque feneciendo, seguían en el escaparate público de la academia—por medio de la deconstrucción: “La deconstrucción nos insta a leer entre las líneas del mapa, en los márgenes del texto, y a través de sus tropos, para descubrir silencios y las contradicciones que desafían la aparente honestidad de la imagen” (188).

            Para lograr todo lo anterior, “Hacia una deconstrucción del mapa” se desdobla en tres argumentos, básicamente: 1) establecer cuáles son y de dónde surgen las normas de la cartografía y hasta qué punto ha funcionado, históricamente, como una herramienta para la normalización de discursos; 2) plantear la posibilidad de la deconstrucción de un mapa, para poder analizar los entresijos del texto cartográfico, de tal manera que la retórica de la imagen quede al descubierto; y 3) entender que los mapas son instrumentos clave en las luchas por la alteración de relaciones de poder, que “el mapa,” por ponerlo en palabras de Harley, “es un árbitro silencioso del poder” (205).

            “Hacia una deconstrucción del mapa” se presenta como un lectura obligada, me parece, por al menos dos motivos. Por un lado, obliga al lector, ya sea especializado o no, a redefinir y reconsiderar “la importancia histórica de los mapas” (207); es decir, entender que la imagen cartográfica no ni estática ni inocente, sino que está cargada siempre, tanto simbólica como semánticamente. Por el otro, plantea un método de lectura de la cartografía sugerentísimo que sirve para entender, de una vez por todas, que toda representación—ya sea cartográfica, literaria, fotográfica, etcétera—trae consigo un argumento acerca del mundo, no siempre inocente y, más importante aún, no siempre al alcance de la vista.

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            Artículo en español

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