Estudios culturales y educación, de Eduardo Restrepo

4 Jun

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Eduardo Restrepo, “Estudios culturales y educación: posibilidades, urgencias y limitaciones”. Revista de investigaciones UNAD Bogotá, Núm. 10, enero-junio. 10-21.

 

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

 

    Este texto es una ponencia presentada en el 4to Seminário Brasileiro de Estudos Culturais e Eduçao y en el 1er Seminário Internacional de Estudos Culturais e Eduçao, ambos sucedidos en Porto Alegre, Brasil. Y, como bien se intuye por el foro para el cual fueron pensados, plantea problemas tocantes a los estudios culturales, en tanto que disciplina, así como sus relaciones con la educación. Expliquémonos, pues, y vayamos por partes.

    En primer lugar, Restrepo ensaya una revaloración del significado que tienen los estudios culturales en la actualidad latinoamericana. Y asegura que, al margen de la situación propia de cada país, existe una tendencia a la institucionalización de dicha práctica, razón por la cual una revalorización como ésta asume carácter de urgente. En principio nos urge a redefinir los Estudios Culturales; y, para ello, establece cuatro puntos fundamentales: uno, concebir la cultura como poder y el poder como cultura; dos, asumir una postura antireduccionista y, por el contrario, fomentar la herejía interdisciplinaria; tres, buscar la transformación del mundo; y cuatro, perseguir en todo momento la contextualización radical. Me permito desarrollar brevemente estas cuatro directrices de los Estudios Culturales.

    De acuerdo con Restrepo, aquello que distingue a los Estudios Culturales de otras disciplinas, como la Sociología o la Antropología, es el hecho de que entienda la cultura como una consecuencia del ejercicio de poder. Porque, en efecto, no concibe la cultura como forma de vida, ni como un campo de relaciones sociales institucionalizadas con su especificidad y cierta autonomía, sino como una extensión de la problemática del poder y la hegemonía. Está, como bien pudimos intuir, circunscrita en la tradición de Antonio Gramsci y Stuart Hall.

    Por otro lado, los Estudios Culturales son antireduccionistas dado que no asumen explicaciones a priori (cosa en la que, al parecer de Restrepo, sí incurren otras disciplinas como la economía o la misma antropología) que condicionen el estudios en una mera corroboración de lo ya planteado de antemano. Es, siempre siguiendo a Restrepo, un pensamiento “sin garantías”.

    Y aún hay más. Que Marx haya dicho en la decimotercera tesis sobre Feuerbach que lo esencial de la tarea filosófica no es interpretar el mundo, sino transformarlo, es para Restrepo otro punto de partida. Y es que de ahí desprende, en efecto, que los Estudios Culturales deban aspirar a la teorización de lo político y a la politización de la teoría: es decir, deben trascender más allá de las aulas y perseguir la intervención política. “Es por esto observa Restrepo  que los estudios culturales nunca son sólo estudios, siempre son algo más”.

    El último de los cuatro puntos esgrimidos por Restrepo, por su parte, es aquel que atañe a la hipercontextualización que exige nuestra disciplina en ciernes. Y se refiere ciertamente a que los Estudios Culturales deben emanar de investigaciones concretas y de las relaciones que éstas establecen con los textos teóricos que las afrentan. De ahí que se tenga que echar mano de diversas metodologías, pues es claro que cada situación exigirá una aproximación particular. Sus rasgos estatuye Restrepo― “están profundamente situados, es decir, no pueden ni pretenden ser idénticos en todas partes y momentos sino más que adquirir una especificidad dependiendo de los contextos, no pueden dejar de ser un auténtico producto de los mismos”.

    Ahora sólo nos resta precisar cuál es la relación que guarda todo esto con la educación. Arguye Restrepo que la educación, no sólo de Colombia, sino del mundo entero, propenda a la internacionalización. Y define este hecho como una mistificación de acuerdo con la cual los países estandarizan sus criterios educativos con el fin de alcanzar como acto seguido un incremento en la calidad de la misma. Agrega, además, que este fenómeno es visto como algo inevitable, como una de las “prédicas celebratorias de la globalización”, como una de las “narrativas teleológicas que presentan como necesario lo que es contingente e histórico obliterando otros principios de inteligibilidad del presente”.

    ¿Y esto qué relación guarda con los Estudios Culturales? Pues bien: detener esta elitización de la educación es, conforme a la tesis de Restrepo, una de las nuevas obligaciones de los Estudios Culturales. Y es que, si éstos tienen un lugar privilegiado dentro de la academia, deberían por esta misma razón cuestionar las políticas educativas de la actualidad. Es, en síntesis, comprender que la educación es, a su manera, una consecuencia propia del ejercicio del poder dentro de las sociedades modernas.

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