Geocrítica

24 Jul

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Eric Prieto. “Geocriticism, Geopoetics, Geophilosophy, and Beyond”. Geocritical Explorations. Space, Place and Mapping in Literary and Cultural Studies, Robert T. Tally JR. (ed). Nueva York: Palgrave Macmillan, 2011.

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 Tratándose de una disciplina de reciente aparición, esclarezcamos de una buena vez qué es la Geocrítica. Se trata, como bien infiere el entendido en etimologías, de aquella crítica que se aboca al estudio de la representación del espacio y de los lugares en los textos literarios. Y es, por supuesto, de naturaleza interdisciplinaria: lo mismo participa de la Geografía Social, que del Urbanismo, los estudios sobre el medio ambiente o la Fenomenología. Está escrito, por así decirlo, desde el Postmodernismo, entendiendo que es así por tres razones: la primera, porque subraya la capacidad de la literatura para representar y formar nuestras concepciones relativas a la espacialidad humana —y que siempre son, cabe decir, inestables—; la segunda, porque pone énfasis en el hecho de que todo ello es producto de una cierta subjetividad; y, la tercera, porque insiste en que la transformación e interpretación del espacio incide en nosotros en tanto seres humanos.

     Ahora bien, es preciso mencionar que existen varios enfoques dentro de la Geocrítica. Al parecer de Eric Prieto, quien es —dicho sea de paso— aquel que abre el libro, éstos son principalmente dos. En primer término está la aproximación fenomenológica, y es, en efecto, aquella que privilegia la experiencia subjetiva del espacio. Es de origen preponderantemente francés, y encuentra en Gaston Bachelard y en George Poulet a dos de sus teóricos esenciales, si bien en fechas recientes plumas como las de Edward Casey y Jeff Malpas han alcanzado cierta notoriedad. Y, tras retomar tanto nociones husserlianas  —como por ejemplo, aquella según la cual existe una intencionalidad en la relación que existe entre nuestra conciencia y los objetos— así como otras tantas de Martin Heidegger, este enfoque ha incorporado herramientas de otras ciencias, entre las que destacan: la Biología, la Neurociencia y las Ciencias Cognitivas. De modo que se ha pasado, dicen algunos, de una teoría meramente impresionista a una de naturaleza estrictamente científica. Es, en síntesis, un ejercicio que, como otros tantos surgidos a partir del Postestructuralismo, pone de manifiesto la importancia del problema epistemológico concerniente al ser y a su interacción con el mundo.

         En segundo término, se encuentra el enfoque propiamente postesctructuralista, y que se diferencia del fenomenológico por el hecho de que no se interesa en la experiencia subjetiva del espacio. Se ocupa, por el contrario, de la semiótica de la representación espacial: o dicho en otras palabras, de los elementos que posibilitan la distribución espacial del poder. Este punto nos quedará aún más claro si observamos lo siguiente: en su opinión, el espacio es todo menos un vacío neutral, carente de características propias, y repleto de objetos: es más bien una dimensión socialmente construida. De ahí que prefieran hablar de lugares y no de espacios, pues descreen que la perspectiva individual sea un útil punto de partida para comprender este último. Y así, para el beneplácito de aquel que busque profundizar en otros enfoques, se hará también mención más adelante de otras tantas aproximaciones, entre las que bien podemos destacar la identitaria (cada identidad está extremadamente enraizada en el lugar de donde emerge) y la ambientalista (emparentada ya más bien con la Ecocrítica).

         Pero, en este libro, no todo es una revisión histórica de la disciplina. Se discute, además, un libro de reciente aparición: La Géocritique: réel, fiction, espace, de Bertrand Westphal. Y se precisa que éste se mantiene firme en la búsqueda de un nuevo campo para los estudios literarios, uno que, sobra decirlo, sea en extremo geocéntrico. De tal suerte que las razones no se dejan esperar: el espacio y la geografía, arguye Westphal, se han vuelto más importantes en el último siglo que el tiempo y la historia (y notemos que se vislumbra aquí también la sonrisa de Saussure: es, por supuesto, un triunfo más de la sincronía sobre la diacronía). Y es, agrega, uno de las tantas consecuencias arrojadas por la Segunda Guerra Mundial y su natural desmitificación del progreso.

         No resta sino añadir que son aún más los temas tratados en este libro: la identificación de los límites y las limitaciones de la Geocrítica en tanto disciplina; los llamados hauts lieux de la literatura (París, Londres, Nueva York, etc., si bien en esta lista cabrían lugares imaginarios, como la Atlántida, o bien otros de mucha menor prosapia); la distinción entre Geocrítica y otras disciplinas hermanas (por ejemplo, con respecto a la Geografía Conductista, cuya tarea consiste en dilucidar la distribución física de las entidades espaciales y nuestra conducta en relación con el espacio). Todas éstas son cuestiones tratadas en este libro, excelente introducción para los inexpertos como lectura ulterior para los ya iniciados.

 Descargar capítulo

“Sobre la cartografía literaria” de Robert Tally

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