Psico-sociología de la alimentación, de Roland Barthes

14 Ago

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Roland Barthes. “Por una psico-sociología de la alimentación contemporánea”. Trads. Lucía Torres Salmerón y Luis Enrique Alonso. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. No. 11, enero-junio, 2006. 205-221.

 

Antonio Nájera Irigoyen

 

Letras francesas

 

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

 De la misma forma que Joanne Entwistle lo ha hecho con nuestra imagen en El cuerpo y la moda, Roland Barthes ha forjado los cimientos de una nueva disciplina en su artículo sobre la alimentación contemporánea y sus significaciones culturales. Y es que, pese a su brevedad (el artículo consta de unas 8 páginas), se asienta en él con total claridad el objeto y los márgenes que limitarán a nuestra ciencia en ciernes. Pregunta y responde Barthes ya desde las primeras líneas: “¿Qué es la comida? No es sólo una colección de productos, merecedores de estudios estadísticos o dietéticos. Es también y al mismo tiempo un sistema de comunicación, un cuerpo de imágenes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas. ¿Cómo estudiar esta realidad, extendida hasta la imagen y el signo? Los hechos alimentarios han de ser investigados por donde quiera que se presenten: por observación directa en la economía. Las técnicas, los usos, las representaciones publicitarias por observación indirecta, en la vida mental de una población dada. Y reunidos estos materiales, sin duda, habría que someterlos a un análisis inmanente que intentase re- encontrar la manera significativa en que se unifican, antes de hacer intervenir cualquier determinación económica, o incluso ideológica. Al comprar un alimento, al consumirlo y al darlo a consumir, el hombre moderno no manipula un simple objeto de una manera puramente transitiva; este alimento resume y transmite una situación, constituye una información, es significativo; esto quiere decir que no es simplemente el indicio de un conjunto de motivaciones más o menos conscientes, sino que es un verdadero signo, esto es, unidad funcional de una estructura comunicativa”.

 

A partir de estas consideraciones, Barthes examina someramente la significación que comportan alimentos como el azúcar y el vino o, para estamparlo en palabras del mismo Barthes, las “imágenes, sueños, tabúes, gustos, elecciones, valores” que implican. De tal suerte que llega a una reflexión ulterior: si la comida es un sistema, ¿cuáles son las unidades que lo componen? Para lograrlo, Barthes arguye que sería necesario registrar primeramente todos los hechos alimentarios de una sociedad determinada; para sólo así, proseguir con lo que los lingüistas han llamado la prueba de la conmutación: esto es, reparar si el paso de un alimento a una cultura distinta lleva consigo una diferencia de significación. Finalmente, Barthes esclarece aún más este punto con el ejemplo del pan negro y con la manera en que éste ha pasado de ser un signo de rusticidad a uno de refinamiento; de donde concluye que no basta con pensar que cada alimento es una unidad significante, sino que aún cada variedad de cada alimento puedo serlo igualmente. “Las unidades significantes ―concluye el profesor de la Sorbonne― son más sutiles que las unidades comerciales”.

 

Si en algo es claro el artículo, es en que desde que los humanos ya no se alimentan de bayas salvajes, la necesidad de alimentarse ha estado siempre supeditada a un abanico de sustancias, técnicas y usos que componen un sistema de diferencias significativas, desde la cual se funda la comunicación alimentaria. Y de ahí, en efecto, que se pueda abordar este fenómeno desde tan distintas perspectivas. Porque no son iguales la antropología y la publicidad, la primera se interesa en los sentimiento de inferioridad que están ligados al consumo de ciertos alimentos o a la asunción de que existen tanto comidas viriles como femeninas; mientras que la segunda, se interesa más bien en la relación que existe entre las falsas percepciones del consumidor (producto comprado) y el producto que realmente es (producto real). Cabría enumerar, además, otras eventuales perspectivas: ora aquella que se ocupa de valores somáticos y psíquicos como el de la salud, ora aquella que privilegia valores históricos como la tradición, la sabiduría ancestral de los pueblos, etc.

 

Se presume comúnmente que es virtud de los humanos decir mucho con poco. Es eso precisamente lo que acomete Barthes en este fugaz artículo.

 

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