La emergencia de nuevas comunidades, según Henry Jenkins

24 Feb

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Henry Jenkins. “Interactive Audiences? The ‘Collective Intelligence’ of Media Fans” de Fans, Bloggers, and Gamers: Media Consumers in a Digital Age. Nueva York, NYU Press, 2006.

 

 Gonzalo F. del Aguila Vargas

 

            Letras Modernas (Inglesas)

 

            Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

 En su libro Fans, Bloggers, and Gamers, Henry Jenkins dedica un capítulo a analizar cómo funcionan los fandoms. Para ello, es necesario pensar al fandom, no en términos de resistencia, sino como un prototipo o ensayo de cómo operará la cultura en el futuro. Un fandom es como cualquier espacio donde la gente vive y colabora en comunidad; asimismo, ofrece un ejemplo de cómo evolucionan las comunidades gracias a la interacción con los medios digitales. Esta evolución es posible gracias al modo en que la industria mediática y las audiencias operan en conjunto, y cómo éstas han desarrollado una conciencia activa crítica y discriminante. Jenkins propone documentar la interacción entre consumidores y medios a partir de las tendencias culturales de consumo actuales:

 

1)     La interacción con las nuevas tecnologías que permite a las audiencias apropiarse de los productos, archivarlos, anotarlos y recircularlos.

 

2)     La difusión de los tutoriales DIY (Do It Yourself) hechos por consumidores para consumidores.

 

3)     El establecimiento de un flujo horizontal de medios que exige modos más activos de consumo.

 

            Para explicar el origen de las nuevas comunidades, Jenkins retoma el trabajo de Pierre Levy sobre la inteligencia colectiva. Explora la creación de comunidades en torno a un “espacio de conocimiento”, que Levy llama Cosmopedia, el cual surge de la desterritorialización del conocimiento debido al modo en que el internet ha facilitado la comunicación y difusión de medios. Este espacio provoca la participación amplia en la toma de decisiones, el surgimiento de nuevas formas de “ciudadanía” y comunidad, así como un intercambio recíproco de información. Para Levy existen tres tipos de agrupaciones: orgánico, como familias, tribus o clanes; organizado, en el caso de naciones o instituciones; y auto-organizados, como las comunidades virtuales de internet. Éstos últimos desarticulan los límites geográficos de comunicación y provocan el declive de grupos organizados. En ese sentido, las nuevas comunidades, según Levy, surgirán a partir de afiliaciones voluntarias, temporales y tácticas en función de intereses intelectuales y/o emocionales. Por lo tanto, los miembros cambiarán de comunidad según sus intereses y necesidades se modifiquen y, por ello, es probable que pertenezcan a más de una comunidad. Así, estarán unidos por la producción mutua en intercambio recíproco de conocimiento.

 

            De acuerdo con Jenkins, Levy distingue entre conocimiento compartido e inteligencia colectiva. Mientras que el primero se trata de la información conocida por todos los miembros de una comunidad, la segunda expande la disponibilidad de conocimiento; es decir, las capacidades productivas, pues facilita que se cubra un campo de conocimiento más amplio y la información relevante fluya más rápidamente. Cuando la inteligencia colectiva entra en contacto con la Cosmopedia, accede a todo el conocimiento pertinente disponible. Aquí es donde se cimentan los fandoms: en la producción colectiva, pues surgen como respuesta a los productos de la cultura popular, lo que provoca que su afinidad las defina.

 

            Los fandoms se remontan a las décadas de los veinte y treinta, donde los seguidores de la ciencia ficción crearon una red social informal a través de una columna editorial. Los fandoms se transformaron en fuente de autores, por la interconectividad que facilitó la génesis de ideas. Cuando la tecnología evolucionó, el contacto cara a cara fue posible entre fans alrededor del mundo. Los fans de la ciencia ficción fueron los primeros en emplear tecnologías digitales al provenir de instituciones militares o científicas. Por ende, mucho del slang que ahora domina tiene su origen en la forma en que estos grupos se comunicaban. Según Nancy Baym, citada por Jenkins, los fans están motivados por la epistemafilia; es decir, el placer por conocer e intercambiar conocimiento. La especulación como método de comparación, refinación y negociación del entendimiento de su ambiente socioemocinal amplía el campo de significación que fluye en torno a una fuente primaria. En ese sentido, la producción de significado es una forma de conocimiento atada a nuestros placeres, deseos y vínculos sociales que establecemos en las comunidades digitales.

 

            En consecuencia, el intercambio colectivo de conocimiento impide que otras fuentes de poder mantengan un control firme sobre el flujo de información. Por eso, desestabiliza los intentos de establecer parámetros económicos de jerarquía. El nuevo espacio de información permite formas de recontextualización múltiples e inestables, pues el valor de conocimiento se incrementa con la interacción. La significación se transforma en un recurso renovable debido a que se comparte y su circulación puede crear y/o revitalizar los vínculos sociales. La nueva inteligencia colectiva, dice Jenkins, es un conglomerado compuesto por las diversas contribuciones de sus miembros, cuyo resultado es algo más poderoso que la suma de sus partes.

 

            La expansión de los medios digitales ha reducido los tiempos de comunicación, lo cual tiene consecuencias a escala global. El empleo de medios digitales ha hecho crecer las comunidades y reducido el tiempo de reacción. Hoy día, los fandoms surgen rápidamente, incluso antes de que los productos lleguen al mercado. Existe un incremente de la visibilidad y una nueva centralidad cultural de comunidades habituadas a hablar desde la periferia. No sólo la producción artística de los fans se transformó, sino que surgieron nuevos medios de producción. Esto delata un cambio también a nivel mercadológico y publicitario, pues las compañías se adaptan a estas nuevas formas de consumo. Levy predice que las culturas del conocimiento alterarán el modo en que la cultura mercantil del objeto operará. Según Jenkins, las industrias culturales son un ejemplo de esta transición, pues los objetos se vuelven recursos para la producción de conocimiento desde de una actividad creativa en un ambiente dinámico que permite la interacción activa de un flujo colectivo de información.

 

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