20 Ago

Gramsci_1

Álvaro Alonso Trigueros. “Antonio Gramsci en los estudios culturales de Raymond Williams”. Methaodos. Revista de ciencias sociales, 2014, 2 (1): 8-22.

Mónica Guadalupe Hernández Mendoza

Letras Hispánicas

Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, UdeG.

Becaria del programa Verano de Investigación Científica, 2015.

En la introducción de su artículo, Álvaro Trigueros da un panorama general de los estudios gramscianos en la actualidad, y muestra su interés en hacer notoria la influencia de Gramsci en la definición del método correcto para el análisis de Raymond Williams de las manifestaciones artístico-culturales, así como para los estudios culturales en su estado actual.

            En el segundo apartado, “El encuentro de Williams con Gramsci”, el autor menciona que el interés de Williams por conceptos tales como “cultura” al igual que por las manifestaciones artístico-culturales es producto de las lecturas que este teórico realizó de Gramsci. Para Williams, la cultura, en tanto producto humano, depende de la creatividad, por lo que la “mente creativa”, considera, es el tema principal dentro de la teoría cultural; concepto al cual le dedica la primera parte de su texto The Long Revolution. Esta creatividad, vital para la cultura, es a su vez producto de lo que Williams denomina como “espíritu popular creativo”, el cual hace referencia al “carácter orgánico, espacio-temporal y supra-individual de las creaciones humanas”.

            Como resultado de un recorrido histórico del estado de la cuestión de los acercamientos teóricos a las artes y las manifestaciones artístico-culturales desde la cultura y la sociedad, llega a una conclusión bastante parecida a la de Gramsci: “la cuestión central del análisis cultural es ‘el análisis de las relaciones específicas a través de las cuales se hacen y se mueven las obras’”. Asimismo, menciona Trigueros, otro de los puntos centrales en que confluyen las ideas de Williams y Gramsci es el que se despliega del término “hegemonía”, concepto que Gramsci define y Williams lee como: “todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida. Constituye un sentido de la realidad para la mayoría de la población, un sentido de lo absoluto por ser una realidad viva más allá de la cual la movilidad es muy difícil para la mayoría de la sociedad en prácticamente todas las esferas de la vida”. No obstante, Raymond añade dos tipos más de hegemonía: la contra-hegemonía, que se define como “la del adversario es renovada, recreada, defendida y modificada”; y la alternativa, que “resiste, se ve limitada, alterada y desafiada por presiones que no le son propias”.

            En “Gramsci en la “larga revolución” de Raymond Williams”, la tercera parte del artículo, el autor rescata las conexiones entre Gramsci y Williams en cuando a lo que éste considera como “materialismo cultural” y su idea de la cultura, pues para ambos ésta se define como “una totalidad formada por ‘redes de relaciones’, un complejo en el que hay que desentrañar su modo de organización, sus patrones y soldaduras que revelan identidades y correspondencias insospechadas, a veces discontinuas, a veces dispersas”. No obstante, la originalidad de la investigación Williams, como afirma Coll Blackwell, reside en su “perspectiva marxista aunque culturalista”, ya que respondía a los procesos históricos y cambios culturales.

            Según afirma el autor, el interés de Gramsci y Williams “radica en haber introducido en el pensamiento marxista la centralidad de la conciencia, de la acción orientada por los valores, de la voluntad transformadora como eje del cambio histórico”, con lo que su proyecto obtiene un enfoque “transformador de la sociedad, enraizado en la democratización de los procesos de producción cultural, que se apoya en premisas socialistas que se van a ir generando y enriqueciendo en el mismo proceso de investigación y lucha política”. El autor afirma que a lo largo de la investigación de teoría cultural de Williams, el concepto mismo de “cultura” va modificándose, pues lo que comienza como una simple “entera forma de vida”, desemboca en el “empirismo radical” del “culturalismo”, que según Hall, se define como “la producción (y también la reproducción) de significados y valores mediante formaciones sociales específicas, y su poner el foco en la centralidad del lenguaje y la comunicación como fuerzas sociales formativas, así como el conjunto de interacciones complejas entre las instituciones, las relaciones sociales y las convenciones formales”.

            Asimismo, la hegemonía según Williams integra tres tipos diferentes de cultura: una que se vive en un tiempo-espacio específico, otra que es conformada por las manifestaciones artísticas y cotidianas, y una última de “tradición selectiva”; sin embargo, asegura que la cultura se conserva en la ubicuidad, pues todas las sociedades que la conforman, se enlazan por medio de significados, por lo que la cultura no es creación de una minoría. Posteriormente, Trigueros menciona la importancia de que los estudios culturales investiguen el objeto de estudio desde su faceta interna, hasta la social e histórica; asunto en el que considera que la lectura de Gramsci por parte de Williams, así como sus propias conclusiones a partir de ella, son de vital importancia. En la conclusión Trigueros menciona la importancia de leer a Gramsci como figura precursora para la integración de disciplinas teórico culturales.

http://www.methaodos.org/revista-methaodos/index.php/methaodos/article/view/34

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