El problema de la autoría y Juego de Tronos

4 Sep

Steiner, Tobias (2015). “Steering the Author Discourse: The Construction of Authorship in Quality TV, and the Case of Game of Thrones.” Series – International Journal of TV Serial Narratives, 1(2), 181. DOI: https://doi.org/10.6092/issn.2421-454X/5903.

Silvia Paola Ponce García, FFyL, Historia.

Es innegable el enorme éxito que la serie Game of Thrones ha conseguido desde que se estrenó hace ya seis años, en el 2011, logrando ser aclamada como una de las cumbres de narrativa televisiva de calidad. En su artículo “Steering the Author Discourse: The Construction of Authorship in Quality TV, and the Case of Game of Thrones”, Tobias Steiner explica que el concepto de Quality TV o televisión de calidad se ha venido utilizando desde el principio de este milenio por críticos y eruditos de televisión para elevar ciertos programas por encima de otros; uno de estos casos es el de Game of Thrones. Él considera que la construcción de la autoría en dicha serie ha servido como un indicador de calidad en la misma, jugando así un papel crucial en su enorme popularidad y creciente recepción positiva.

            Antes de continuar, habría que definir qué es Quality TV o televisión de calidad. Steiner la define como una construcción discursiva que es utilizada por una variedad de agentes –incluyendo a los funcionarios de la red, productores y escritores– para asignar un valor cultural al texto de una televisión (i.e. una serie).

Para revelar el funcionamiento detrás de la atribución discursiva de calidad, Steiner relaciona el concepto autoral de los estudios literarios con el de los medios visuales, al mismo tiempo que analiza la puesta en escena y la estructura narrativa del episodio piloto de GoT para detectar los marcadores de una voz autoral dentro del texto, es decir, de la serie. Asimismo, utiliza otros materiales (paratext) –tales como revisiones críticas, entrevistas y comentarios de los productores y el autor original, así como material extra incluido en la caja de DVD de la serie– para explorar cómo el equipo de Benioff y Weiss (productores y escritores) y George R.R. Martin (autor de la saga de libros en la que está basada la serie) ayudan a fabricar y promover la presencia de un ‘productor-auteur’ colectivo que fomenta que el texto sea percibido como una narrativa televisiva de calidad.

El concepto de autoría data de la época del Renacimiento y era aplicado a un individuo que mediante el acto de la escritura se convertía en un creador de arte divino. No obstante, debido a la naturaleza colaborativa que existe en los medios visuales, hoy día es imposible precisar un solo autor detrás de la creación de una serie. Actualmente la autoría en la televisión está intrínsecamente relacionada a lo que en inglés es denominado showrunner-auteur, que es una mezcla de escritor, productor y director. Sus responsabilidades son tantas –desde supervisar el guión y la edición del sonido, hasta añadir su propia visión artística al proceso creativo– que su papel puede equipararse al de un novelista o cineasta; poco a poco, el showrunner-auteur se ha ido convirtiendo y ha sido percibido como un garante de arte. A esto último debe añadirse que desde éxitos como The Sopranos, Six Feet Under, The Wire o Boardwalk Empire, HBO ha puesto especial atención en crear una vida pública en torno al showrunner-auteur, presentándolo como alguien que produce televisión artísticamente valiosa y, por ende, de calidad. Así, aunque en los últimos años hayan existido series por otras cadenas televisivas o plataformas de streaming que hayan copiado este tipo de promoción (como Breaking Bad de AMC o House of Cards de Netflix), dicho fenómeno es una “HBO-ficación” de la televisión dramática estadounidense.

Steiner explica que no es posible que una sola persona se encargue de la integridad artística de una serie, por lo que resulta más apropiado hablar de una voz autoral que de un único autor. La forma más fácil de encontrar la voz autoral en Game of Thrones es echando un vistazo a la estructura narrativa y la puesta en escena. Desde la secuencia de apertura, que es un mapa CGI del mundo de Game of Thrones, se observan las distintas subtramas y su interconexión: los engranajes maestros en el centro de cada reloj, adornados con el escudo de las principales familias participantes, ayudan a identificar los reinos de las casas correspondientes. La cámara va saltando de ubicación en ubicación, tal y como lo hace el propio episodio, que salta entre las distintas subtramas y personajes.

Ahora bien, ¿a quién se le puede atribuir la autoría de esta serie? Al fin y al cabo, pese a que los verdaderos showrunners, Benioff y Weiss, son los responsables de reimaginar y alterar las historias del libro, dicho proceso adaptativo debe ser autorizado por Martin, el autor original. Ante este aparente obstáculo, Steiner decide utilizar una serie de paratexts, que son elementos que enmarcan de algún modo al texto/serie. Aunque puede haber muchos paratexts, Steiner se enfoca en las declaraciones personales de los showrunners y del equipo de producción incluidos en la caja de DVD de la serie (el comentario sobre la creación del idioma ficticio Dothraki para la serie), los comunicados de prensa de HBO y George R. R. Martin, la interacción multimedia entre HBO y los fans (la guía del espectador en el sitio oficial de GoT), el blog oficial de Martin y las reseñas críticas de la serie. Todos estos elementos contribuyen no sólo a una espléndida campaña publicitaria y de mercadotecnia, sino que se convierten en indicadores de calidad autoral, culminando en una retroalimentación abrumadoramente positiva de la serie.

De este modo, Steiner concluye que tanto la estructura narrativa de la serie –varias historias simultáneas que se narran por separado pero que se interrelacionan– como los distintos paratexts desempeñan un papel integral en la creación de valor o calidad de una serie. En el caso de Game of Thrones, el discurso autoral es deliberadamente destacado mediante todos los componentes ya mencionados, los cuales ayudan a forjar un sentido de valor –sea negativo o positivo. No obstante, los más de doce millones de espectadores que sintonizaron el final de temporada el pasado 27 de agosto me obligan a coincidir con Steiner cuando afirma que la construcción de una voz autoral en la serie la elevan al nivel de un programa de televisión de calidad que promete unicidad e ingenio y que pone la autoría como un elemento sustancial que, al construirse discursivamente, es empleada como un como un indicador de calidad en la comercialización de la serie de la cadena televisiva estadounidense de HBO. Dicho de otro modo, lo que Steiner demuestra es que mediante la construcción de este tipo de autoría, el texto experimenta una especie de mejora o actualización cultural, elevando la serie de la categoría de ‘fantasía popular’ a ‘televisión de calidad’.

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