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Donna Haraway: Cyborgs, primates y perros

3 Abr

 

Doctora en Biología por la Universidad de Yale, Donna Haraway es conocida por sus aportaciones al feminismo y a los estudios culturales desde una perspectiva tecnocientífica. Su teoría cyborg, presentada en su ensayo de 1985 “A Manifesto for Cyborgs: Science, Technology, and Socialist Feminism in the 1980’s”, ha sido retomada por múltiples autores en campos tan diversos como el socialismo, el feminismo, la teoría queer y la ecología. En este post hacemos un breve recuento de su obra presentando algunos de sus textos más importantes. La colección The Haraway Reader, editada por Routledge, recopila 9 ensayos y una entrevista que recorren algunas de las variadas líneas de investigación abordadas por la autora: desde su famoso manifiesto cyborg hasta sus incursiones más recientes en el campo de los animal studies con el concepto de las companion species, pasando por fascinantes lecturas de la historia del discurso primatológico, la construcción del género en el método científico moderno y la significación de la sangre en la tecnociencia de los siglos XIX y XX. Además de The Haraway Reader, este post incluye enlaces a las versiones completas de los libros de dónde fueron extraídos algunos de los ensayos de la colección, así como a otras obras que pueden resultar de interés. En total, el post incluye las siguientes obras:

 

 

  • The Haraway Reader (2004), la ya mencionada colección
  • Primate Visions (1989): estudio sobre el lugar del género y la raza en la ciencia primatológica. Fuente de “Teddy Bear Patriarchy: Taxidermy in the Garden of Eden, New York City, 1908-1936”, quinto ensayo de The Haraway Reader.
  • Modest_Witness@Second_Millenium.FemaleMan ©_Meets_OncoMouse™ (1997): exploración de la tecnociencia del siglo XX desde una perspectiva feminista. El título hace referencia a la figura del “testigo modesto” propuesta por Robert Boyle en los albores de la ciencia experimental, a la que Haraway opone su idea del Female Man, la cual utiliza para analizar, entre otras cosas, el fenómeno del OncoRatón, una especie genéticamente modificada de ratón patentada por DuPont para el estudio del cáncer. Fuente de los ensayos número 7 y 8 de The Haraway Reader: “Modest_ Witness@Second_Millennium” y “Race: Universal Donors in a Vampire Culture. It’s All in the Family: Biological Kinship Categories in the Twentieth-Century United States”
  • The Companion Species Manifesto (2003): obra en la que Haraway responde a su famoso manifiesto cyborg con la figura de la companion species, aquellas especies (como los perros) con necesidades e historias evolutivas propias con las que los seres humanos (y los cyborgs) compartimos el planeta. Versión expandida de las notas que conforman el ensayo número 9 de The Haraway Reader, “Cyborgs to Companion Species: Reconfiguring Kinship in Technoscience”.
  • Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene (2016): la obra más reciente de Haraway, una serie de reflexiones sobre la importancia de crear vínculos íntimos entre seres humanos y no-humanos en la actual época geológica, que la autora opta por llamar Chthuluceno en lugar del más difundido término de Antropoceno.
  • Incluímos también las versiones en español de dos de los ensayos más icónicos de Haraway, número 1 y 3 en The Haraway Reader: “A Manifesto for Cyborgs: Science, Technology, and Socialist Feminism in the 1980’s” y “The Promises of Monsters: A Regenerative Politics for Inappropriate/d Others”

The Haraway Reader incluye los siguientes ensayos:

  1. “A Manifesto for Cyborgs: Science, Technology, and Socialist Feminism in the 1980’s”: el famoso ensayo en que Haraway propone la figura del cyborg como “an ironic political myth faithful to fem­inism, socialism, and materialism”. El texto describe el colapso de las dicotomías humano/animal, organismo/máquina y físico/inmaterial causado por los avances tecnológicos del siglo XX. Además, la autora hace una crítica de las tendencias totalizadoras de los feminismos socialistas y radicales para explicar la necesidad del cyborg como mito para estudiar la época actual y su “informática de la dominación”.
  2. “Ecce Homo, Ain’t (Ar’n’t) I a Woman, and Inappropriate/d Others: The Human in a post-Humanist Landscape”: estudio de las figuras de Jesucristo y la activista antiabolicionista y feminista Sojourner Truth desde la idea del “otro inapropiado/able”, que Haraway toma de la teórica vietnamita Trinh Minh-ha.
  3. “The Promises of Monsters: A Regenerative Politics for Inappropriate/d Others”: descrito como “a mapping exercise and travelogue through mind-scapes and landscapes of what may count as nature in certain local/global struggles”. Haraway divide su recorrido teórico en cuatro espacios: espacio real (la Tierra), espacio exterior (lo extra-terreste), espacio interior (el cuerpo biomédico) y espacio virtual (Ciencia Ficción). A lo largo de estas cuatro secciones, la autora aborda, entre otros, temas tales como las implicaciones raciales de los estudios primatológicos de Jane Goodall, el lanzamiento del chimpancé HAM en vuelo suborbital, el discurso inmunológico en la política militar y el cuento de ciencia ficción “Press Enter” de John Varley.
  4. “Otherworldly Conversations; Terran Topics; Local Terms”: ensayo en que Haraway elabora sobre la idea de la naturaleza como topos y tropos, planteada en “The Promises of Monsters”, así como sobre la importancia de los actores no-humanos en fenómenos planetarios. Después de tres anécdotas personales sobre perros, patos y enzimas, la autora pasa a realizar lecturas críticas de cuatro textos: Darwin’s Metaphor de Robert Young, Humans and Other Animals de Barbara Noske, Memories of a Spacewoman de Naomi Mitchinson y Origins of Sex de Lynn Margulis y Dorion Sagan.
  5. “Teddy Bear Patriarchy: Taxidermy in the Garden of Eden, New York City, 1908-1936”: estudio crítico sobre el Museo Americano de Historia Natural y la vida del taxidermista norteamericano Carl Akeley, responsable de las exhibiciones más famosas de dicho museo. Haraway analiza a la taxidermia y la museografía como tecnologías históricamente situadas que han servido para construir una visión ideológica específica del mundo, lo humano y la masculinidad.
  6. “Morphing in the Order: Flexible Strategies, Feminist Science Studies, and Primate Revisions”: ensayo en que Haraway retoma algunos puntos planteados en Primate Visions, presentando la primatología como fuente de autoconocimiento para los sujetos humanos, más que como forma de obtener conocimiento “objetivo” sobre la naturaleza. La autora explica su noción del “conocimiento situado” como forma de criticar lo que normalmente podría interpretarse como “prejuicio” en los discursos científicos. A partir de esta noción, Haraway hace un recuento del debate primatológico alrededor de la unidad de estudio más apropiada para estudiar chimpancés (par heterosexual monogámico, par madre/hijx o grupo-unidad bisexual de múltiples machos), así como del proceso que llevó a la aceptación de las hembras como entes con estrategias reproductivas propias dignas de estudio.
  7. “Modest_ Witness@Second_Millennium”: en este texto, Haraway discute la idea del “testigo modesto”, planteada por Robert Boyle en el s.XVII como el sujeto ideal de ciencia experimental. Las ideas de Boyle marcaron la pauta para el discurso científico moderno y eliminaron a la mujer como sujeto válido para la práctica científica. En el texto, la autora hace un llamado a redefinir al sujeto científico y a replantear ideas como la “objetividad”.
  8. “Race: Universal Donors in a Vampire Culture. It’s All in the Family: Biological Kinship Categories in the Twentieth-Century United States”: recuento de los tres grandes paradigmas que informaron a los estudios biológicos durante el siglo XX: la raza, la población y el genoma. Aunque cada uno de estos paradigmas tenía una visión más “universal” que el anterior, los tres tenían a la sangre por elemento esencial. Al llegar a la era de la genómica, Haraway recurre a tres objetos de estudio para los conceptos de familia, raza y especie en la ciencia contemporánea: el ya mencionado OncoRatón de DuPont, un anuncio de la compañia de seguros PreMed y una portada de la revista Time en la que aparece una cara generada por computadora de “la futura cara de Norteamérica”.
  9. “Cyborgs to Companion Species: Reconfiguring Kinship in Technoscience”: apuntes para lo que se convertiría en el Companion Species Manifesto. Haraway plantea las companion species como una alternativa a la idea del cyborg, que ya había perdido parte de su fuerza como figura teórica subversiva. Dentro de la red de las companion species, el cyborg  es uno de muchos seres hermanos. La autora explica la importancia de no pensar a las companion species, sino de pensar con ellas, pues cada una tiene una historia evolutiva, intereses y necesidades propios que sólo involucran parcialmente a los seres humanos. Ejemplo de esto es el perro: mientras algunos estudios proponen que el humano domesticó al perro y otros invierten esta relación, estudios más recientes plantean que ambas especies co-evolucionaron a partir de necesidades únicas que las pusieron en contacto y llevaron a la cohabitación de humanos y perros.
  10. “Cyborgs, Coyotes, and Dogs: A Kinship of Feminist Figurations” y “There Are Always More Things Going on Than You Thought! Methodologies as Thinking Technologies”: en esta entrevista en dos partes con Nina Lykke, Randi Markussen, y Finn Olesen, Haraway explica los aspectos más importantes de sus teorías, como la importancia de las figuras como herramienta teórica, el paso del cyborg a las companion species, su elección por estilos “poco claros” al momento de escribir, la recepción y respuestas a “A Cyborg Manifesto”, etcétera.

 

Resumen de “A Manifesto for Cyborgs”:

 

The Haraway Reader comienza con uno de los ensayos más conocidos y comentados de la autora: “A Manifesto for Cyborgs: Science, Technology, and Socialist Feminism in the 1980’s”, publicado en 1985. En este ensayo, Haraway propone la figura del cyborg como “an ironic political myth” (7) que pueda conectar al feminismo con el socialismo y el materialismo. Planteado por primera vez durante la carrera espacial entre EEUU y la URSS y retomado popularmente por la ciencia ficción, un cyborg es un híbrido entre organismo biológico y artefacto tecnológico. Para Haraway, el cyborg es “a creature of social reality as well as a creature of fiction” (7): lejos de limitarse a ficciones y laboratorios de tecnologías de punta, el cyborg es una figura que permea la vida global durante el siglo XX. Por su naturaleza híbrida, el cyborg es parcial, incompleto, irónico y perverso, por lo que tiene su propia ontología y política radicalmente alejada de los paradigmas del humanismo tradicional. A partir de esta figura, Haraway propone una política cyborg, que contribuya a las causas del socialismo y el feminismo “in a post-modernist, non-naturalist mode and in the utopian tradition of imagining a world without gender, which is perhaps a world without genesis, but maybe also a world without end” (8). El cyborg, nos explica Haraway, no es una figura de salvación o de perfección futura, pues al ser “the illegitimate offspring of militarism and patriarchal capitalism, not to mention state socialism” (10), su potencial para crear cambio es ambivalente. Sin embargo, por tratarse de un ser sin origen en el sentido de una completud original a la cual regresar, el cyborg puede escapar a las lógicas edípicas y teleológicas de Occidente para crear un futuro no necesariamente mejor, pero sí radicalmente diferente.

Para explicar mejor la figura del cyborg y sus implicaciones políticas, Haraway hace un recuento de los tres binarios clave del humanismo que los avances tecnológicos y científicos del siglo XX han desestabilizado: la separación entre lo humano y lo animal, difuminada por la biología evolutiva; la barrera entre el organismo y la máquina, problematizada por los avances en la robótica y la medicina; y por último, la distinción entre lo físico y lo inmaterial, confundida por la miniaturización de la tecnología y la ubicuidad de los espectros electromagnéticos. En este panorama de humanos animales, naturaleza tecnologizada y materialidad invisible, el cyborg se vuelve una realidad omnipresente. Esto puede considerarse tanto una catástrofe apocalíptica de dominación planetaria como una oportunidad utópica para estrechar lazos entre todos los seres vivientes de la Tierra, una liberación de las prisiones de la identidad estable y totalizadora. Para Haraway, la clave de la política cyborg se encuentra no en tomar partido por una de estas dos posibilidades para desechar la otra, sino en mantener una constante visión doble: “to see from both perspectives at once because each reveals both dominations and possibilities unimagin­able from the other vantage point” (14).

Para mostrar la necesidad de la figura del cyborg, Haraway hace un análisis crítico tanto de los femismos marxistas/socialistas como del feminismo radical, pues ambos ejemplifican las tendencias totalizadoras de la teoría occidental. Los feminismos marxistas han introducido el trabajo femenino en la teoría marxista por analogía con la teoría general del trabajo y la alienación, de modo que la mujer se configura como un sujeto unificado a partir de su trabajo reproductivo y doméstico. El problema con esto, para Haraway, es la asimilación de la mujer al humanista occidental del marxismo, que borra experiencias de vida hechas visibles por el discurso anticolonial (17-18). Por otro lado, el feminismo radical, que Haraway ejemplifica con la obra de Catherine MacKinnon, señala la insuficiencia del marxismo para establecer una unidad de las mujeres como sujeto. En la teoría de MacKinnon, la posición de la mujer se analiza desde el género en lugar de la clase, con el resultado de que en lugar de verse alienada del producto de su trabajo por una relación de trabajo asalariado, se ve objetificada por una relación de apropiación sexual, con la consecuencia de que la mujer se vuelve un no-sujeto, un ser constituido totalmente por el deseo del hombre. Aunque Haraway considera importante la separación que MacKinnon hace de la dominación de clase y de género, no termina de aceptar su conclusión respecto a la condición de la mujer como no-sujeto, pues le parece “an even more authoritarian doctrine of experience” (18). Tanto el feminismo socialista como el radical borran la polivocidad de la experiencia femenina y las diferencias irreductibles entre mujeres de distintas partes del mundo, las cuales sólo pueden ser asimiladas por analogía y extensión en dichas teorías.

El feminismo cyborg que plantea Haraway no pretende desechar las contribuciones de los feminismos socialistas y radicales, sino que intenta compensar sus deficiencias al basarse en una multiplicidad de perspectivas parciales, en lugar de buscar la totalidad y unidad de la mujer como sujeto. Para esto, Haraway explica con detalle la nueva forma de dominación tecnocientífica producida durante el siglo XX, que llama “la informática de la dominación”, la cual surge del afán de la tecnociencia por instituir “a common language in which all resis­tance to instrumental control disappears and all heterogeneity can be submitted to disassembly, reassembly, investment, and exchange” (23). Las tecnologías biológicas y de la comunicación funcionan como instrumentos de dominación al utilizar la información como medio de gestión universal, lo cual Haraway resume con el término militar “C3I, command-control-communication-intelligence” (23). Debido a esto, el trabajo sufre cambios estructurales, dando pie a lo que Haraway llama, retomando el término de Richard Gordon, “the homework economy”, en la cual “work is being redefined as both literally female and feminized, whether performed by men or women” (26). Esta feminización se refiere a un aumento en la precariedad de los trabajos, así como una integración del lugar de trabajo, el hogar y el mercado en un solo circuito. Haraway utiliza su teoría cyborg para analizar esta situación económica y el particular papel que en ella juegan las mujeres de color.

Por último, Haraway cierra su ensayo haciendo un inventario de autoras a las que considera relevantes para pensar lo cyborg. La lista incluye teóricas feministas como Audre Lorde, Susan Griffin y Adrienne Rich así como a escritoras de ficción como Joanna Russ, James Tiptree Jr., Octavia Butler y Vonda McIntyre, a quienes considera “theorists for cyborgs” (31). De Audre Lorde, Haraway retoma la figura de “Sister Outsider”, a la que consider afín con el cyborg, especialmente por la gran presencia de mujeres de color en las industrias tecnológicas. La ciencia ficción de las autoras ya mencionadas resulta de interés para Haraway por la forma en que utilizan la imagen del cyborg como medio para desestabilizar ideas sobre el género, el cuerpo y la condición humana. Ejemplos sobresalientes mencionados por Haraway son The Female Man de Joanna Russ, The Ship Who Sang de Anne McCaffrey, Kindred de Octavia Butler y Superluminal de Vonda McIntyre.

 

(Resumen por Lucía Morales)

 

Enlaces:

The Haraway Reader

Primate Visions

-Modest_Witness@Second_Millenium.FemaleMan ©_Meets_OncoMouse™: Inglés, Español

The Companion Species Manifesto

Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene

Manifiesto cyborg (Español)

Las promesas de los monstruos (Español)

Introducción a la fantología, parte 2: Fantología aplicada

6 Mar

En esta continuación a nuestro post anterior presentamos tres textos que ilustran la aplicación de la fantología de Jacques Derrida a una variedad de objetos culturales:

  1. Ghosts of My Life: Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures (2013), de Mark Fisher, es una antología de escritos fantológicos del autor en los que analiza diversas obras musicales y cinematográficas;
  2. In the Company of Ghosts: Hauntology, Ethics, Digital Monsters (2016), de Line Henriksen, explora la fantología como una ética relacional basada en el riesgo a través del estudio detallado de varias obras web con temas sobrenaturales; por último,
  3. El artículo “The Hauntology of Media Addiction” (2014) de Eva Zekany analiza el discurso alrededor de la “adicción a los medios” como un fenómeno fantológico producto de mecanismos biopolíticos.

Asimismo incluimos la compilación The Spectralities Reader: Ghosts and Haunting in Contemporary Cultural Theory, editada por María del Pilar Blanco y Esther Peeren, que recopila 31 ensayos sobre fantología en relación con cuestiones filosóficas, políticas, geográficas, históricas, identitarias y mediáticas.

 

Mark Fisher – Ghosts of My Life: Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures

En los textos reunidos en este libro, Mark Fisher analiza una variedad de manifestaciones musicales y cinematográficas desde una lente fantológica. La introducción, “Lost Futures”, contiene dos ensayos a manera de introducción. En “The Slow Cancellation of the Future”, Fisher desarrolla las ideas presentadas en el texto “What is Hauntology?” (compartido en el post anterior) acerca del modo nostálgico presente en la cultura popular contemporánea, el cual considera síntoma de las políticas neoliberales globalizadoras de las décadas de 1970 y 1980. La frase que da título al libro es tomada del libro After Future, de Franco Berardi, y hace referencia a la gradual desaparición de la innovación en las formas culturales a partir de dichas décadas (Fisher 15). Más que considerar que los nuevos productos culturales sean necesariamente de baja calidad, Fisher se asombra de la “sheer persistence of recognisable forms” (16). Dónde los géneros musicales que aparecieron de 1960 a principios de la década de 1990 presentaban cambios estilísticos notorios, la música más reciente cada vez se muestra más incapaz de producir formas que evoquen la misma sensación de escuchar algo que no podía haber existido antes (16). El caso del sonido “futurista” de la música electrónica es, para Fisher, el ejemplo paradigmático de esto: ha pasado de describir formas musicales novedosas a ser un estilo establecido fácilmente reconocible, hasta el punto de considerarse “retro” (Fisher 17). Fisher especula que las condiciones que permitían la innovación artística han sido eliminadas por la desaparición de políticas de bienestar social durante el thatcherismo, así como por las condiciones precarias de trabajo características del posfordismo (20). La privatización de las televisoras y radiodifusoras públicas, por ejemplo, ha hecho que la producción creativa se rija por normas de mercado que subordinan la experimentación a las necesidades de mercado (21). En tales circunstancias, se vuelve útil recurrir a la fantología derrideana, pues el fantasma del futuro que alguna vez se pudo imaginar se manifiesta repetidamente en diversas obras, como la música de James Leyland Kirby y otros artistas analizados por Fisher. Asimismo, el colapso del espacio y el tiempo causado por la ubicuidad de las tecnologías de telecomunicación como el internet (por ejemplo, la capacidad de acceder a cantidades masivas de material de archivo antiguo) facilitan la reaparición de los fantasmas de estos “futuros perdidos” (Fisher 23-24). La segunda parte de la introducción, “Ghosts of My Life”, es un ensayo con tintes autobiográficos acerca de tres de los artistas favoritos de Fisher: Goldie, productor de música jungle; Japan, grupo de art-pop electrónico; y Tricky, pionero de la escena trip-hop. Estos tres artistas son representativos de los géneros musicales a los que Fisher prestará especial atención en los textos que forman el resto del libro.

El resto del libro consiste en tres secciones. La primera, “The Return of the 70s” contiene cinco ensayos que tratan sobre diferentes fenómenos culturales pertenecientes a (o relacionados con) la década de 1970, desde Joy Division hasta el escándalo sobre los abusos sexuales cometidos por Jimmy Savile, estrella de la televisión británica setentera, pasando por la serie de 2011 Life on Mars (en la que un policía contemporáneo es transportado a 1973). La segunda sección, “Hauntology”, consiste de doce ensayos analizando varias obras en las que lo fantasmal tiene una presencia importante, como la música de James Leyland Kirby (por su tratamiento fantológico del pop del período de entreguerras), la película The Shining de Stanley Kubrik (por su temática del retorno espectral y la repetición del pasado), la música de Little Axe (por sus ecos con la novela de Toni Morrison Beloved y su adaptación cinematográfica), entre muchas otras. Por último, los siete textos que conforman “The Stain of Place” exploran la relación entre lo espectral y el espacio en obras como la fanzine psicogeográfica Savage Messiah de Laura Oldfield Ford, el álbum So This is Goodbye de The Junior Boys y la película Inception de Christopher Nolan. Los temas de la nostalgia, la desaparición del futuro como posibilidad imaginativa y el retorno espectral del pasado son los hilos conductores de estas tres secciones.

 

Line Henriksen – In the Company of Ghosts: Hauntology, Ethics, Digital Monsters

En su tesis doctoral para la Universidad de Linköping, la crítica danesa Line Henriksen explora la relación entre los medios digitales y la espectralidad, con miras a delinear una ética fantológica que responda a la pregunta ¿cómo relacionarse con las presencias ausentes de los espectros sin pretender volverlos presentes? (Henriksen 14). La idea de fantología que Derrida presenta en Espectros de Marx sugiere que todo aquello que existe lo hace en relación con Otros ausentes, espectrales. Una ética fantológica, por lo tanto, debe considerar las responsabilidades no solamente para con lo inmediato y presente, sino también para con las presencias espectrales de aquello que ya no está y aquello que aún no es (14). Esta responsabilidad implica no caer en la tentación de quitarle su dimensión espectral al fantasma; no podemos exigirle que se materialice o que desaparezca (Henriksen 19). ¿Cómo, entonces, podemos relacionarnos con los espectros? Para Henriksen, las tecnologías de la telecomunicación apuntan a una respuesta, pues en ellas los fantasmas proliferan y se albergan manteniendo su ambigüedad ontológica (22). En los cinco capítulos de su libro, Henriksen dialogará con varios textos web con temáticas sobrenaturales para proponer una ética relacional basada en la fantología. Para ello recurrirá, además de a la fantología derrideana, al método teórico-cartográfico de la ciberfeminista Donna Haraway, los monster studies de Rosi Braidotti, y las perspectivas neomaterialistas de Stacy Aliamo, Diana Coole y Samantha Frost.

Los textos estudiados por Henriksen en su libro son: Mushroom Land TV/Smile Guide, una serie de videos  polacos publicados en YouTube; Welcome to Night Vale, un podcast estadounidense bimensual; The Curious Case of Smile.jpg, un texto viral anónimo circulado por internet; y “My dead girlfriend keeps messaging me on Facebook”, una publicación de la red social Reddit. Mushroom Land TV/Smile Guide consiste en cuatro videos  que simulan ser un programa para niños de la década de 1980, presentado por una niña llamada Agatka y su amiga animada, la ardilla Malogisa. Cada video comienza como un tutorial para realizar tareas confusas tales como “How to effectively apple” o “How to your own hair”, cuyas instrucciones son interrumpidas por imágenes no relacionadas, así como por una narrativa misteriosa en la que la madre de Agatka cuenta como la niña fue secuestrada y llevada a “la tierra de los hongos”. Welcome to Night Vale es un podcast en el que Cecil, el presentador, narra la curiosa vida cotidiana de un pueblo llamado Night Vale, en medio del desierto, donde los eventos sobrenaturales están a la orden del día. The Curious Case of Smile.jpg cuenta la historia de una imagen que muestra a un perro con sonrisa humanoide, el cual invade los sueños de quién lo vea, obligándole a circular la imagen a más personas. Por último, “My dead girlfriend keeps messaging me on Facebook” es un post hecho por un muchacho, llamado Nathan, que ha recibido mensajes misteriosos vía Facebook de su novia que murió en un accidente meses antes. El autor del post pide ayuda a la comunidad de Reddit para lidiar con el suceso sobrenatural. Henriksen elige estos textos por el modo en que interactúan con el lector, desestabilizando su relación con la tecnología y creando áreas de incertidumbre respecto a su ficcionalidad; estos textos producen una expectativa en el lector, abriendo posibilidades de que algo indeterminado acontezca (Henriksen 58).

Henriksen utiliza estos cinco textos como ejemplos de modos de relacionarse con lo espectral y delinea, a partir de ellos, una ética fantológica basada la hospitalidad incondicional para con lo Otro y el riesgo que ésta conlleva. El primer capítulo del libro, “Tempting the Ghosts Out” ejemplifica el estilo de escritura, basado en las teorías de Donna Haraway, que Henriksen utilizará el resto del libro para abordar su tema de estudio. El segundo capítulo, “The Curse” discute las diferencias entre la moral tradicional y la ética relacional de la fantología, en la cual el sujeto tiene que tomar una posición de responsabilidad ante la agencia incognoscible de lo espectral. El tercer capítulo, “The Void” explora la relación entre la nada y el algo, así como el papel jugado por la internet como medio por el que el vacío produce acontecimientos inesperados. El cuarto capítulo, “The Smile” reflexiona sobre la agencia del espectro y las implicaciones de la hospitalidad para con la otredad radical. Por último, el quinto capítulo, “A trick”, detalla la importancia de la mentira y el fraude como medios para la evocación de lo espectral.

 

Eva Zekany – The Hauntology of Media Addiction

Publicado en 2014 en la revista FORUM, de la Universidad de Edinburgh, este artículo de Eva Zekany analiza el discurso alrededor de la “adicción mediática” en términos fantológicos. La popularidad del internet y otros medios digitales en el mundo actual ha producido ansiedad respecto a qué constituye un uso “moderado” y “prudente” de estas tecnologías: la abstención total es tachada de ludita, mientras que un entusiasmo excesivo se considera patológico (Zekany 2). Debido a esto, diversas fuentes académicas y periodísticas se han dedicado a denunciar los peligros de la adicción mediática: la dependencia patológica a diversas tecnologías como los videojuegos, el internet, las redes sociales, etcétera. Desde testimonios autobiográficos de “adictos” en recuperación hasta estudios científicos sobre los efectos de estas tecnologías sobre la mente y el cuerpo, estos discursos producen alarma alrededor de los peligros de los así llamados new media (Zekany 3). Zekany señala que este tipo de miedos no son algo nuevo, sino que se han presentado a lo largo de la historia con la aparición de tecnologías como el telégrafo, la radio, el teléfono, etcétera, aunque a diferencia de estos casos, el discurso de la adicción mediática se centra en la figura individual del adicto y su recuperación más que en los peligros para las estructuras sociales a gran escala (3). Asimismo, la adicción mediática se relaciona con mecanismos biopolíticos, pues los síntomas del trastorno están enfocados principalmente en la capacidad productiva del adicto (Zekany 7). La autora recurre a la perspectiva fantológica pues lo espectral se encuentra presente en la relación con las tecnologías de la telecomunicación, en la figura del adicto y en las ansiedades despertadas por la idea de mediación.

Las telecomunicaciones dan pie a fenómenos espectrales debido a que colapsan las distancias espaciotemporales, abriendo así un “electronic elsewhere; an invisible utopian realm generated and accessed through the electronic medium” (Zekany  4). Asimismo, La aparición de las radiodifusoras y las programaciones radiofónicas masivas produjo fuertes miedos a la deshumanización y a la pérdida de la identidad individual (Zekany 5). La “inhumanidad” de las telecomunicaciones sólo se ha visto incrementada por la llegada del internet, donde imágenes, videos y otros archivos multimedia frecuentemente juegan el papel de “villanos” en textos virales de terror como los estudiados por Line Henriksen (Zekany 5). Aunque los discursos médicos y periodísticos alrededor de la adicción mediática resultan más “terrenales” en comparación, hacen eco de todas estas preocupaciones espectrales.

La posibilidad abierta por los new media de disociar al cuerpo de la mente es uno de los motores principales del miedo a la adicción mediática. El adicto es una figura espectral porque abandona el “mundo real” en favor de una existencia aparentemente incorpórea en la red y deja así de ser “humano” en un sentido tradicional (Zekany 6). El discurso médico y periodístico alrededor de la adicción mediática se centra en la afectividad del adicto, considerando que ha establecido una relación “inapropiada” con la tecnología (Zekany 7). Las telecomunicaciones son consideradas dañinas en la medida en que su uso desestabiliza las nociones tradicionales de lo humano y vuelve al adicto similar a los aspectos más inhumanos de la tecnología.

Por último, la mediación misma tiene una dimensión espectral. Zekany señala cómo en los discursos de la adicción mediática, el internet no es únicamente un medio neutral de transmisión que facilita el acceso a un objeto de adicción, sino como una entidad con agencia propia que transforma al objeto en algo de lo cual volverse adicto (8). Así, el medio se convierte en causa de la conducta adictiva y no solamente en un facilitador de ésta. Zekany compara este discurso con el que, en los siglos XVIII y XIX, condenaba a las novelas como fuente de corrupción moral en las mujeres (7). El discurso convierte así al  medio en una máquina de producción de sujetos espectrales. Los mecanismos de control biopolítico juegan un papel importante en este proceso. Zekany señala lo nebulosos de los síntomas que describen la adicción mediática y lo poco concretos que resultan en comparación con adicciones químicas como la de la nicotina u otras drogas (8). Los síntomas propuestos por diversos estudios suelen enfocarse en cómo la adicción afecta las capacidades productivas del sujeto (Zekany 9). Estos estudios científicos, aun cuando no son directamente usados en la imposición de políticas específicas de control institucional, sientan las bases de un discurso que pretende regular a los cuerpos humanos como fuerza laboral al presentar todo aquello que afecte la productividad como patológico; en este sentido, la adicción mediática cumple una función regulatoria similar a la de los diagnósticos de histeria femenina, pues patologiza conductas que reducen la capacidad productiva de los sujetos (Zekany 8).

En resumen, Zekany compara los discursos de la adicción mediática con casos de ansiedades similares despertadas por tecnologías anteriores desde una lente fantológica. De este modo, traza una breve historia de los mecanismos biopolíticos que buscan domesticar los espectros evocados por las telecomunicaciones. Las transformaciones que las tecnologías producen en sus usuarios son recibidas con miedo pues insinúan la posibilidad de dejar de perder aspectos de lo que tradicionalmente se considera humano, amenazando así las estructuras productivas establecidas de la sociedad. El adicto a la información resulta una figura espectral intimidante, pues su dimensión material se ve disminuida por el uso de tecnologías que colapsan las distancias espaciotemporales, permitiéndole así escapar momentáneamente de sus limitaciones físicas y entrar en contacto con aquello que no es propiamente humano.

 

(Resumen por Lucía Morales Tovar)

Enlaces:

-Mark Fisher – Ghosts of My Life: Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures

https://es.scribd.com/document/340953679/Ghosts

 

-Line Henriksen – In the Company of Ghosts: Hauntology, Ethics, Digital Monsters

https://www.academia.edu/30164087/In_the_Company_of_Ghosts_-_Hauntology_Ethics_Digital_Monsters

 

-Eva Zekany – “The Hauntology of Media Addiction”

https://www.academia.edu/9645807/The_Hauntology_of_Media_Addiction_2014_

 

-María del Pilar Blanco y Esther Peeren (eds.) – The Spectralities Reader: Ghosts and Haunting in Contemporary Cultural Theory

https://es.scribd.com/document/340950816/The-Spectralities-Reader-Ghosts-and-Haunting-in-Contemporary-Cultural-Theory

¿Qué NO son los estudios culturales? Cary Nelson

5 Nov

mla-pannapacker

Cary Nelson. “Always Already Cultural Studies: Two Conferences and a Manifesto”. The Journal of the Midwestern Modern Language Association, Vol. 24, No.1, Cultural Studies and New Historicism (primavera 1991). 24-38.

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

De acuerdo con Cary Nelson, los Estudios Culturales enfrentan un problema mayúsculo, y éste no es sino el hecho de que propenden a la despolitización. Éste no es un hecho menor:  cualquiera que haya leído tan sólo un poco sobre Estudios Culturales se dará cuenta que se trata, ni más ni menos, de la supresión de aquello que desde la época de Birmingham da sentido a su existencia misma. Porque los Estudios Culturales no son sólo un programa académico, sino, por el contrario, una disciplina que busca extenderse más allá de las aulas, intuimos la idea que Nelson desliza sutilmente: despolitizar los Estudios Culturales es de cierta manera anularlos.

            Es cierto también que este hecho arroja una explicación ulterior. En Estados Unidos —pues es precisamente de los Estudios Culturales en los Estados Unidos que se ocupa este artículo— se ha tendido al sectarismo, sectarismo que ha procurado escindir los estudios culturales norteamericanos de aquellos de Europa. No obstante, este intento de cisma ha logrado únicamente un debilitamiento teórico de los primeros dado que se ha impuesto una suerte de orfandad intelectual, y una cuyas consecuencias son fatales: “de todos los movimientos intelectuales que se han difundido en las humanidades en Norteamérica durante los últimos veinte años, ninguno será tomado tan superficial, oportunística, irreflexiva, y ahistóricamente como los Estudios Culturales”— sostiene Nelson, en una arrebatado párrafo que da santo y seña de lo apuntado líneas atrás.

            Así llegamos, pues, al objeto central del artículo: dar cuenta de dos conferencias sucedidas en la década de los noventa, así como de un manifiesto. Comencemos entonces por las conferencias. Éstas son dos que tuvieron lugar en Oklahoma e Illinois. ¡Y vaya que es grande la diferencia entre ellas! La primera, dice Nelson, da la impresión de ser un mero remedo semiótico, y uno donde ni siquiera se sabe a ciencia cierta ¡qué son los Estudios Culturales! De ahí, en efecto, que la conclusión de Nelson sea la siguiente: hay mucho que hacer respecto a las motivaciones que hicieron ir a los asistentes de esa conferencia —los honorarios en los peores casos—. Y ya ni siquiera hablemos de los mejores, puesto que en ellos únicamente se tocó de manera oblicua lo que a priori debía ser el eje de toda conversación: mi lector lo habrá adivinado, ¡helas!, los Estudios Culturales. En síntesis, afirma Nelson, “la conferencia de Oklahoma fue organizada para tomar ventaja de una oportunidad económica e intelectual”. Dicho en otras palabras, fue el producto de un vulgar oportunismo.

            El recuento de la segunda conferencia es, sin embargo, más amable. Ocurrida en Illinois, esta conferencia es la viva muestra de cómo se debe llevar un proyecto a buen puerto. Y es así por una simple razón: en Illinois se logró  reunir a personas con el único fin de compartir, debatir y defender sus experiencias como estudiosos de la cultura. Y si bien hubo disensos —al grado que algunos de los asistentes pretendieron amotinarse y romper con el formato propio de cualquier conferencia y de cualquier congreso—, éstos no hicieron sino nutrir aún más una discusión de suyo apasionada.

            En último término nos resta el manifiesto. Pese a las incertidumbres que tuvieron lugar en la conferencia de Illinois, Cary Nelson arguye que aún fue posible extraer ciertas conclusiones, mismas que le permiten establecer los rasgos principales de los Estudios Culturales. Y así, tras la participación en otros seminarios y la publicación de un libro, Nelson decide compartirnos dichos rasgos a través de su manifiesto, mismo del cual doy cuenta sucintamente a continuación: los Estudios Culturales no son sólo el análisis de objetos no literarios, tampoco una disciplina que se ocupa únicamente de la llamada cultura popular —y que soslaya entonces la llamada alta cultura—, ni el mero estudio semiótico de un cierto sistema, ni el simple estudio de las características internas de un texto, y mucho menos una metodología que puede aprenderse y, por tanto, aplicarse invariablemente desde ese momento en adelante.

            Al parecer de Nelson, todo esto es lo que no deben ser los Estudios Culturales: resta a nosotros, a los estudiosos de la cultura, dilucidar junto con él qué es lo que sí son.

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Estudios culturales y educación, de Eduardo Restrepo

4 Jun

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Eduardo Restrepo, “Estudios culturales y educación: posibilidades, urgencias y limitaciones”. Revista de investigaciones UNAD Bogotá, Núm. 10, enero-junio. 10-21.

 

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

 

    Este texto es una ponencia presentada en el 4to Seminário Brasileiro de Estudos Culturais e Eduçao y en el 1er Seminário Internacional de Estudos Culturais e Eduçao, ambos sucedidos en Porto Alegre, Brasil. Y, como bien se intuye por el foro para el cual fueron pensados, plantea problemas tocantes a los estudios culturales, en tanto que disciplina, así como sus relaciones con la educación. Expliquémonos, pues, y vayamos por partes.

    En primer lugar, Restrepo ensaya una revaloración del significado que tienen los estudios culturales en la actualidad latinoamericana. Y asegura que, al margen de la situación propia de cada país, existe una tendencia a la institucionalización de dicha práctica, razón por la cual una revalorización como ésta asume carácter de urgente. En principio nos urge a redefinir los Estudios Culturales; y, para ello, establece cuatro puntos fundamentales: uno, concebir la cultura como poder y el poder como cultura; dos, asumir una postura antireduccionista y, por el contrario, fomentar la herejía interdisciplinaria; tres, buscar la transformación del mundo; y cuatro, perseguir en todo momento la contextualización radical. Me permito desarrollar brevemente estas cuatro directrices de los Estudios Culturales.

    De acuerdo con Restrepo, aquello que distingue a los Estudios Culturales de otras disciplinas, como la Sociología o la Antropología, es el hecho de que entienda la cultura como una consecuencia del ejercicio de poder. Porque, en efecto, no concibe la cultura como forma de vida, ni como un campo de relaciones sociales institucionalizadas con su especificidad y cierta autonomía, sino como una extensión de la problemática del poder y la hegemonía. Está, como bien pudimos intuir, circunscrita en la tradición de Antonio Gramsci y Stuart Hall.

    Por otro lado, los Estudios Culturales son antireduccionistas dado que no asumen explicaciones a priori (cosa en la que, al parecer de Restrepo, sí incurren otras disciplinas como la economía o la misma antropología) que condicionen el estudios en una mera corroboración de lo ya planteado de antemano. Es, siempre siguiendo a Restrepo, un pensamiento “sin garantías”.

    Y aún hay más. Que Marx haya dicho en la decimotercera tesis sobre Feuerbach que lo esencial de la tarea filosófica no es interpretar el mundo, sino transformarlo, es para Restrepo otro punto de partida. Y es que de ahí desprende, en efecto, que los Estudios Culturales deban aspirar a la teorización de lo político y a la politización de la teoría: es decir, deben trascender más allá de las aulas y perseguir la intervención política. “Es por esto observa Restrepo  que los estudios culturales nunca son sólo estudios, siempre son algo más”.

    El último de los cuatro puntos esgrimidos por Restrepo, por su parte, es aquel que atañe a la hipercontextualización que exige nuestra disciplina en ciernes. Y se refiere ciertamente a que los Estudios Culturales deben emanar de investigaciones concretas y de las relaciones que éstas establecen con los textos teóricos que las afrentan. De ahí que se tenga que echar mano de diversas metodologías, pues es claro que cada situación exigirá una aproximación particular. Sus rasgos estatuye Restrepo― “están profundamente situados, es decir, no pueden ni pretenden ser idénticos en todas partes y momentos sino más que adquirir una especificidad dependiendo de los contextos, no pueden dejar de ser un auténtico producto de los mismos”.

    Ahora sólo nos resta precisar cuál es la relación que guarda todo esto con la educación. Arguye Restrepo que la educación, no sólo de Colombia, sino del mundo entero, propenda a la internacionalización. Y define este hecho como una mistificación de acuerdo con la cual los países estandarizan sus criterios educativos con el fin de alcanzar como acto seguido un incremento en la calidad de la misma. Agrega, además, que este fenómeno es visto como algo inevitable, como una de las “prédicas celebratorias de la globalización”, como una de las “narrativas teleológicas que presentan como necesario lo que es contingente e histórico obliterando otros principios de inteligibilidad del presente”.

    ¿Y esto qué relación guarda con los Estudios Culturales? Pues bien: detener esta elitización de la educación es, conforme a la tesis de Restrepo, una de las nuevas obligaciones de los Estudios Culturales. Y es que, si éstos tienen un lugar privilegiado dentro de la academia, deberían por esta misma razón cuestionar las políticas educativas de la actualidad. Es, en síntesis, comprender que la educación es, a su manera, una consecuencia propia del ejercicio del poder dentro de las sociedades modernas.

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Introducción a los estudios culturales de Barker y Beezer

7 May

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Martin Barker y Anne Beezer, eds. Introducción a los estudios culturales. Barcelona: Bosch, 1994.

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofia y Letras, UNAM

Comencemos con una cita: “Si la publicación de historias de una disciplina es un signo de su llegada a la madurez entonces los estudios culturales ya han pasado sin duda de la adolescencia a la edad adulta”. Y es que al parecer de quienes editan esta introducción, replantear la naturaleza de los estudios culturales a la distancia de los años es una tarea necesaria. Y lo es principalmente por una razón: porque se busca que los estudiantes, a contrapelo de la llamada “retirada de los textos”, revalúen la tradición bajo la que se formaron sus propios maestros, para que sean capaces de cuestionar sus proyectos —los de sus profesores—  y (re)definir aquellos que les son propios. De ahí, en efecto, que se evite elevar los textos de esta introducción al estatuto de “canónicos”; y que, por el contrario, se quiera que ellos sean únicamente “las pistas de una variedad de problemas y de soluciones posibles, y de diferentes grupos en formación”. En síntesis, una amplio espectro de lo que ha sido la agenda de los estudios culturales en sus más de cuatro décadas de existencia.

Los estudios culturales, se ha dicho ya con insistencia, “estaban decididos a no ser una disciplina, un cuerpo cerrado e internamente convalidado de conocimientos e ideas”. Es de sumo interés recalcarlo, particularmente si observamos que esta introducción no traiciona ese espíritu sine qua non de la disciplina. De modo que, atendiendo esta consideración, los editores se vuelven sobre los problemas ya clásicos: es decir, sobre aquellos que atañen a las relaciones de poder, de hegemonía, a las consideraciones de subalternismo, raza, identidad, etc. Y, desde ahí, es decir, bien asentados en las raíces del Centre for Contemporary Cultural Studies, se vuelcan sobre los caminos que tomaron los estudios culturales hasta el momento mismo de la publicación de nuestra introducción en ciernes: la década de los 90, donde ya se comienzan a perfilar nuevos derroteros.

Tal cual se puede inferir, estos caminos surcan los temas más obvios, pero también otros menos transitados. Y nos llevan del análisis del estilo a la decodificación de anuncios, de  las novelas rosa a telenovelas, del ocio en la época victoriana a los films de James Bond.

Esta Introducción a los estudios culturales es, pues, una radiografía del sendero que ha serpenteado el ejercicio atribuido a Richard Hoggart.  Y goza de las pluma de un Stuart-Hall, de un Barker y una Beezer, editores mismos de la introducción, además de las de Susan Emanuel, John Baxendle, Andrew Blake, Jeff Collins, Mark Jancovich, Kim Clancy, Susan Purdie, Liz Wells y Beverly Skeggs.

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Introducción a los estudios culturales británicos de Graeme Turner

24 Abr

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Graeme Turner. British Cultural Studies: An Introduction. Routledge: Londres y Nueva York, 2002.

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En principio, se busca ofrecer una mirada panorámica —yal mismo tiempo vasta, sin lugar a dudas— de los estudios culturales británicos: punto que exige ya, de suyo, una precisión. Advierte Turner que, en efecto, ceñirr su introducción a aquello que ha sucedido en la Gran Bretaña en materia de estudios culturales no es sino el producto de una decisión práctica; puesto que, si bien la tradición inglesa ha sido imprescindible para la constitución de los estudios culturales (traigamos a nuestras mentes, a manera de ejemplo, el papel del celebérrimo Birmingham Centre for Contemporary Cultural Studies), son innegables por otra parte las aportaciones provenientes de otras coordenadas: ya la de los estructuralistas franceses—Lévi-Strauss, Barthes, Foucault et al. —, ya la de linaje marxista —Gramsci y Althusser, desde Italia y Francia respectivamente—, ya la emanada del otro lado del Atlántico — James Carey y su antropología desde la Universidad de Illinois.

   Esclarecido este punto, prestemos oídos a los objetivos planteados por el mismo Turner: se propone “aplicar los principios de los estudios culturales”; proveer de “un resumen de los estudios etnográficos recientes”; animar “una discusión de las teorías antropológicas de consumo” así como de “cuestiones de identidad y nuevas etnicidades”;  dilucidar “cómo hacer estudios culturales, y una evaluación de sus recientes metodologías”; y así, finalmente, ofrecer “una completa, vigente y comprensiva bibliografía”.

   En otro orden de cosas, es importante decir que Turner anota otros constituyentes seminales de su introducción. Es sabido que, si contra algo se han erigido los estudios culturales, entre otras cosas, ha sido en oposición a: la ortodoxia teórica; la asunción, según la cual existe una clara división entre “alta” y “baja” cultura; y finalmente el abandono de cualquier atisbo de crítica con respecto a las estructuras de dominio social. De modo que se evitará cualquier propensión a aquellas prácticas, para así no traicionar el espíritu mismo de la disciplina en ciernes. Multiplico los ejemplos. En primer lugar, no se tratará a los estudios culturales a manera de monolito, sino que en todo momento se insistirá en su eclecticismo; y se proporcionará, por el contrario,  “una suerte de narrativa en proceso de construcción, que propone maneras de conceptualización de donde el campo de estudio ha estado y de donde debe estar ahora”. Acto seguido, se intentará dirimir por qué atañe a los estudios culturales “lo que comemos, escuchamos, vemos y comemos; cómo nos vemos con relación a los otros; la función de actividades cotidianas como cocinar e ir de compras”. Sólo para concluir más adelante: “los procesos que nos forman —como individuos, como ciudadanos, como miembros de una clase, raza o género particulares— son procesos culturales que funcionan precisamente porque parecen a tal grado naturales, ordinarias e irresistibles”. Y en último lugar, se recalcará lo que es quizá el rasgo distintivo de los estudios culturales: a saber, que su objetivo “no es meramente académico —esto es, un intento por entender tal o cual proceso o práctica—, sino también político, es examinar las relaciones de poder que constituyen esta forma de vida diaria, y así revelar la configuración de intereses para los cuales funciona esa construcción”. Mejor dicho imposible el propósito de British Cultural Studies. An introduction, de Graeme Turner.

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El sistema del cómic, Thierry Groensteen

12 Abr

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Thierry Groensteen. The System of Comics. Trads. Bart Beaty y Nick Nguyen. Jackson, MI: University Press of Mississippi, 2007.

 

Rodrigo Casillas de Caso

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Groensteen comienza su estudio del cómic haciendo consciente al lector de los problemas que presentan la mayoría de los acercamientos críticos a este género. El autor considera que estos problemas están formados en gran parte por lecturas académicas “miopes”, y por discursos basados en “nostalgia” e “idolatría”. Así pues, Groensteen decide hacer un estudio de las dimensiones poéticas del lenguaje de los cómics dejando a un lado, aunque sin restarles mérito, las percepciones de este medio como un fenómeno histórico, social y económico.

            Como primer paso para su estudio del cómic como un lenguaje, Groensteen decide desechar dos ideas que hasta entonces habían sido básicas para el estudio del cómic: 1) Que los cómics, en tanto que sistema semiótico, deberían pasar por una descomposición hacia sus unidades elementales constitutivas y 2) Que los cómics son un punto en la balanza del lenguaje en donde lo visual y lo escrito se encuentran en equilibrio. Sobre el primer punto comenta que un acercamiento “micro-semiótico” puede llevar al teórico del cómic a encontrar mucho material que nombrar y catalogar, pero que no aportará mucho más que eso a la teoría del cómic. Groensteen propone mirar en dirección contraria, hacia un estudio “macro-semiótico” enfocado en el panel y la manera en que éste articula el discurso del cómic. Sobre el segundo punto, el autor destaca que la concepción de la imagen visual como subordinada al texto escrito ha dado como resultado que se piense tanto que la langue es el modelo para todo tipo de lenguaje, como que la literatura es el modelo de todos los tipos de formas narrativas. Así, Groensteen comienza por aclarar que lo narrativo no es algo único de los textos escritos, sino que es un sistema de pensamientos que atraviesa diferentes sistemas semióticos siendo encarnado de manera distinta por cada uno estos, pero siempre sin renunciar a su cualidad más básica: la de contar una historia. Para Groensteen la especificidad del cómic para contar sus historias se encuentra en dos elementos que él desarrollará durante todo su libro: la artrología, y la spacio-topia.

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“The Current State of French Comics Theory” de Thierry Groensteen