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Capitalismo gore y necropolítica en México contemporáneo, de Sayak Valencia Triana

6 Nov

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Capitalismo gore y necropolítica en México contemporáneo, de Sayak Valencia Triana

En su ensayo “Capitalismo gore y necropolítica en México contemporáneo”, Sayak Valencia Triana propone un modelo teórico basado en la noción de necropolítica de Achille Mbembe para analizar la realidad específica de la violencia extrema que se vive en México dentro del contexto de la guerra contra el narco. Valencia analiza las interacciones entre el mercado global del capitalismo contemporáneo y la cultura mexicana para explicar la aparición de prácticas ultraviolentas, que denomina prácticas gore, así como los sujetos endriagos que las llevan a cabo. La primera sección propone “algunas palabras clave para elaborar de una taxonomía que nos ayude a configurar un código común para referirnos al problema desde una perspectiva no simplista y geopolíticamente situada”. Algunas de estas palabras clave son: capitalismo gore, necroempoderamiento, prácticas gore, biomercado, subjetividad endriaga y, narco-nación.

Sayak Valencia entiende por capitalismo gore la forma particular en que los territorios fronterizos y vulnerabilizados operan bajo el capitalismo tardío. El término es recuperado del cine estadounidense, en donde gore se refiere a la violencia explícita, gráfica y visceral que caracteriza ciertos subgéneros de horror, para definir al: “derramamiento de sangre explícito e injustificado, al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con la precarización económica, el crimen organizado, la construcción binaria del
género y los usos predatorios de los cuerpos”(Valencia 2). Esto permite a ciertos sujetos transformar sus situaciones de vulnerabilidad o precariedad y empoderarse, aunque desde formas distópicas de autoafirmación perversa, al dedicarse a prácticas de violencia que resultan rentables bajo la lógica del capital, llamadas prácticas gore. Valencia denomina a este proceso de afirmación mediante prácticas gore necroempoderamiento, relacionándolo con la noción de Achille Mbembe de necropoder, o la soberanía de decidir sobre la muerte de los demás y el poder que de ella emana.

Las prácticas gore trastocan el ciclo normal de producción-consumo del capital, generando dinámicas que modifican al sistema entero. Valencia considera al capitalismo gore un cambio radical del capitalismo tardío, con orígenes rastreables al período postfordista y la aparición de nuevas tecnologías que problematizaron la teoría sobre la producción de valor, así como la tendencia a la globalización y a una economía de tintes neofeudales. En este nuevo panorama global, el capitalismo es más que sólo un modo de producción; se convierte en una construcción cultural biointegrada, pues se requieren mecanismos de gestión de los cuerpos que mantendrán el sistema en marcha, lo cual requiere a su vez una gestión de la violencia, tanto desde medios autorizados (como el Estado) como no-autorizados.

Elaborando sobre la noción del capitalismo como construcción biointegrada, Valencia denomina biomercado al modo de hiperconsumismo que opera en el capitalismo actual. El biomercado es el conjunto de estrategias mercantiles que ponen a las formas de la vida misma al servicio del mercado. Estas estrategias hacen al consumo parte central de la formación identitaria, pues cultivan la vergüenza, la competencia individualista y la frustración permanente en el sujeto, de modo que cuando éste se hace preguntas del tipo ¿quién soy? ¿para qué existo? ¿qué lugar ocupo? sólo puede responderlas mediante actos de consumo “naturalizados” como parte de la experiencia de vida. El consumo se convierte así en imperativo antropológico. Esto, combinado con la violencia decorativa que domina el panorama cultural, da a los a las subjetividades endriagas en los espacios del capitalismo gore.

El sujeto endriago es como Valencia llama al ejecutor de las prácticas gore del nuevo capitalismo, quien conjuga cuatro lógicas entrelazadas: la de la carencia por su posición económicamente marginal, la del exceso por los deseos hiperconsumistas del mercado, la de la frustración por la imposibilidad de satisfacción total de estos deseos y la de la heroificación por la trivialización y justificación de la violencia en las representaciones mediáticas. Puestos en marcha por estas cuatro lógicas, los sujetos endriagos hacen de la violencia una herramienta de producción que les permite acumular el capital suficiente para tener presencia en el mercado internacional. De ahí que Valencia califique al capitalismo gore como una lucha intercontinental de poscolonialimso extremo.

Tras definir sus conceptos clave, Sayak Valencia hace un análisis histórico de la guerra contra el narcotráfico en México. El crecimiento del narcotráfico y la fuerte corrupción institucional llevan a una degeneración del Estado-nación, que Valencia denomina narco-nación. En la narco-nación, Estado y crimen organizado forman un complejo entramado al punto de volverse inseparables para fines analíticos. Este fenómeno no es nuevo, aclara Valencia, pues el narcotráfico en México tiene sus raíces en el siglo XIX. Sin embargo, es a partir de la década de 1970 que el gobierno mexicano se convierte en una amalgama narco-política por completo. El incremento en la pobreza y las políticas económicas neoliberales de los 70 a los 90, junto con el abandono de muchas áreas por parte del gobierno, llevaron a que narcotraficantes entraran para cumplir las tareas que el Estado había dejado de realizar, como la construcción de escuelas y la protección a comunidades. De esta manera se forman dos Estados alternos coexistiendo en el territorio mexicano: el legal y uno insurgente. Valencia es firme en que este “Estado insurgente” de los sujetos endriagos no es una fuerza revolucionaria, a pesar de su condición de marginalidad. Por el contrario, el sujeto endriago nace de una adaptación al entorno mediante prácticas distópicas, que explotan las formas más agresivas de masculinidad e hiperindividualismo para apoderarse del triple monopolio que generalmente corresponde al Estado: la explotación de recursos, la venta de seguridad y la apropiación de los cuerpos como trabajadores o consumidores. La guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón resulta entonces no tanto una cuestión de seguridad nacional y más un ajuste de cuentas entre bandos rivales de machos alfa. Las declaraciones de Medina Mora al inicio de la guerra, por ejemplo, se enfocan en la idea de recuperar las facultades del uso legítimo de la fuerza que han sido usurpadas por el narcotráfico.

Para cerrar su ensayo, Sayak Valencia recalca la necesidad de desarrollar nuevas subjetividades para responder a los embates del capitalismo global, atendiendo siempre a no caer en una simple reproducción en sentido opuesto de las estructuras de dominación heteropatriarcales. Un posible lugar desde el cual construir esto son los transfeminismos, pues su énfasis en la deconstrucción del género binario y sus consecuencias nos otorga una perspectiva importante para el análisis de la violencia. Aunque no es mencionado de forma directa en el presente ensayo, Valencia también ha escrito sobre los aportes que la teoría transfeminista puede hacer al estudio de la realidad nacional en sus textos “Capitalismo gore: narcomáquina y performance de género” y “Teoría transfeminista para el análisis de la violencia machista y la reconstrucción no-violenta del tejido social en el México contemporáneo”, también incluidos en el presente post.

(Resumen por Lucía Morales Tovar)

Enlaces:

Capitalismo gore y necropolítica en México contemporáneo:

http://www.relacionesinternacionales.info/ojs/article/download/331/285.pdf

Capitalismo gore: narcomáquina y performance de género:

http://hemisphericinstitute.org/hemi/es/e-misferica-82/triana

Teoría transfeminista para el análisis de la violencia machista y la reconstrucción no-violenta del tejido social en el México contemporáneo:

http://www.scielo.org.co/pdf/unih/n78/n78a04.pdf

Zombis, subjetividad masculina y liberalismo

16 May

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Katherine Sugg, “The Walking Dead: Late Liberalism and Masculine Subjection in Apocalypse Fiction”. Journal of American Studies, volumen 49, número especial 04, noviembre 2015, pp 793-811.

   Daniel Valencia Acosta

Letras Hispánicas

FES Acatlán, UNAM

El ensayo de Katherine Sugg parte del análisis de la conjunción de dos crisis en las ficciones apocalípticas contemporáneas: el capitalismo liberal tardío y la masculinidad en el siglo veintiuno. Así, se analizará la formación de cada una en selecciones de las primeras tres temporadas de la serie de televisión “The Walking Dead” donde ambas se estructuran a la par, por lo que el análisis dilucidará lo que una dice de la otra, sus diálogos y su dialéctica, lo que éstas dicen acerca del gobierno económico contemporáneo tal como es trasladado a la a la narrativa popular en productos culturales.

Esta conjunción se encuentra de fondo en lo que varios académicos han llamado y analizado como la crisis de la masculinidad actual, en específico, masculinidad de blancos como resultado de distintos procesos económicos y transformaciones sociales dentro de las que se incluyen el desempoderamiento de la autoridad de los blancos en nuestra época de poco empleo y multiculturalismo. La presentación de escenarios apocalípticos aparece como un vehículo narrativo que articula un futuro -o un regreso nostálgico- donde se reincorporan la autoridad y la mediación masculina. La autora sugiere que el apocalipsis zombie presenta un debate en el status de la masculinidad que tiene su origen en los propios fundamentos de la modernidad liberal y la conciencia de género que produce; los cuales tienen en el fondo, el mito de la frontera.

Nuestra autora procede a rastrear el mito de la frontera en su realización más popular de los últimos tiempos: el western. En el mito de la frontera, creado en el siglo diecisiete y desarrollado en el veinte, se crea un ambiente salvaje en el cual individuos y grupos deben aprender a sobrevivir por medio de la creación de normas que los ayuden a preservarse en su comunidad aislada, localizada en un territorio hostil. Estas condiciones generan un ambiente llamado “todos contra todos” que es fundamental para justificar cuestiones de soberanía, interés personal y gobierno colectivo, tanto en estas ficciones como en la teoría política liberal moderna.

Al mismo tiempo, se genera un antídoto narrativo para la falta de un gobierno como el que normalmente se espera encontrar en la tradición democrática: los agentes masculinos pueden ser reimaginados y, tal como en el western, en el apocalipsis zombie se especulan las formas que puede tomar. Comienza a gestarse en un segundo plano y conviviendo, la promesa de finalmente “comenzar a vivir” recordando a la audiencia que las figuras autoritarias blancas son el motor y vehículo que, aún siendo enteramente ficcional, ha sido subyugado debajo de los regímenes propios del neocapitalismo.

Sugg pone en evidencia el contradictorio funcionamiento de las promesas de libertad, contra la construcción nihilista y aparentemente encaminada hacia la perdición, al tiempo que posee un loop narrativo donde no se encuentra un fin a las hordas de zombies y sus ataques, ni es posible encontrar una comodidad permanente en el modo de vida. Las opciones para continuar con el desarrollo del relato son dos: por un lado, existe la posibilidad de regresar a una brutalidad propia de las colonias, o, por el otro lado, avanzar hacia una lógica zombie donde, de manera quizá más ética, no existan más humanos.

Al final, la pregunta que busca responder este artículo es, ¿hasta qué punto ha sido infectada la lógica racista y económica del colonialismo por el espectro de otra lógica de abyección y otredad? ¿qué nos dice ello de las bases y el funcionamiento interno del colonialismo, pues, siempre ha contenido en sí el mito de la frontera?

Vínculo a texto completo en inglés: http://journals.cambridge.org/action/displayFulltext?type=6&fid=10021073&jid=AMS&volumeId=49&issueId=04&aid=10021072&bodyId=&membershipNumber=&societyETOCSession=&fulltextType=RA&fileId=S0021875815001723#cjofig_fig03

Los fanzines, Janice Radway

9 Abr

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Janice Radway. “Zines, Half-lives, and Afterlives: On the Temporalities of Social and Political Change”. PMLA. 2001; 126 (1): 140-150.

Mariana Ruiz

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

Los fanzines como medio de autopublicación y de libre expresión abarcan una gran variedad de temas que, a pesar de no ser considerados dentro de los programas en las universidades o de no tener una ubicación fija en las bibliotecas, no dejan de ser un tema interesante de estudio gracias a que son políticamente contestatarias y formalmente innovadores.

            En este ensayo, Janice Radway estudia a los fanzines -o también llamados zines- producidos por  chicas feministas en los años noventa, todas ellas pertenecientes al movimiento de las riot grrrl, que  utilizaron a los zines como su principal medio de expresión, difundiéndolos ya sea por intercambio de publicaciones o por medio del correo postal. Este tipo de fanzines se caracterizan por tocar temas ambientalistas, queer o musicales, así como el abuso sexual y los problemas de la vida diaria.

            Radway menciona que una característica de los zines de esa época es lo efímero de las publicaciones, ya que por ser un medio producido principalmente por adolescentes resulta difícil mantener una publicación fresca y que al mismo tiempo se adapte a la vida de adulto de las creadoras.

            Los zines de las riot grrrl son más elaborados por estar decorados con estampas, glitter, collages, recortes de revistas y muchos más materiales, a diferencia de los fanzines publicados por los punk (primeros productores de este tipo de publicación), que estaban compuestos simplemente por fotocopias o reinterpretaciones de otros fanzines previamente publicados. Esta evolución en la composición de los zines implica no sólo una producción escrita de los textos, sino también un acercamiento a las artes plásticas tanto de las autoras como de las lectoras.

            Este ensayo permite conocer una parte importante en la historia de los zines, que ha evolucionado gracias a la interacción social que produce el intercambio de estas publicaciones, cómo se ha adaptado al desarrollo tecnológico, y cómo es que este medio de libre expresión es fuente de todo tipo de crítica política, económica o social. En particular, para las jóvenes que estudia, este tipo de producción cultural participa en la producción de subjetividad y sociabilidad, y pone en tela de juicio la noción convencional de autoría por la naturaleza de los materiales empleados además de la forma en que circulan. Radway propone que las creadoas de los zzones son “intersujetos/intersubjetivas”, en tanto que enfatizan su vínculo con otras personas en el mismo acto creativo.

Artículo completo

 

Introducción a la teoría queer de Annamarie Jagose

21 Feb

Annamarie Jagose. Queer Theory An Introduction. New York: Melbourne UP, 1996.

Ricardo Quintana Vallejo

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

“Queer” es un término volátil. Se usó como un sinónimo de homosexual, como insulto y ahora puede designar todas las identidades sexuales marginales o describir un modelo teórico. Si el término no se ha terminado de definir, sería imposible pensar que la teoría queer lo ha logrado. Es por esto que la introducción de Annamarie Jagose no pretende resumir o delimitar qué es la teoría queer, sino crear un mapa de su historia y señalar las posibilidades de discusión y debate que ofrece. Su libro es un estudio general sobre la historia de los términos, los movimientos y los discursos que se originaron en la sociedad y en la academia alrededor de lo queer.

Jagose comienza en el segundo capítulo por trazar una historia de la definición de “homosexual”. Reconoce que la noción moderna no existió siempre, sino que se formó a partir de 1870, cuando los discursos médicos, sociales y penales comenzaron a identificar la homosexualidad como una identidad y no como un acto; es decir, la homosexualidad ya no se definía únicamente como un acto sexual entre dos personas del mismo sexo, sino que una persona podía ser homosexual.

Jagose señala que hay autores que identifican el nacimiento de la identidad homosexual en el siglo XIII, cuando las Molly Houses en Inglaterra servían como un centro de reunión para hombres homosexuales que buscaba más que relaciones sexuales: había pues un sentido de comunidad basado únicamente en la homosexualidad. Sin embargo, lo que es seguro es que la homosexualidad no es transhistórica: aunque siempre ha habido actos sexuales homosexuales, la forma en que la sociedad identifica y repudia a las personas ha cambiado radicalmente.

A lo largo de los siguientes tres capítulos Jargose cuenta la historia de los movimientos sociales del siglo XX. Empieza por hablar de las raíces de los movimientos homofílicos en el siglo XIX en Europa. Menciona, por ejemplo, el caso de Benkert, doctor alemán que en 1869 se manifestó de forma escrita en contra de la criminalización de la homosexualidad. Viaja luego a Estados Unidos, donde habla de la Mattachine Society y The Daughters of Bilitis, dos organizaciones que ayudaron a crear un sentido de comunidad, aunque nunca tuvieron la capacidad para lograr cambios significativos.

En el siguiente capítulo habla del movimiento gay. Identifica su comienzo en un hecho histórico: la redada policiaca en Stonewall Inn el 27 de junio de 1969. Este suceso no marca el primer ataque de la policía a la comunidad homosexual, sino la primera vez que la policía se enfrentó con la resistencia civil. Es en esta época en que aparece el término gay, en el que se intentan erradicar las nociones fijas de masculinidad y feminidad, en que se desestabiliza la noción de que la heterosexualidad es natural, en que nace la noción del orgullo y la época en la que aparece el SIDA.

En el quinto capítulo, Jargose habla del feminismo lésbico como un movimiento que nace entre la liberación femenina y el movimiento gay, pero que necesita su propio discurso.

Después del recuento histórico, Jargose crea un vínculo entre esta historia con los términos que se estudian en la teoría queer. Lo hace en un capítulo titulado “Limits of Identity”. Aquí habla de cómo los movimientos sociales lograron cambios en la enunciación de lo gay, lo lésbico y lo queer; pero sobre todo habla de cómo los modelos nominativos de identidad nunca podrían ser suficientes para el trabajo representacional que se les demanda.

Los últimos dos capítulos se dedican a hacer ya un recuento de la historia de la teoría queer como tal y de los problemas que siguen irresolubles. Empieza por hablar de Foucault, que habló de la homosexualidad no como un atributo personal, sino como una categoría cultural disponible. Habla después de Judith Butler y sus estudios sobre la performatividad del género. Señala después que fuera de la academia se originó un discurso alrededor del SIDA.

Finalmente señala que el término queer siempre fue y es ahora problemático. No es sinónimo de gay o lesbiana en tanto que hay hombres y mujeres que se identifican con alguno de los dos últimos términos pero ven queer como algo ajeno. Es también problemático porque no erradica el vocabulario homofóbico, sino que (según algunos autores) ayuda a exacerbarlo. Según algunos autores, el término queer vuelve a dejar de lado a las lesbianas al privilegiar a la masculinidad.

En general, la introducción a la teoría queer de Annamarie Jagose hace un recuento completo (aunque no exhaustivo) de la historia de los movimientos y de la identidad queer en el siglo XX. Además, vincula esta historia con la evolución de los términos en la academia y sugiere cuáles son las líneas de investigación que aún siguen pendientes.

Libro completo en inglés

 

El amor y el capitalismo. Eva Illouz

8 Nov

Illouz, Eva. El Consumo de la Utopía Romántica: El amor y las contradicciones culturales del capitalismo. Buenos Aires: Katz, 2009.

Christian Rudich

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 El texto de Eva Illouz habla de la relación que existe entre el amor y el capitalismo, y la manera en la cual el ideal amoroso es construido por una serie de fenómenos culturales en la posmodernidad.  Eva Illouz no pretende hacer una enumeración de las diferentes maneras en las que se desarrollan las relaciones humanas bajo un sistema económico específico, sino el paralelismo que encierran las relaciones de producción con la concepción utópica del amor en la actualidad. Ahora bien, mientras que en algunos momentos el texto pudiera resultar complicado para aquellos lectores que no están lo suficientemente familiarizados con ciertos autores y postulados sociológicos, el hecho de que Illouz use como herramienta de análisis entrevistas y experimentos sociales lo compensa, haciendo de este texto un trabajo sumamente interesante.

            En los primeros capítulos del texto se habla de la manera en la cual el amor romántico poco a poco se ve modificado por su incorporación al modo de producción, o en otras palabras, de cómo poco a poco la concepción del amor y las convenciones relacionadas a éste, como el cortejo, se vuelven asequibles para las clases media y baja, y por consiguiente al amor se asocian ideologías relacionadas con el ocio y prácticas consumistas encaminadas a la producción de capital.

De ahí se habla de las diferentes maneras en las cuales se consigue que se dé esta transformación de la utopía amorosa, y de las implicaciones que trae consigo el hecho de que al amor se le otorgue un valor determinado como producto de consumo. Se menciona que la cultura posmoderna hace uso de una penetración ideológica liminal que trae consigo dicho cambio, que gracias a la búsqueda constante de placer provoca la comercialización del amor como producto y que esto entra en contradicción con la idealización del amor que a su vez promueve el sistema económico.

Finalmente, se habla de cómo este fenómeno afecta a las estructuras que se han visto influidas de otras maneras por el capitalismo, y en especifico de cómo toda la manipulación de la concepción del amor y el cortejo en el capitalismo es significativo en la creación de lazos estables de convivencia entre parejas, o en otras palabras, de la manera en la cual el amor irracional y aparentemente incontrolable se relaciona con  el matrimonio, que es quizás el fin a conseguir en la concepción utópica del amor.

Libro completo en Scribd

Actos performativos y constitución del género. Judith Butler

8 May

Judith Butler. “Performative Acts and Gender Constitution: An Essay on Phenomenology and Feminist Theory”. Theatre Journal, Vol. 40, No. 4, (diciembre, 1988), The Johns Hopkins University Press, pp. 519-531. Artículo en inglés

Publicado en español en Debate feminista, 18 (1998): 296-314.

Antonio Puente Méndez

Posgrado en Letras, UNAM

En este artículo, Judith Butler retoma la diferenciación que teóricas feministas hacen entre los términos “sexo” y “género” para desarrollar el concepto de performatividad de género. Si se parte de la idea de que el sexo se refiere únicamente a las características biológicas de cada persona, el género se convierte en una serie de patrones de conducta impuestos por la sociedad que las personas representan, de forma inconsciente, como si se trataran de papeles en una obra de teatro. En consecuencia, se hace evidente que no existen rasgos inherentes a la constitución biológica de las mujeres y los hombres, sino que son identidades sociales y culturales que se renuevan, revisan y reafirman a lo largo de la historia a través de reglas basadas en la sanción de aquellos que no las sigan. Así pues, Butler utiliza la sentencia que Simone de Beauvoir hizo en El segundo sexo al señalar que “la mujer no nace, se hace” para explicar que “mujer” es una fabricación histórica que se construye socialmente con la realización de determinados actos y no un hecho natural, y, por eso, debe hacerse conciencia sobre los instrumentos que utilizan para la consolidación de una misma identidad de género.

            Así pues, en un primer momento, Butler analiza cómo es que la fenomenología puede ayudar al feminismo a crear una nueva descripción de lo que es el género, pues permite que la teoría se construya a partir de experiencias vividas desde la subjetividad de las personas y, en este caso particular, de la opresión de las mujeres (de ahí que retome la idea de que lo personal es político). En un segundo momento, Butler examina la visión binaria que se tiene del género y cómo ésta sirve para construir un sistema social fundamentado en la heterosexualidad que se fortalece con la creación de ciertos tabúes que la reafirmen. Como ejemplo, se cultivan imágenes corporales que, de manera “natural”, reproduzcan ideales heterosexuales y se castigan o señalan a aquellos que las trasgredan (como en el caso del travestismo). Por eso, Butler se detiene a desarrollar con más precisión la metáfora que construye entre la actuación en el teatro y la performatividad de género (tanto para fundamentar su utilidad teórica, como para señalar las posibles limitaciones que tiene) y también la dificultad (e, incluso, imposibilidad) de romper con estos patrones de conducta. Finalmente, Butler reflexiona sobre las posibles implicaciones políticas que esta teoría puede tener, pero reafirma que es de vital importancia para el feminismo cuestionar la visión que se tiene en la sociedad sobre la constitución del género (y, sobre todo, la visión que se tiene sobre la diferencia sexual), pues es el punto de partida para romper con el esquema binario-heterosexual que se utiliza al hablar de género y sexualidad y así permitir la articulación de nuevas experiencias de mujeres.

 Artículo completo en español

“Economías afectivas” de Sara Ahmed

29 Abr

Sara Ahmed. “Affective Economies”. Social Text 79, Vol. 22, No. 2, verano 2004. Duke University Press. 117-139.

                                                                                  Antonio Puente Méndez

            Posgrado en Letras, UNAM

En este artículo se analiza la función que tienen las emociones en la construcción de una colectividad. Si bien parecería que las emociones son privadas, pues generalmente se les toma como una manifestación de la psique de cada persona, Ahmed sugiere que también son públicas, ya que se construyen y se significan a través de un imaginario colectivo. A partir de esta premisa, hace una analogía con la visión que Marx tiene sobre el movimiento del dinero y de los bienes materiales para desarrollar el concepto de economías afectivas, que se refiere a la forma en que las emociones circulan y se distribuyen tanto en la psique de los individuos como en la sociedad en general, pues éstas determinan la forma en que un grupo se define a sí mismo y a aquellos que no pertenecen a él. Para explicar cómo funcionan las economías afectivas en la sociedad, Ahmed utiliza como ejemplos diferentes discursos en los que se apela a las emociones de las personas para crear un vínculo identitario.

En primer lugar, analiza un fragmento de un texto supremacista blanco en el que se dice que el odio que ciertos grupos tienen hacia inmigrantes y/o personas de otras razas en realidad es una muestra de amor hacia su propia comunidad. Esto lo hace para mostrar cómo es que el odio llega a justificarse si se da un atributo negativo al que es diferente porque, supuestamente, atenta en contra de los valores de un grupo. Después comenta cómo es que los discursos del político inglés William Hague sobre las personas que buscan asilo político cumplen una doble función, pues crean un sentimiento de hospitalidad y benevolencia en la sociedad inglesa, pero también manejan un velado odio hacia los exiliados para hacer hincapié en su calidad de extranjeros y así limitar su libertad. De igual forma, analiza la dificultad que existe para definir las causas del miedo en una sociedad (si está contenido en un objeto específico o si, al contrario, se debe a la incapacidad de determinar un objeto que lo produzca), cómo estas causas dependen del momento histórico y social que se vive, y las forma en que se establecen barreras entre el grupo y el objeto al que se le teme. Finalmente, Ahmed analiza cómo es que la reacción que se desató en Estados Unidos después de los atentados terroristas del 11 de septiembre muestra la forma en que las emociones personales (en este caso el miedo) son resultado de su alineación con la colectividad y no al revés. Igualmente retoma los discursos que se han creado sobre el terrorismo (así como la forma en que se utilizó la figura de Osama Bin Laden) y las consecuencias de que, a la par de una consolidación del miedo, se construya un discurso de amor a la patria.

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