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“Estudios culturales: dos paradigmas” de Stuart Hall

18 Feb

Stuart Hall. “Estudios Culturales: dos paradigmas”. Causas y azares. Los lenguajes de la comunicación y de la cultura en (la) crisis. No 1. Buenos Aires, 1994.

En este artículo Hall explica cómo confluyeron dos vertientes de reflexión acerca de la cultura en la formación de los estudios culturales: el culturalismo y el estructuralismo. Hall empieza su artículo con una descripción de los textos seminales de los estudios culturales, The Uses of Literacy de Richard Hoggart, las obras de Raymond Williams Culture and Society y The Long Revolution y el trabajo del historiador E.P. Thompson que, en retrospectiva, manifiestan una ruptura significativa con sus tradiciones de pensamiento. La obra de estos pensadores confluye en la preocupación por la “cultura”, concepto complejo y escurridizo.

Hall identifica dos significados del término en el trabajo de Williams: por una parte, la cultura es el conjunto de descripciones disponibles con que las sociedades dan sentido y reflexionan acerca de sus experiencias comunes; en este sentido, la cultura es “ordinaria”, común, ya no el dominio de unos cuantos. Esto significa que no hay forma de describir la realidad mas que por medio de los vocabularios disponibles en un momento histórico; ni el arte escapa a esta determinación, puesto que forma parte de los procesos con los que una sociedad se reproduce a sí misma. La segunda acepción del término que circula en la obra de Williams es aquélla que entiende a la cultura de forma más antropológica como práctica social, toda una “forma de vida”. Pero más que una simple descripción de las costumbres y hábitos de un grupo social, se trata de analizar cómo la cultura está imbricada en todas las prácticas sociales, porque es “la suma de sus interrelaciones”. Esta forma de conceptualizar a la cultura es una toma de posición frente a las definiciones idealistas que la entienden simplemente como conjunto de “ideas”, y complica la metáfora base/superestructura del marxismo clásico al ubicar a la cultura en el centro de la reflexión como una praxis dinámica que se manifiesta de distinta manera en toda la actividad humana. Esta veta culturalista de los estudios culturales emplea el concepto de “experiencia” para referirse a las formas como son vividas las relaciones y conflictos sociales, “dónde y cómo la gente experimenta sus condiciones de vida, las define y responde a ellas”.

Hall contrasta esta posición culturalista, dependiente de una noción esencialista de la experiencia como siempre ya dada, un punto de partida “auténtico” para la reflexión, con la posición estructuralista, que postula que la experiencia misma es un efecto de la cultura. Lo que contribuye el estructuralismo a la conformación de los estudios culturales es la noción de que la cultura es el conjunto de categorías y marcos de referencia con los que los humanos damos sentido a y clasificamos nuestras condiciones de existencia, así que el sujeto es hablado por la cultura inconscientemente en tanto que no puede pensar fuera de las categorías y clasificaciones colectivas de su cultura. La importancia de los estructuralismos es el énfasis que ponen en las condiciones de existencia que determinan la forma en que experiencia se manifiesta e interpreta. Pero quizá la aportación más significativa del estructuralismo ha sido que permite pensar la forma en que se articulan prácticas específicas con el conjunto –la totalidad- de la estructura, que incluye los procesos económicos. En resumen, el culturalismo insiste en la agencia humana y la relevancia de la particularidad, mientras que el estructuralismo siempre ubica la actividad humana en el contexto de las condiciones sociales, económicas y políticas que preexisten al individuo.

         Pese a la incompatibilidad de estos dos paradigmas, Hall insiste en mantener a ambas como punto de referencia en los estudios culturales tras identificar y señalar las limitaciones de algunas elaboraciones teóricas posteriores tales como el postestructuralismo, que recupera al sujeto ignorado por el estructuralismo pero que frecuentemente soslaya el análisis de la totalidad de los procesos sociales de los modos de producción al ubicarlos “exclusivamente en el nivel de los procesos psicoanalíticos inconscientes”. También señala que los intentos por volver a una economía política de la cultura suelen exagerar la determinación de las estructuras económicas y minimizar su aspecto cultural e ideológico. Y la tercera posición, identificada con el trabajo de Foucault, ha sido útil para pensar acerca de las formaciones discursivas e ideológicas concretas, pero por lo general evita cualquier noción de determinación, por lo que resulta difícil comprender la relación entre los diferentes niveles de análisis.

         Tras señalar las limitaciones de estas elaboraciones posteriores a la aparición del culturalismo y el estructuralismo en su modalidad inicial, Hall concluye el artículo con la sugerencia de que los estudios culturales deben siempre ubicarse entre ambos paradigmas, en un constante vaivén entre el análisis de la cultura/ideología (la conciencia) y sus condiciones de posibilidad.

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“Significación, representación, ideología: Althusser y los debates postestructuralistas” de Stuart Hall

15 Feb

Stuart Hall. “Signification, Representation, Ideology: Althusser and the Post-Structuralist Debates”. Critical Studies in Mass Communication, vol. 2, núm. 2, junio 1985. 91-114. Artículo en inglés

 Hall resume el objetivo de su artículo en un breve prefacio: pretende reflexionar acerca de la importancia de la contribución de Althusser a la conceptualización de la ideología, con particular énfasis en la forma en que en su obra rompió con el pensamiento marxista tradicional. El artículo se divide en seis secciones: 1) introducción 2) ideología 3) aparatos ideológicos del estado 4) la ideología en Para Marx, 5) la lectura de un campo ideológico y, por último, el conflicto ideológico.

            En la sección introductoria Hall señala que Althusser le ha permitido confirmar la validez de la idea marxista de que el ensamblaje de relaciones que componen una sociedad forma una estructura compleja en tanto que sus diferentes niveles –ideológico, económico, político- interactúan entre sí de manera dirigida, esto eso, es una estructura de dominación y no sólo un conjunto estructurado de factores que interactúan entre sí. La interpretación que hace Althusser de esta idea marxiana elude los determinismos y reduccionismos que buscan explicar un fenómeno como resultado directo de otro en una relación mecánica de correspondencia entre un modo de producción y la superestructura. La interpretación no determinista de Althusser permite a Hall “vivir en y con la diferencia”, esto es, aceptar que las distintas contradicciones sociales consecuencia del conflicto entre clases sociales antagónicas se manifiestan en diferentes momentos, tienen distintos orígenes y emplazamientos, no tienen los mismos efectos ni la misma duración. Hall se enfoca en el Estado para explicar este punto, en tanto que no es una formación u objeto monolítico controlado por una clase que entonces puede oponerse a otra, también entendida de forma monolítica, sino una formación contradictoria multidimensional y dispersa que articula una amplia gama de prácticas sociales y discursos ubicados en distintos lugares, muchos de los cuales poco tienen que ver con la política directamente, como la sociedad civil, la familia, las relaciones de género y económicas.

            Althusser emplea el término “articulación” para nombrar la función que cumple el Estado de “condensar” diversas prácticas sociales con el propósito de dominar grupos y clases sociales particulares. Esto implica que el pensamiento althusseriano permite pensar en la unidad y la diferencia simultáneamente, la diferencia en la unidad compleja. Esta articulación de la diferencia y la unidad constituye otra forma de pensar el concepto de determinación de Marx, que suele pensarse como una relación unidireccional entre la base y la superestructura y la necesaria correspondencia entre una y otra. Pero según Hall, no hay una correspondencia necesaria, ninguna garantía de que la ideología de una clase corresponda a la posición que ocupa en las relaciones de producción capitalistas, por ejemplo.  Hall entonces vuelve a la noción de estructura con la que empezó para señalar que la estructura de las relaciones sociales, las condiciones de existencia, únicamente exhiben tendencias que dan forma a las prácticas y discursos, pero no los determinan absolutamente.

            En la siguiente sección correspondiente a la ideología, Hall se enfoca en tres críticas que Althusser hace a la ideología: la correspondencia entre la clase dominante y una ideología dominante; la noción de “falsa conciencia” y, por último, que el conocimiento es la producción de la práctica, el significado es producto del trabajo de la ideología o teórico. En el ensayo “Los aparatos ideológicos del estado” Althusser primero reflexiona acerca de la relación entre la ideología y otras prácticas sociales en términos del concepto de reproducción. ¿Qué función tiene la ideología? Reproduce las relaciones sociales de producción necesarias para la existencia material de toda formación social o cualquier modo de producción. Pero los agentes del medio de producción deben ser producidos y reproducidos cultural y socialmente, en el nivel de la superestructura, al interior de los aparatos ideológicos del estado (instituciones como la familia o la iglesia), así como en las instituciones culturales (los medios, partidos políticos) que no se vinculan directamente con la producción pero que tienen la función de cultivar la mano de obra dócil que ésta requiere. Hall advierte que esta es una posición problemática en tanto que parece que la ideología pertenece únicamente a la clase dominante; de haber una ideología de las clases dominadas, estaría perfectamente adaptada a las funciones y los intereses de la clase dominante, pero esta conceptualización no da cabida a la reflexión acerca de ideologías de resistencia, exclusión, desviación.

            El segundo punto que Hall retoma de Althusser es que la ideología es una práctica social, lo que significa que aparece en prácticas específicas ubicadas al interior de las actividades de aparatos,  instituciones u organizaciones sociales específicas. Donde mejor se aprecia la presencia de la ideología es en el lenguaje –entendido en su sentido más amplio como práctica significante-, en el comportamiento y los rituales cotidianos. En este sentido, las ideas tienen efectos materiales, una existencia material. Sin embargo, pese a que acepta esta propuesta althusseriana, Hall señala que este concepto de ideología no permite explicar la reproducción de la ideología al interior de las instituciones privadas de la sociedad civil que quedan fuera del ámbito del Estado, ni en sociedades “libres” en las que el Estado no es coercitivo.

            La tercera propuesta que Hall recupera de Althusser es su afirmación de que la ideología existe en virtud de que constituye al sujeto, que no debe confundirse con el individuo histórico. Esta teorización del proceso de subjetivación es postestructural en tanto que supone que las estructuras sociales anteceden y permiten el surgimiento de la subjetividad. Hall concluye esta sección señalando que la desconexión entre las dos partes del ensayo de Althusser ha impedido que posteriormente se vinculen entre sí los procesos inconscientes por medio de los cuales se instituye el sujeto y el tema de la reproducción de las relaciones sociales de producción. Sin embargo, para sortear la desconexión que identifica en el ensayo, Hall recupera la teorización de ideología en Para Marx. La idea central es que las ideologías constituyen sistemas de representación –-“compuestos de conceptos, ideas, mitos, o imágenes”- en y con los que hombres y mujeres viven sus relaciones imaginarias a las condiciones reales de existencia. Es por medio de los sistemas de representación que podemos representar al mundo para nosotros mismos y para otros, así que “lo social nunca está fuera de lo semiótico”. Sin embargo, pese a que el término de “representación” clasifica a estos sistemas como discursivos y semióticos, Hall insiste en que tienen efectos materiales porque se reproducen en la práctica, indirecta y directamente.

            Hall señala que Althusser usa la palabra “sistemas” y no “sistema”, señalando que las ideologías no “operan por medio de ideas sueltas; operan en cadenas discursivas, en cúmulos, en campos semánticos, en formaciones discursivas”. En otras palabras, no son singulares porque se connotan las unas a las otras. El autor especifica que las ideologías operan en el ámbito de la experiencia vivida, en tanto que “siempre necesitamos sistemas para representar lo que lo real es para nosotros y para otros”. Esto significa que hombres y mujeres empleamos estas ideologías para darle sentido a las condiciones en las que vivimos. Es por medio de los sistema de representación que “vivimos” el mundo, y es por medio de ellos que la interpretamos también. Este es el momento en el que la ideología funciona cabalmente, en tanto que naturaliza la experiencia porque borra su historicidad. Como no hay una relación uno a uno entre las condiciones sociales de existencia y nuestra experiencia de ellas, Althusser las califica de “imaginarias”: es imposible aprehender la realidad de las relaciones sin la mediación de la cultura.

            En “Leyendo un campo ideológico” Hall ejemplifica algunos de los conceptos y procesos analizadas previamente con su historia personal. Compara su juventud en Jamaica con su vida adulta en Inglaterra para contrastar la experiencia de ser interpelado como hombre de “color” y “negro” en cada lugar, y los significados que adquieren estos términos de acuerdo al momento histórico y al sistema del “espectro de color” dominante en el que significan. Hall sugiere que el término “negro” funciona como lenguaje en el sentido de que “implica las ideologías de la identidad, el lugar, la etnicidad y la formación social.” Este término, y su uso en diferentes sistemas culturales (el caribeño o el inglés) fragmenta al sujeto porque ninguno lo representa completamente, aunque Hall acepta que se ha identificado parcialmente con él en distintos momentos de su vida. Hall señala que las distinciones y términos raciales constituyen “uno de los discursos ideológicos que nos esperan incluso cuando nacemos”, y en ese sentido nos preexisten y nos hablan. Adicionalmente, Hall postula que la cadena de connotaciones asociadas con “negro” y las formas en que el género, la raza y la clase (cada una con una genealogía diferente) se articulan las unas con las otras, marca posiciones sociales que organizan a la sociedad jerárquica y desigualmente.

            La última parte del artículo Hall se centra en las cadenas ideológicas, el campo semántico y la significación de una cadena ideológica y la forma en que esa cadena puede llegar a convertirse en el lugar de la lucha ideológica. Hall señala que una cadena ideológica se transforma en campo de batalla cuando la cadena se interrumpe, desplaza o critica por quienes desean emplear términos alternativos o cuando se resignifican los términos, proceso que ejemplifica volviendo al término “negro”, que se ha usado despectivamente para nombrar “lo más despreciado, lo desposeído, lo poco ilustrado, lo incivilizado, lo inculto, lo artero, lo incompetente”, pero que en el contexto del nacionalismo cultural jamaiquino, se convirtió en un signo a partir del cual se construyó un sujeto colectivo orgulloso de su legado histórico. A partir de este ejemplo, Hall concluye que “A medida que los movimientos sociales desarrollan una lucha en torno a un programa particular, los significados que parecen haber estado siempre fijos en su lugar empiezan a aflojar sus ataduras. En resumen, el significado del concepto ha cambiado como resultado de una lucha alrededor de cadenas de connotaciones y prácticas sociales que hicieron posible el racismo a través de la construcción negativa de ‘negro’”.

            Al final del ensayo Hall regresa a Althusser, señalando que la noción de lucha ideológica contradice el énfasis que puso el filósofo francés en la función que cumple ideología en la reproducción de las relaciones de producción, puesto que en vez de pensar en las ideologías como siempre ya inscritas en piedra, es posible concebirlas como abiertas a la transformación precisamente porque el campo ideológico es relativamente autónomo de la formación social que jamás es tan homogénea como supone Althusser.

Texto completo en español

“El surgimiento de los estudios culturales y la crisis de las humanidades” de Stuart Hall

12 Feb

Stuart Hall. “The Emergence of Cultural Studies and the Crisis of the Humanities.” October, vol. 53, verano 1990. 11-23.

En este artículo Hall describe la coyuntura social, política e institucional que dio pie a la conformación de los estudios culturales como respuesta a una crisis en las humanidades que, según el autor, ya no lograban explicar la naturaleza del cambio social y cultural que afectó a la Gran Bretaña durante los años 50, década en que se empezó a desmoronar la cultura tradicional por el surgimiento de la sociedad de consumo y de masas que debilitaron la estratificación social anterior, lo que significó el ingreso tardío del Reino Unido al “mundo moderno”. Los estudios culturales surgieron para explicar estas transformaciones de las que las humanidades, todavía arraigadas en el proyecto Arnoldiano, no pudieron dar cuenta por su interés en sostener la idea de una cultura nacional elitista. Herederos de esta tradición por medio del trabajo de F.R. Leavis, los fundadores de los estudios culturales se dieron a la tarea de ubicar a la cultura en el corazón de la vida social con la intención de desenmascarar los supuestos ideológicos de las humanidades conservadoras y develar su complicidad con la conformación de una cultura nacional basada en la exclusión: “Nuestra intención fue la de debatir los problemas de lo que Gramsci llamó ‘lo popular nacional’: cómo se constituía, cómo se estaba transformando, qué importancia tenía en el juego y la negociación de prácticas hegemónicas”.

Para ejemplificar la vocación histórica de los estudios culturales, Hall relaciona el momento de su aparición con el Thatcherismo posterior, una postura ideológica defensiva que interpreta como síntoma de una crisis de la identidad y cultura nacionales, la erosión de la Gran Bretaña como estado-nación y la palpable presencia e influencia de grupos sociales marginales que exigen la pluralización de la sociedad inglesa. ¿Qué papel juegan las humanidades en este contexto post-hegemónico y poscolonial? Hall argumenta que éstas se han transformado en una tecnología social en tanto que se empeñan en defender un proyecto viejo al convertirse en bastión de una identidad y cultura nacionales moribundas, aferradas a la idea de que existe una comunidad nacional homogénea. Los estudios culturales se dedican a estudiar este tipo de coyuntura histórica no sólo para entenderla sino para elaborar estrategias de supervivencia y resistencia para quienes han sido excluidos de la cultura nacional por motivos económicos, políticos y culturales.

Es pertinente señalar que este artículo, en parte autobiográfico, muestra que la conformación del campo de estudio de los estudios culturales fue accidentada, gradual, experimental y titubeante, aunque siempre atenta al momento actual y con el profundo compromiso político de intervenir en el mundo desde la reflexión sistemática y seria acerca de la relación entre política y cultura.

Artículo completo en inglés

“Stuart Hall y el descenso a lo ‘mundano'” de Roberto Almanza-Hernández

18 Oct

Roberto Almanza-Hernández. “Stuart Hall y el descenso a lo ‘mundano’. Una forma de imaginar y practicar los estudios culturales.” Tabula Rasa. No.8, enero-junio 2008. 133-143

Este escrito expone de manera breve aquello que, de acuerdo con el autor, define la especificidad de los estudios culturales y su importancia como «caja de herramientas» analítica y de aprehensión del mundo. A través de la selección de algunos textos se detiene en la particular manera en que Stuart Hall se relaciona con la teoría porque a partir de su obra es posible identificar la vocación política de los estudios culturales desde los conceptos de contextualismo radical y articulación.

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“Codificar y decodificar” de Stuart Hall

18 Oct

Stuart Hall. “Encoding/Decoding.” Culture, Media, Languaje. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79. Hall, Stuart y otros, eds.: Londres: Hutchinson. 128-138

Al principio de su famoso artículo, Stuart Hall señala que el acontecimiento comunicativo propio de los medios de comunicación de masas suele conceptualizarse como un acto lineal entre emisor, mensaje y receptor, modelo que ha sido criticado porque no permite el análisis de los diferentes momentos de este complejo proceso de relaciones. Hall propone que es posible concebir este circuito como una cadena estructurada de momentos distintivos –producción, circulación, distribución, consumo, reproducción- que se articulan por medio de prácticas interconectadas que, no obstante, mantiene la especificidad de cada uno de ellos. Hall tiene como propósito analizar la diferencia de la “producción discursiva de otros tipos de producción en nuestra sociedad”, cuyo objeto son los significados y mensajes presentados como “signos-vehículos” organizados de un modo específico que, como cualquier lenguaje, se organizan por medio de códigos dentro de la cadena sintagmática de un discurso. En un polo se encuentran los medios de producción, sus tecnologías, relaciones sociales y prácticas y organización institucionales que  que conjuntamente integran “los vehículos simbólicos” que permiten la circulación del producto en tanto que construyen el mensaje de acuerdo a un conjunto determinado de códigos que se inscriben en algún discurso.

Para que ese circuito de producción se complete es necesario que el producto sea distribuido a distintos públicos, quienes a su vez transforman el producto al convertirlo en práctica social. Si el significado no es aprehendido ni puesto en práctica no tiene efecto porque no hay consumo. Para facilitar la actualización deseable del mensaje por parte de sus receptores, es necesario que los mensajes producidos estén codificados en la forma de un discurso significativo que pueda ser decodificado adecuadamente. Hall advierte que es necesaria la articulación de todos los momentos del circuito, pero que el paso de uno a otro no está siempre garantizado porque puede ser interrumpido. Por ejemplo, existe el riesgo de una asimetría o no coincidencia entre los códigos de codificación y de decodificación, desfase que muestra la “autonomía relativa” de estos dos momentos del circuito comunicativo.

Dado que los signos son por naturaleza inestables y polisémicos, esto es, su significado no es fijo, el discurso de los medios masivos de comunicación hace uso de códigos naturalizados para limitar el proceso de significación, códigos que funcionan como “mapas de significado” en una cultura o comunidad determinada. En cualquier sociedad o cultura hay “mapas de sentido” o dominios del discurso preferidos que son necesariamente ideológicos en tanto que imponen un orden institucionalizado a los diferentes elementos de la vida social. No obstante, Hall rescata la posibilidad del malentendido que ocurre cuando discrepan los códigos de codificación y de decodificación. Aunque no es frecuente que esta última sea completamente aberrante, Hall identifica tres formas hipotéticas de recepción: la dominante, cuando el espectador decodifica el mensaje de acuerdo con el código dominante que coincide con la significación hegemónica; la posición negociada que se caracteriza por la combinación de elementos oposicionales y adaptativos: reconoce la legitimidad de las definiciones hegemónicas al tiempo que las interpreta en contextos más locales. Los códigos negociados operan por medio de una lógica ubicada en tanto que situaciones o acontecimientos generalizados y compartidos pasan por el tamiz de una interpretación localizada. La tercera posición es aquella en la que el espectador identifica y comprende los códigos dominantes empleados para enmarcar el mensaje pero lo decodifica de forma contraria con base en otro marco de referencia, oposicional. Este sería el caso del televidente que escucha un debate acerca de la necesidad de limitar los salarios pero que interpreta toda referencia al “interés nacional” como “interés de clase.” Es en este acto de reinterpretación donde Hall ubica la posibilidad de una política de la significación.

Texto completo en español: www.mseg.gba.gov.ar/ForyCap/cedocse/capacitacion%20y%20formacion/educacion/Codificar%20y%20Decodificar.%20Stuart%20Hall.pdf

Ver también Stuart Hall, “Codificación y decodificación en el discurso televisivo.” CIC (Cuadernos de Información y Comunicación) 9, 2004. 210-236. Texto completo en español

“Notas sobre la deconstrucción de ‘lo popular’” de Stuart Hall

3 Oct

La primera parte del artículo de Hall es un recuento histórico del desarrollo de la cultura popular británica que inicia a finales del siglo diecinueve y culmina en el siglo veinte. Este periodo, dice Hall, está marcado por una tensión de lucha y resistencia en torno a la cultura entre las clases populares y el capital, dado el interés de este último en reeducar al pueblo para incorporarlo al proceso de modernización. Sin embargo, a partir de la época de la posguerra, un momento de ruptura, esta tensión se ha transformado a raíz de la monopolización de las industrias culturales y sus tecnologías.

Hall dedica la sección principal del artículo a una análisis de ‘lo popular’, dado que es un término con varios significados: el primero que identifica es aquél que identifica a lo popular con las masas, definición relacionada con el mercado y asociada con la manipulación del pueblo, esto es, los obreros son engañados y viven en un estado constante de “falsa conciencia”. Hall critica esta postura porque, por un lado, describe a los obreros como simples consumidores pasivos mientras que, por el otro, supone la existencia de una cultura popular alternativa “auténtica” y “autónoma” que existe independientemente de las relaciones de poder cultural. Esta cultura “auténtica” de hecho no existe, y Hall prefiere una aproximación más dinámica de la relación entre la cultura dominante y la popular, que supone una lucha constante entre ambas. Los productos culturales comerciales interpelan a su público exitosa pero parcialmente, y este juego entre el éxito de la interpelación por medio de la identificación y el reconocimiento, así como su fracaso, marca las relaciones culturales.

La segunda definición de la cultura popular examinada por Hall es más antropológica y remite al “estilo de vida” del pueblo. Esta definición consta de un inventario potencialmente infinito de las actividades culturales del pueblo. Hall descarta esta definición porque gira en torno a la oposición esencialista entre el pueblo y la elite, ambas categorías de hecho inestables que sólo cobran sentido en el contexto de las relaciones sociales y las instituciones que sostienen la distinción.

Hacia el final del artículo Hall ofrece una tercera definición de lo popular que enfatiza su naturaleza dinámica y la relación cambiante y conflictiva que mantiene con la cultura dominante. La cultura popular es un proceso continuo de intercambio en el que las relaciones de control y subordinación fluctúan constantemente y ciertas formas culturales adquieren poder mientras otras lo pierden. De hecho, como señala, la lucha cultural adopta numerosas formas, “incorporación, tergiversación, resistencia, negociación, recuperación”. Aquéllas formas culturales que sobreviven pueden articularse para formar parte de una “tradición” o un canon, elemento vital de la cultura, lo que implica que incluso las tradiciones no son fijas dado que se constituyen en el cruce de muchos intereses opuestos.

Por último, Hall señala que no se puede asimilar lo “popular” a una clase social determinada, puesto que la lucha por la hegemonía cultural se da entre bloques de poder, no entre una clase y otra. En este sentido,  lo “popular” remite no al “pueblo” sino a “la cultura de los oprimidos, las clases excluidas”, una alianza de diversas fuerzas en lucha constante contra la cultura del bloque de poder.

Texto completo en español

“El espectáculo del ‘Otro'” de Stuart Hall

9 Jul

¿Cómo representamos gente y lugares que son significativamente diferentes de nosotros? ¿Por qué la “diferencia” es un tema tan apremiante, un área tan discutida de la representación? ¿Cuál es la fascinación secreta de la “otredad”? ¿Cuáles son las formas típicas y las prácticas de representación que se utilizan para representar la “diferencia” en la cultura popular actual y de dónde vinieron estas formas y estereotipos populares? Estas son algunas de las preguntas acerca de la representación que Hall plantea a partir de ejemplos tomados del proceso de racialización propios del imperialismo y la colonización europeas y la práctica significante conocida como estereotipación, que da lugar a lo que llama “el espectáculo del ‘Otro’”.

Disponible en: Espectáculo del Otro