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Cultura Otaku y el consumo por base de datos de Hiroki Azuma

4 Feb

En su libro Otaku: Japan’s Database Animals, el teórico japonés Hiroki Azuma analiza, desde una perspectiva psicoanalítica post-hegeliana, los hábitos de consumo de la llamada “cultura otaku”, nombre dado en Japón a las diversas subculturas relacionadas con el consumo de anime, manga, videojuegos, figurines y programas computacionales. Para Azuma, el otaku es ejemplo claro de un modo de consumo característico de la posmodernidad, el consumo por base de datos (database consumption). El libro se divide en tres secciones: “The Otaku’s Pseudo-Japan”, “Database Animals” y “Hyperflatness and Multiple Personality”. La primera sección describe la relación entre la cultura otaku y el nacionalismo japonés; la segunda describe a detalle el paso del “consumo narrativo” típico de la modernidad, al “consumo de base de datos” posmoderno, además de analizar la afectividad y las formas de socialización del otaku; por último, la tercera parte explora las similitudes entre la estructura del consumo por base de datos y la hipertextualidad del internet.

Donde otros teóricos de lo otaku como Toshio Okada han caracterizado esta subcultura como una continuación de la cultura clásica japonesa de la época Edo (1603-1868) que fue interrumpida por el proceso de occidentalización traído por la restauración Meiji y la ocupación norteamericana, Azuma la considera producto de ímpetu nacionalista mediado por formas y materiales occidentales introducidos por Estados Unidos durante la ocupación. La presencia de referentes históricos y el tratamiento de problemas sociales japoneses dentro de las tramas del anime y el manga han hecho que lo otaku sea considerado una subcultura única a Japón. Sin embargo, la popularidad de dichos textos en el resto del mundo y la adopción de estéticas derivadas de ellos en producciones occidentales es indicio de que la sensibilidad otaku es relevante fuera de la cultura japonesa. Para Azuma, la cultura otaku es una manifestación japonesa de una tendencia hacia la “posmodernización” de la cultura global, volviendo al otaku en un ejemplo nacional del nuevo sujeto consumidor global (Azuma 10). Aunque el anime y el manga con frecuencia cultivan una imagen profundamente nacionalista de Japón, el origen de los medios en sí mismos es estadounidense: el anime surgió de la adopción de las técnicas de animación de las películas de Walt Disney, los géneros del mecha y el tokusatsu nacieron de las películas de ciencia ficción y las fantasías de superhéroes norteamericanas, etcétera. “Entre el otaku y Japón” escribe Azuma, “se encuentra Estados Unidos” (Azuma 11). Para cuando aparece la cultura otaku, la cultura japonesa clásica de la época Edo ya había sido borrada por la ya mencionada occidentalización, de modo que la obsesión otaku por lo tradicionalmente japonés es una reacción ante esa borradura: “el trauma de la derrota -es decir, la dura realidad de que hemos perdido decisivamente cualquier identidad tradicional- subyace a la existencia de la cultura otaku” (Azuma 15).

En la definición clásica de posmodernismo, Lyotard habla del paso de las grandes narrativas unificadoras a una multiplicidad de pequeñas narrativas fragmentadas. Azuma, por su parte, se aleja por completo del concepto de narrativa y en su lugar habla del paso del “consumo narrativo” al “consumo por base de datos”, modo que caracteriza a la cultura otaku y, por extensión, a la sociedad posmoderna en general. El consumo narrativo tiene una estructura “de árbol”, donde una capa profunda (la Gran Narrativa) es reflejada en una capa superficial (las pequeñas narrativas) en la que se encuentran los textos consumidos por el lector (Azuma 31). Por otro lado, el consumo por base de datos tiene una estructura de doble-capa, donde una capa, la base de datos, contiene una acumulación de elementos codificados que se recombinan indistintamente en la capa superficial de los textos concretos, sin dar importancia a alinearse con una “narrativa” específica (Azuma 31-32). Dado que para el otaku la narrativa ha perdido importancia, la calidad de los textos se determina a partir de la relación afectiva del lector para con la base de datos. Asimismo, en la capa superficial de los textos, la lógica del original y la copia deja de operar, pasando en su lugar a una lógica del simulacrum, donde los textos no son ni originales ni copias, de modo que el otaku puede disfrutar igualmente un texto “original” (una serie de anime, por ejemplo) que un texto “derivado” (un fanfiction, por ejemplo). El fanfic no “cita” ni “refiere” al original, sino que comparte elementos de la base de datos subyacente.

Azuma explica este modelo a través del ejemplo de los diseños de los personajes del anime, específicamente de la popular serie de 1995, Neon Genesis Evangelion. Dicha serie fue extremadamente popular no tanto por su historia en particular, sino por el atractivo de Rei Ayanami, uno de sus personajes principales. A partir de Evangelion, otros animes comenzaron a introducir personajes similares a Rei, aun cuando su desarrollo y la trama en que estaban insertos eran totalmente distintas al original. Azuma propone que esto se debe a que el personaje en la cultura otaku no vale tanto por sus características narrativas como por los “elementos moe” que lo conforman. El término moe hace referencia a un vínculo afectivo entre espectador y personaje, y los “elementos moe” son aquellos elementos visuales que vuelven efectivo este vínculo (Azuma 42). Los “clones” de Rei no resultan atractivos al otaku por hacer referencia a un personaje original amado, sino por compartir ciertos rasgos que resultan por sí mismos atractivos: Rei no es un original, sino un ejemplo famoso de un tipo de combinación de elementos-moe.

Como ejemplo de lo divorciados que se encuentran los elementos moe de la dimensión narrativa, Azuma recurre al ejemplo de Digiko, personaje publicitario que inició como mero diseño visual sin nombre ni trasfondo narrativo, creado para fines publicitarios, al cual los otaku fueron dando identidad e historia, hasta el punto de que eventualmente fue protagonista de la popular serie Di Gi Charat Nyo (Azuma 40). Para el otaku, el dominio de los códigos de la base de datos es fundamental para el disfrute de los textos específicos: un diseño que resultaría extraño o ridículo para un público externo es aceptado como deseable y atractivo para quien conoce la base de datos de donde son tomados sus elementos-moe.

Si el otaku está familiarizado tan profundamente con los códigos que forman sus textos, y estos se repiten de formas tan predecibles en cada nuevo texto ¿cómo puede seguirse conmoviendo con ellos? Tras un análisis de los juegos del tipo novel game (novelas para computadora de texto ilustrado con múltiples finales) Azuma explica que esto se debe a que el otaku lee con dos lógicas de deseo superpuestas, una para cada capa del modelo de consumo. Al nivel la superficie de los simulacra, el otaku busca una conexión emotiva profunda con el texto, mientras que al nivel profundo de la base de datos mantiene una distancia crítica que le permite descomponerlo en sus elementos-moe constituyentes para recombinarlos en nuevas creaciones (Azuma 84). Estos dos modos de deseo se sostienen simultáneamente sin conectarse directamente entre sí, estado al que Azuma llama disociación. Esta disociación es el modo de consumo característico de la posmodernidad, y los otaku son solamente un ejemplo específico de la tendencia global hacia una relación disociada para con la cultura en general.

Aunque el otaku tradicionalmente es considerado un sujeto antisocial, Azuma sostiene que se trata en realidad de seres extremadamente dados a la socialización, aunque bajo formas distintas a las acostumbradas hasta la modernidad. La socialidad otaku es analizada por Azuma a través del concepto de animalidad del filósofo hegeliano Alexandre Kojève. Para Kojève, la sociedad de consumo norteamericana se caracteriza por dejar atrás los mecanismos de carencia-satisfacción que motivan normalmente al deseo entre humanos, llevando a una sociedad de individuos movidos por necesidades que pueden ser satisfechas por objetos en lugar de deseos, que requieren relaciones intersubjetivas para verse satisfechos (Azuma 87). Con la expansión global de la cultura estadounidense, la sociedad sufre un proceso general de animalización, pues las personas pasan de la dinámica humana del deseo a la dinámica animal de la necesidad. El otaku socializa con otros mediante la internet, llegando a formar grandes comunidades, pero esta interacción está limitada al intercambio de información sobre los textos y a las muestras de dominio sobre la base datos (Azuma 93). Asimismo, la ya mencionada disociación del deseo para con los textos hace que el interés en su consumo se deba menos a curiosidad intelectual que a una mera satisfacción de necesidades de estímulos específicos, de modo similar al consumo de drogas psicotrópicas (Azuma 94).

Aunque el lenguaje clínico patologizante usado por Azuma puede resultar chocante o de tintes apocalípticos, el modelo de consumo por base de datos puede tener múltiples aplicaciones para el estudio de textos contemporáneos, especialmente aquellos nacidos tanto dentro de la cultura otaku como en otras formas de las culturas globales de fans. Como ejemplo de ello incluímos dos ensayos publicados en Mechademia, revista académica de estudios otaku: “Conceptualizing Anime and the Database Fantasyscape” de Brian Ruh y “Yokai in the Database” de Deborah Shamoon.

 

(Resumen por: Lucía Morales)

Otaku: Japan’s Database Animals, Texto Completo

“Superflat Japanese Posmodernity”, conferencia de Azuma en el marco de una exposición de Takashi Murakami

“Conceptualizing Anime and the Database Fantasyscape”, de Brian Ruh

“Yokai in the Database”, de Deborah Shamoon

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Secrecía popular y estudios oculturales, de Jack Bratich

25 Ene

        

En su artículo de 2007, “Popular Secrecy and Occultural Studies”, Jack Bratich  plantea preguntas al respecto de las capacidades estratégica de los estudios culturales en el contexto de la guerra contra el terrorismo. Específicamente, Bratich se cuestiona la utilidad que la secrecía y el ocultamiento pueden representar para los estudios culturales en una sociedad donde la mera revelación de los secretos del poder ha perdido fuerza política. Dos ejemplos arrancan la exploración de Bratich: primero, la revelación en 2005 de Mark Felt como la verdadera identidad del famoso informante anónimo Deep Throat, que a pesar de resolver un misterio de décadas fue recibida con escepticismo y no logró detener las múltiples especulaciones conspirativas alrededor del tema; segundo, los múltiples exposés de la corrupción durante el gobierno de George W. Bush, que resultaron inútiles para evitar su reelección en 2004. Estos ejemplos le llevan a proponer que la revelación no termina la secrecía, sino que la intensifica y redistribuye, de modo que lo público no es el opuesto de lo secreto, sino parte de sus mecanismos de gestión.

La importancia de repensar la relación entre lo público y lo secreto dentro de los estudios culturales radica, para Bratich, en la inmanentización de la guerra lograda durante la guerra contra el terrorismo, durante la cual las políticas militares estadounidenses alcanzaron una “dominación de espectro completo”, integrando las estrategias sociales, culturales, ideológicas y políticas. Este proceso de dominación total del día a día norteamericano logró, en palabras de Bratich, “lo que los estudios culturales han intentado hacer por décadas: llevar la política a la vida cotidiana” (Bratich 43), y es muestra representativa de que estamos viviendo un cambio en los regímenes de la verdad. Buena parte de la brutal efectividad de este proceso se debe al manejo estratégico de la revelación como forma de gestionar los secretos de Estado, que permite mantener la simulación de una sociedad abierta y transparente al tiempo que se desarma políticamente a las actividades de investigación.

Para analizar las posiblidades del devenir-estratégico de los estudios culturales en tal panorama, Bratich no realiza un estudio teórico a profundidad sobre la naturaleza de la secrecía y lo público; en su lugar lleva a cabo un acercamiento polemológico a las ideas de diferentes autores al respecto de lo que él denomina secrecía espectacular, así como a una variedad de ejemplos de experimentaciones colectivas sobre el poder político de la secrecía como herramienta estratégica. Entre los autores explorados por Bratich destacan: Walter Benjamin, con su planteamiento del análisis como “una verdad que no se trata de una exposición del secreto para destruirlo, sino de una revelación que le haga justicia” (Bratich 46); Guy Debord con su concepto de la “secrecía generalizada”, que señala la importancia de alejarse del imaginario del secreto como una caja cerrada por abrir; Deleuze y Guattari con su noción triple del secreto como contenido, acción y percepción, así como su concepto de devenir-imperceptible; y Michel Taussig con su lectura de los rituales mágicos-chamanísticos como formas de secrecía pública que dependen de una gestión de la revelación. Ejemplos importantes de experimentos sobre la secrecía dentro del activismo recogidos por Bratich y reinterpretados a los de los mencionados autores son 1) la defensa del “derecho a ser desconocido” llevada a cabo por múltiples colectivos cripto-anarquistas mediante su reivindicación de la criptografía como herramienta política, y 2) las prácticas de enmascaramiento de los Bloques Negros anarquistas, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y del colectivo artístico Guerilla Girls, como formas diversas de escapar a la detección y de arrebatar al Estado su monopolio sobre los mecanismos de ocultamiento.

A través de su exploración teórica e histórica, Bratich lleva a cabo una revaloración la utilidad de la secrecía y el enmascaramiento en la lucha contra el poder que resulta muy necesaria en un panorama político que les condena como estrategias intrínsecamente antidemocráticas, como puede verse en las reacciones de la opinión pública en contra de la presencia de personas enmascaradas en manifestaciones masivas. El llamado constante a protestar “dando la cara” al poder resulta preocupante en un país cuyo gobierno no tiene reparos en matar y desaparecer desde estudiantes de bajo perfil hasta periodistas reconocidos. Como respuesta a este estado de cosas, Bratich propone construir una secrecía popular, o minoritaria, que permita hacer frente al poder minimizando la exposición personal, arrebatando así al Estado su monopolio sobre las máscaras. Las conclusiones de Bratich, aunque diversas y poco específicas, abren un amplio panorama de posibilidades para repensar el apego a la verdad y a los ideales de transparencia dentro de los estudios críticos culturales.

(Resumen por Lucía Morales Tovar)

Artículo completo en PDF aquí

La audiencia de los programas de telerealidad

31 Mar

reality

Bev Skeggs, Nancy Thumim y Helen Wood Resumen: “‘Oh Goodness, I am Watching Reality TV’: How Methods Make Class in Audience”

Mariana Becerra Núñez

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

En “‘Oh Goodness, I Am Watching Reality TV’ How Methods Make Class in Audience”, Bev Skeggs, Nancy Thumim y Helen Wood ponen en práctica un nuevo método para investigar el papel que juegan los medios de comunicación en la configuración de la clase. En contraste con la decaída en la importancia de las categorías de clases sociales y raza en la teoría social de finales del siglo veinte (fenómeno impulsado por el pensamiento posestructuralista de la formación de la identidad), para las tres investigadoras la concepción tradicional de clase es significativa y es reconfigurada en nuevas maneras. Partiendo de la hipótesis de que la conformación de la identidad contemporánea, en lo que se refiere a la transición entre una identidad grupal a formas de autodefinición reflexiva (individualidad, selfhood), se suple de formas simbólicas mediadas (como los programas de televisión) esta investigación estudia cómo funciona este proceso analizando la relación entre un grupo determinado de sujetos de investigación y una selección de programas de “Reality TV”.

El método utilizado sitúa a las participantes en diferentes situaciones experimentales con el fin de proporcionarles una variedad de formas de articulación. De esta manera, la información que se recolecta es creada durante la prueba, a diferencia de investigaciones que pretenden encontrar su información anticipando un resultado determinado. Debido a que este método genera información íntimamente relacionada con la forma en que se recolectó, la información debe estudiarse en relación a la prueba de donde proviene. Por ende, el trabajo es también una crítica a los métodos de investigación empíricos anteriores así como un punto de partida para análisis futuros.

Mediante una muestra conocida como “snowballing”, en donde los sujetos son reclutados a partir de la recomendación de voluntarios clave para así acceder a una red social existente, el grupo que estudian se conformó de cuarenta mujeres cuya mezcla de clase y raza podría reflejar la conformación social del sur de Londres (el enfoque del estudio no busca comparar diferentes géneros en los sujetos). La investigación relaciona a sus participantes con diez series consideradas representativas de la vastedad de programas televisivos de auto-transformación.

El proceso de investigación se compone de tres métodos diferentes diseñados para resaltar la recepción de cada participante en relación directa e indirecta con el objeto. Los tres resaltan el acceso a recursos y formas concomitantes de capital de clase, raza y género de cada integrante. Mediante entrevistas se analiza la autorreflexión de los sujetos hacia su recepción a los programas de “reality television”. El estudio denominado “text-in-action,” desarrollado por la propia Helen Wood, consiste en grabar las respuestas de los sujetos de investigación mientras observan el programa de televisión. La prueba permite analizar cómo la respuesta afectiva de las participantes se convierte en un juicio, lo cual revela el valor que se le adjudica a figuras y momentos determinados en el programa. Por último, con el fin de estudiar las relaciones de grupo a la “telerrealidad”, en los “grupos de enfoque” surgen discusiones y reacciones entre las participantes mientras ellas observan los programas en conjunto.

La investigación fomenta el estudio de categorizaciones de raza, clase, nacionalidad y género a través de las técnicas que permiten su producción, en este caso específico, la mediación moral y económica de los “reality shows”.

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11-S de 2001 en la historia oral, Mary Marshall Clark

11 Oct

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Mary Marshall Clark. “Entre la interpretación de los media y las mentiras del gobierno: Quinientas historias de vida del 11-S”. Historia, antropología y fuentes orales. Núm. 33, 2005. 157-168.

Antonio Nájera Irigoyen

Letras Francesas

Facultad de Filosoía y Letras, UNAM

Los Estudios Culturales han señalado recurrentemente la importancia de los medios en la construcción de subjetividades y de narrativas colectivas. Digamos de una buena vez que es éste el origen del presente artículo: su meta, trazar los andamios sobre los que se erigió la memoria del 11 de septiembre. De acuerdo con Mary Marshall Clark, al día de hoy, todavía no está realmente claro lo que sucedió aquel fatídico día para los Estados Unidos. Se conoce, por supuesto, el número de muertos y sus nombres, de heridos y de desaparecidos; y aún con estas cifras, sostiene Clark, ha sido imposible asentar la experiencia de aquella catástrofe.

            Es claro: cuando habla Clark de la experiencia del 11 de septiembre, se refiere a ella en tanto experiencia personal, ajena a cualquier tipo de proselitismo militar o político. Alude, pues, a lo que comportó la transformación de la geografía de Nueva York para todo aquel cuya vida ocurriese en los rededores del World Trade Center: para quienes “era el barrio, el lugar de trabajo, el café, la librería, el kiosco, su hogar, una ciudad dentro de una ciudad”.

            La experiencia de la que habla Clark está totalmente alejada de aquella que han construido los medios de comunicación, pues ésta responde a una agenda política cuyo objetivo único es despertar el nacionalismo de sus ciudadanos en aras de la legitimación de un nuevo ataque: la narrativa de la víctima/vengadora que ha sostenido Estados Unidos desde hace varias décadas, y que carece de cualquier significado tanto para el ciudadano promedio estadounidense como para aquellos que vivieron de cerca la tragedia.

            Se verá, además, que ante el insistente esfuerzo de los medios por homologar los ataques del 11 de septiembre y los de la Bahía de Pearl Harbor, ocurridos apenas antes de que Estados Unidos decidiese unirse a la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses se resisten a creer en este amago de analogía. Antes al contrario: si en algo hay unanimidad, es en el hecho de que se interprete aquella jornada “como una experiencia surreal, como la de aquel que está viviendo una película en la que la fantasía o la sensación de estar viviendo fuera del tiempo y de la historia, tiene más fuerza que el propio recuerdo”.

            He aquí, entonces, la razón por la que nace el Proyecto de Historia Oral Narrativa y Memoria del 11 de septiembre en la Universidad de Columbia: como un intento por constatar la significación de un ataque terrorista en la más cosmopolita de las ciudades. Y es que éste no es, sin duda, un hecho menor. Porque si examinamos de cerca el fenómeno, nos daremos cuenta que minorías, como la latina y particularmente la musulmana, no sólo habrían de padecer el ataque, sino también el rechazo posterior al mismo: rechazo que trajo consigo sentimientos de culpabilidad y vergüenza motivados por un ataque que ninguno de estos grupos había perpetrado. Mantiene Clark aludiendo al trabajo de Robert McChesney: “desde el momento en que el presidente Bush a las 8:30 del 11 de septiembre que no había distinción entre los terroristas y los países que los acogían, las posibilidades de un discurso público acerca de la respuesta adecuada a los acontecimientos disminuyó de forma notoria”.

            El proyecto prioriza las entrevistas; y ya se ve, que con excelente ánimo democrático, se entrevistó a un amplísimo abanico de personas.  Se intentó dar voz a personas de unos 35 países, entre los que se encontraban latinos y musulmanes, sacerdotes, hombres de negocios, artistas, estudiantes, psicólogos, filántropos, víctimas directas y familiares afectados por la pérdida de algún ser querido, bomberos y policías. Y sólo para dar una pequeña muestra de cuánto se apartan las entrevistas de la narrativa oficial, escuchemos aquello que respondió un bombero: “Los periodistas nos pintan como héroes, pero no los somos realmente. No somos tan perfectos; a veces, nos distinguen de los demás como si fuéramos mejores: sólo cumplimos con nuestro deber, nada más”.

            “Entre la interpretación de los media y las mentiras del gobierno: Quinientas historias de vida del 11-S”  es un esfuerzo ya no digamos para desmitificar la memoria del 11 de septiembre 2001, sino para construir un atisbo de ella: una que no sea producto ni de los medios de comunicación ni del sarampión político.

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Blogueando fútbol, Jon J. Dart

3 Jun

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Jon J. Dart.  “Blogging the 2006 FIFA World Cup Finals”. Sociology of Sport Journal, 2009, 26, 107-126.

Leonardo Hernández Waldman

Letras Inglesas

Facultad de Filosofía y Letras

UNAM

 A partir del “boom” de la Web 2.0, por lo que se entiende la interacción de usuarios en redes sociales como Facebook y Twitter, así como la generación de contenido por parte del mismo a través de blogs, videoblogs y podcasts, la retórica de comunicación se ha transformado y los medios convencionales se han tenido que adaptar a una nueva dinámica. Jon J. Dart explora en este artículo, a través del enfoque del fútbol y su análisis del contenido que se publicó en la “blogósfera” en el mundial de 2006, el cambio en esta retórica y la adaptación de los principales medios de comunicación a ella.

El artículo es increíblemente útil para entender los términos que se utilizan hoy en día dentro de las nuevas tecnologías, desde “Web 2.0”, “blog”, “blogósfera”, “UGC (user generated content o contenido generado por el usuario)”, “embedded”, entre otros. El blog, explica el autor, aparece como una alternativa a las voces ‘autorizadas’ de la media convencional, y representa un reto para lo que muchos consideran una media elitista, por lo que el blog es, en palabras de Dart “inherentemente democrático”.

Una vez aclarados y explicados estos tecnicismos, Dart comienza la exploración sobre la interacción de los usuarios con el contenido que es sólo de lectura y el que permite comentarios y cómo empresas como McDonald’s, Nike, Coca-Cola o la BBC han adaptado y explotado (o fracasado en hacerlo) la democracia del blog. Muchas de estas corporaciones, explica Dart, incluso contrataron profesionales para hacerse pasar por “bloggers” en un intento de adoptar, adaptar e implementar la noción del blog en su medio, y de este modo generar una dinámica interactiva con sus lectores durante los principales eventos deportivos (algo que ha continuado y se ha incrementado desde entonces).

Para el estudio del tema, Dart utiliza diversos ejemplos sobre el manejo de la Web 2.0 y el blogging durante el mundial de fútbol de Alemania en 2006, desde los blogs independientes, la buena administración de la BBC en su página web en relación a la cultura “blogger” y el aprovechamiento de Coca-Cola y McDonald’s de esta plataforma. Cada uno de los ejemplos explora diferentes usos del mismo medio y los efectos de estos a través de citas, estadísticas y finalmente el Feedback que recibieron cada uno de ellos en su departamento de Relaciones Públicas o Marketing, lo cual demuestra lo influyente que, desde entonces, se ha transformado el internet.

El interés del artículo no es solamente el de la manera en que se escribe y percibe el fútbol con las nuevas tecnologías, sino el uso que a estas se les da por parte de los usuarios del internet y las corporaciones, además de lo que significan y cómo se utiliza en una red tan extensa como la de los aficionados del fútbol durante el evento más importante del deporte. El análisis del impacto y efectos del blogging, dice Dart, reconstruye la distinción entre comunicación privada y publicaciones masivas, en las que cualquier persona puede comunicarle algo a una audiencia global.

Fútbol de Café

Descargar Power Play: Sport, Media and Popular Culture, Raymond Boyle y Richard Hayes, eds. Libro